La tortilla de patatas, de Mª Ángeles García Contreras

Continuando con la sección dedicada a relatos de la asociación Entrelíneas Malacitana hoy les ofrecemos La tortilla de patatas, de Mª Ángeles García Contreras:

Papá ha decidido hacer una tortilla de patatas para la cena y sorprender a mamá. He sentido pena por él y por la vitrocerámica; es nueva y no está preparada para semejante ataque.
Hace tiempo que mi madre decidió relevarle de las tareas culinarias a cambio de ocuparse de la plancha, actividad en la que sí destaca. Es matemático y le supera todo aquello que requiere un poco de imaginación, pero si le das unos conceptos claros y escuetos es un fenómeno.
He intentado convencerlo para comprar una tortilla en Mercadona, calentarla un poco en el microondas y, junto a una ensalada, hacer el apaño, pero el señor se ha obstinado en la elaboración casera.
̶ María, he leído la receta en Internet; lo tengo controlado, no te preocupes.
Dios nos asista ante tanta confianza.
Agarró seis patatas. Las pesó una por una para que fueran iguales ─la receta indica que deben ser del mismo tamaño─. Intenté sugerirle que eso quiere decir aproximadamente, y que 10 ó 15 gramos más o menos daría igual. Fue inútil. Salió a la tienda para comprar otras; las que teníamos en casa no daban el perfil adecuado. Pensé que era fácil pelarlas, pero hoy he descubierto que no; hay que dejarlas como el culito de un bebé. El pobre ha tardado media hora en eliminarles la piel.
Al trocearlas le ha faltado poco para coger una regla milimétrica. Primero las ha partido en rodajas de 1,5 centímetros de grosor, luego en cuadrados de 1,5 por 1,5. En este proceso ha invertido tres cuartos de hora.
“Una vez cortadas las patatas, se les añade un pellizco de sal”, indicaba la receta. Y aquí nos atascamos.
─María, un pellizco tuyo no es igual que uno mío; tengo los dedos más grandes.
Le sugerí buscar otra fórmula. Fue peor. Ésta última aconsejaba un puñado, así que papá comenzó a decir burradas. Consultó una más que sólo decía: “Salamos las patatas”. Mi padre, después de hacer una disertación sobre la necesidad de que las recetas de cocina deberían explicar mejor las cantidades, optó por hacer una media aritmética entre lo que pesaba el contenido de un pellizco y un puñado.
Mientras se freían en una sartén antiadherente, con gran cantidad de aceite de oliva de 0,4 grados de acidez, mi padre leyó: “Batir seis huevos frescos”; me eché a temblar. ¿Qué entendería él por “frescos”? Me acordé de los patos del parque; en último extremo, ¿recurriría a ellos? Miró las fechas de caducidad y agradecí que mi madre hubiese hecho la compra por la mañana. Él no puso ninguna objeción.
Cuando las patatas estuvieron doradas, término que hizo reír a mi progenitor, llegó el momento decisivo. Por una parte la sartén al fuego, con dos cucharadas soperas de aceite; por otro lado, un cuenco lleno de patatas revueltas con huevo en la mano de mi padre, esperando impacientemente que pasaran dos minutos para echarlas. La tensión se masticaba. Unas gotas de sudor caían por su frente y otras, de huevo, por la encimera. Los nervios empezaban a traicionarlo.
─María, hay que darle la vuelta “con seguridad”, dice la “jodida” receta. ¿Eso como se hace?
Yo nunca había hecho una tortilla, ¿qué podía decirle?
─Papá, siempre nos quedará Mercadona ─contesté.
Mi padre sonrió y cogió la tapadera para darle la vuelta. Cerré los ojos, crucé los dedos y recé a San Bourbaki, patrón de los matemáticos.
Al abrirlos, y ver que mi padre continuaba sonriendo, supe que esa noche cenaríamos tortilla de patatas.

Mª Ángeles García Contreras.

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6 respuestas a "La tortilla de patatas, de Mª Ángeles García Contreras"

  • José María Giménez says:
  • m luisa says:
  • Luz González says:
  • Asuncion Cabello López says:
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