Las Primeras Comuniones que vienen

El consumismo no ha podido cambiar que el mes de mayo sea el mes de las flores, el mes de María y de las comuniones, que empieza con el Día Internacional de los Trabajadores, pero le ha añadido un calificativo más el mes del derroche, no sólo el mes de las primeras comuniones sino el de la primera lección consumista.

Por si no ha sido víctima de uno de esos saraos se lo voy a contar sucintamente. La Primera Comunión empieza dos años antes con la catequesis pero, eso no es consumo, sino que a primeros de año, o antes, ya tienes que irte a la modista o sastre para preparar el vestido o traje, eso sí de novios más que de comulgantes, para que se luzcan los niños y empiecen a parecer lo que no son, novios en vez de comulgantes. El traje y sus accesorios. Has de cerrar la lista de invitados para poder reservar plaza en un lugar adecuado, según las posibilidades de cada cual. Luego el reportaje y los recordatorios, niña o niño han de ir a posar para un pre-reportaje de donde saldrá la foto del recordatorio que todo invitado se llevará al retratarse, billete sobre billete, con el regalo.

Aún no estamos en la iglesia pues si es niña hay que peinarla y a ambos vestirlos con la pomposidad que merece no el sacramento sino el consumismo, la ostentación, el aparentar  y el sarao. Ya los llevan a la iglesia donde vuelve el posar para el reportaje fotográfico y de video.

Como las comuniones son por la mañana lo suyo es un almuerzo, por todo lo alto, y en los postres el primer comulgante o la primera comulgante con uno de sus progenitores, en general la madre, ya en los postres pasan mesa por mesa cambiando presentes y sobres por la foto de novia o de novio del agasajado, perdón del niño que por la mañana hizo la primera comunión. También entregan otro recuerdo con leyenda impresa, que suele ser un objeto de esos que no vale para nada y que todo el mundo tira cuando llega a su casa, menos los padres y abuelos.

Así como les he contado es una primera comunión de hoy, hay otras menos ostentosas, incluso religiosas, también hay niñas y niños que no hacen la comunión y sus padres les organizan una fiesta familiar, para que no sean menos que sus compañeros de cole, por aquello de los regalos. Pero como ustedes saben aquí no quedan las banalidades, hay familias que regalan a sus hijos un viajito a Disneylandia de Paris, claro van los papis con ellos, ahora con la crisis hay poco menos de empeñarse, los bancos no prestan.

Total que la primera comunión se ha convertido en la primera lección de consumismo, la primera lección del aparentar, del decir aquí lo que vale es lo que parece y no lo que se es y por ello me empeño. ¿No le parece a usted que es una pasada?, a mí no sólo me parece una pasada sino un mal ejemplo para nuestros niños.

Manuel Sánchez Vicioso.

Escritor.

Vocal de Cultura Alimentaria.

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