Las trompetas, las campanas, por Juan Gaitán

La Opinión de Málaga, 10.11.2016

Como ya se vio en otro tiempo, la mayoría prefiere cambiar libertad por seguridad.

El mundo se está convirtiendo en un extraño lugar donde ocurren cosas absurdas», dice mi amiga Beatriz Russo, una poeta que pone luz en todo lo que toca, y lo hace siempre con elegante dulzura.

Seguramente Beatriz tiene razón, pero a mí me da la impresión de que así ha sido siempre, de que el mundo «fue y será una porquería», por citar otra vez más a Enrique Santos Discépolo, solo que a veces se nos va un poco la mano y metemos la pata.

La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales norteamericanas ha desatado una miríada de opiniones, las más de las veces en contra de ese tipo soez, con pinta de matón de patio de recreo, ufano y pendenciero. Ha sido como si sonaran las trompetas del Apocalipsis (podría haber puesto las «trump-etas», pero me pareció facilón), y como si ya viésemos a Trump galopar sobre el rojo caballo de la guerra. Es fácil la comparación con las circunstancias que llevaron a Hitler al poder, también desde las urnas cebadas por una clase media asustada, preocupada por su futuro y por su estilo de vida. Podríamos estar de nuevo ante la misma encrucijada, solo que esta vez parece fruto de la planificación y no del albur de los tiempos. Una sociedad cada vez más embrutecida a base de planes de estudio que nos dirigen a ser buenos para producir e inútiles para el pensamiento crítico sin duda acabará eligiendo al patrón como jefe, porque serán incapaces de reconocer a ningún otro. Y la situación se complica cuando esa masa votante ha de elegir sumida en una situación de incertidumbre, de terrorismo, de recesión económica. Como ya se vio en otro tiempo, la mayoría prefiere cambiar libertad por seguridad, o al menos por una falsa ilusión de seguridad. Cuando el rebaño se siente amenazado, acaba siempre agrupándose en torno al perro.

 Tengo la amarga certeza de que estamos al final del modelo occidental, en el fin de nuestro mundo. El capitalismo se prepara para un estertor violento, es evidente, y nosotros estamos contribuyendo a ello con el «democrático» poder para decidir entre lo malo y lo peor, que es en realidad el margen que se nos ofrece. Tratamos de salvar lo que posiblemente ya es insalvable, un modelo económico y social basado en la explotación del hombre y de los recursos del planeta, alejándonos cada vez más del Humanismo y la racionalidad.

Es evidente que han sonado las trompetas, que no van a dejar de sonar. Como recomendaba John Donne, no preguntes por quién doblan las campanas. Están doblando por ti.

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