La reforma sanitaria de Obama

El 21 de marzo de 2010 se ha convertido en una fecha histórica para Estados Unidos (EE.UU.), que quedará ligada a la mayor transformación del sistema de bienestar en este país en los últimos cincuenta años. Contra viento y marea, después de haber sido desahuciada en varias ocasiones y ajustada en su contenido en otras, la reforma sanitaria de Obama ha logrado la aprobación parlamentaria. El presidente estadounidense ha hecho por fin realidad el sueño de algunos de sus predecesores en el cargo, el de lograr una cobertura universal del sistema de atención sanitaria, comenzado por los frustrados intentos de Roosevelt en los años treinta y cuarenta del pasado siglo.

Los aspectos principales de la reforma (ya conocida como Obamacare) han sido expuestos con profusión en la mayoría de los medios de comunicación. La pretensión de este artículo es reseñar algunas cuestiones básicas de la reforma aprobada, en el contexto del sistema de salud estadounidense, sumamente complejo y plagado de paradojas y contradicciones:

1.      ¿Cuál es la población no protegida?: Alrededor de un 16% de la población (unos 49 millones de personas) carece de seguro de salud público o privado en EE.UU. Contrariamente a lo que podría pensarse, este colectivo es bastante heterogéneo en cuanto a su composición. Así, por ejemplo, personas que viven en familias con ingresos superiores a 50.000 dólares representan casi una tercera parte de la población total no asegurada.

2.      ¿Gasta poco EE.UU. en sanidad?: EE.UU. es, con diferencia, el país desarrollado con mayor nivel de gasto en salud, que alcanza el 16% del PIB, frente a una media del 8,9% en los países de la OCDE. El gasto por habitante (ajustado por las diferencias de precios en los distintos países) es equivalente a 2,5 veces la media de los países desarrollados y a 2,7 veces el de España. Incluso el gasto público supera el de todos los países mencionados, con las únicas excepciones de Noruega y Luxemburgo.

3.      ¿Se traduce el mayor gasto en una mejor situación de la salud?: A pesar de su mayor gasto, la esperanza de vida en EE.UU., que depende de una diversidad de factores, está en torno a la media de los países desarrollados. La atención sanitaria norteamericana sobresale en algunos campos (vgr., tratamiento del cáncer) y flaquea en otros (vgr., atenciones primarias para enfermedades crónicas).

4.      ¿A qué obedecen los mayores gastos en sanidad?: Son varias las causas: a) existencia de unos precios de los servicios sanitarios muy elevados; b) los pacientes asegurados son indiferentes a los precios cargados por los servicios; c) tendencia a una “medicina defensiva” ante el riesgo de litigiosidad; d) utilización extensiva de las nuevas tecnologías; e) uso frecuente de intervenciones extrahospitalarias a elección del paciente; f) escasa competencia entre las compañías de salud.

5.      ¿Cuál es la estructura básica del sistema de salud estadounidense?: La mayor parte del seguro privado es proporcionada por los empresarios a los empleados a través de seguros de salud, cuyas primas están exentas de tributación en el IRPF. Por otro lado, el sector público actúa a través de Medicare, que cubre prácticamente a toda la población de 65 años o más, con el único requisito de que la persona o su cónyuge haya pagado impuestos sobre nóminas durante al menos diez años, y de Medicaid, que acoge a las personas con bajos ingresos.

6.      ¿Cuáles han sido las medidas básicas aprobadas?: La reforma establece que los residentes en EE.UU. deberán tener obligatoriamente un seguro de salud, a partir de 2014. Los no asegurados que formen parte de familias con ingresos no superiores a 88.000 dólares anuales recibirán subsidios decrecientes con la renta. De esta manera, los empleados no cubiertos por pólizas de empresa tendrán una mayor facilidad de acceso. Por otra parte, se prevé reducir las tasas de pago para la mayoría de los servicios.

7.      ¿Quedarán personas sin cobertura?: Unos 32 millones de personas pasarán a tener cobertura. Ésta no alcanzará a los inmigrantes no regularizados, que se estiman en unos 17 millones de personas.

8.      ¿Cómo se ven afectadas las compañías de seguro?: Las aseguradoras ya no podrán excluir a personas con condiciones preexistentes (ya en situación de enfermedad o con antecedentes médicos) ni poner límites de tiempo sobre la cobertura. A cambio, el sector se beneficiará de una gran expansión del seguro privado.

9.      ¿Y las empresas?: Las empresas con más de 50 trabajadores quedarán legalmente obligadas a proporcionar seguros de salud a sus empleados.

10.  ¿Cuál es el coste económico de la reforma?: Se estima que la reforma tendrá un coste de 940.000 millones de dólares a lo largo de la próxima década (400.000 millones en subsidios y unos 500.000 millones en reforzar Medicaid). No obstante, otras estimaciones señalan que se producirá una reducción del déficit público de 143.000 millones de dólares en el mismo período, a partir de los mecanismos de mejora de gestión previstos.

 “Yes, we can” fue el lema de la campaña presidencial de Obama, convertido hoy en un auténtico icono universal al que aferrarse como fórmula de esperanza ante metas casi imposibles de alcanzar. A pesar del extendido escepticismo –como el humorísticamente expresado recientemente por Bill Clinton- acerca de la capacidad de hacer efectivo su proyecto, hoy no hay más remedio que proclamar: “yes, he did it”. Sí, Obama lo logró y, más allá de la reforma impulsada, lo ha hecho dando un ejemplo de determinación, firmeza y compromiso a los gobernantes de todo el mundo: con una mayoría de los votantes en contra y una implacable oposición, ha sabido sacar adelante una iniciativa lógica y necesaria, allanando el camino para eliminar un anacronismo inaceptable en el país más rico y poderoso del mundo.

José M. Domínguez Martínez

(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, con  fecha 7 de abril de 2010).

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