La realidad fraccionada en Víctor Vega, por Antonio Abad

 

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La realidad fraccionada de Víctor Vega consiste (entes de introducirnos en un breve análisis del simbolismo que comporta su obra)* en un acentuado abstraccionismo en donde los elementos formales, cromáticos y estructurales implican un intento de significar, primordialmente, los valores plásticos de una verdadera gramática pictórica.

Y esto es así porque su pintura, más que fundamentarse en la representación mimética de la realidad, opera con otros ingredientes de carácter técnico-materiales, –acudiendo, además de ordenar los colores y las formas– a distintos recursos plásticos como podrían ser la disonancia, el contraste, el ritmo, el dinamismo, la combinación… como si la actividad artística fuera solamente un acto de visibilidad.

Para ello, Víctor Vega viene deslizando en sus cuadros toda una serie de fragmentos cromáticos hasta producir una determinada fisonomía gráfica que tiene en lo gestual su marchamo más concreto, valiéndose –además– de otros materiales susceptibles de cualquier consideración plástica, telas, periódicos, etc.), pero que provocan en el espectador toda una serie de “asociaciones sugerentes”.

Se trata, pues, de una pintura que apunta, sobre todo, a representar (insistimos) los aspectos formales, cromáticos y estructurales de una obra desde una posición puramente informalista.

Y es que la realidad artística (parece decirnos) no puede remitirse a la realidad objetiva, sino que más bien debe producirla. Pero ¿de qué realidad estamos hablando?, (entramos ahora en el terreno de la simbolización que apuntamos al principio).

Víctor Vega incide sobre una realidad fraccionada que consiste en significar los fragmentos de la misma como si el ojo se hubiera puesto a mirar lo circundante a través de un específico microscopio.

Esa mirada siempre abrirá el espíritu a emociones capaces de absorber cualquier anhelo, produciendo, como consecuencia, el estallido del caos, el lirismo de las formas, la acentuación del color, y un deliberado discurso alegórico del mundo que nos rodea.

De ahí que señalemos, igualmente, que toda actividad artística sea también una manera de relacionarse con el mundo y de conocerlo.

Kandinsky decía que el arte es el resultado de una “necesidad interior”, por eso dejó de contarle al mundo lo que veían sus ojos para contarle lo que sentían al verlo.

*FIEDLER: El mejor comentario de una pintura es otra pintura.

 

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