Libricidio

Por MANUEL SÁNCHEZ VICIOSO

He retomado mi vieja costumbre de montar en bicicleta casi todos los días después de que el nuevo especialista de la próstata me dijera que me haría más bien que mal el bicicletear. Así que estoy contento de que el sudor se lleve los malos rollos que me producen algunos comportamiento políticos y humanos como el que contaré.

Vi tirados en el suelo un montón de libros, que podía pertenecer a una biblioteca doméstica, en el llano propiedad de la multinacional Repsol, situado entre Sacaba Beach y la desembocadura del Guadalhorce en Málaga. Antes fue espacio para marginados sociales en chabolas, la policía local los desalojó, según el político municipal “por su bien”. El solar está sin vallar, pues el ayuntamiento no exige al dueño rico que lo cierre, o lo valle y se lo cobre a Repsol como hace con otros propietarios de solares.

El caso es que las decenas de libros, en buen uso, todos tirados, ninguno estaba erguido, mancillados a consecuencia de la decisión libricida de, supongo, su desdeñado dueño. Soplaba poniente y amenazaba terral. Sentí dolor. Algunos libros abiertos movían las hojas como alas, como queriendo volar hacia una biblioteca para salvarse del oprobio cometido, del deterioro y la muerte.

Es cierto que hoy desprenderse de libros es difícil, pocos los quieren, no sólo por la irrupción del libro on-line, sino también porque hay pocos lectores y por falta de espacio para libros. Cuando tuve que desprenderme de pocas decenas de ellos, por cambio de vivienda grande a chica, anduve errante entre bibliotecas colegiales y municipales y no logré colocar ni uno, pero no los tiré. Mi compañera tiene un amigo, que también es amigo mío que vino por los libros y se los llevó.

Juan, El Buen Librero, más que amigo de los libros es su amante, además de un lector empedernido. Juan vino a nuestra casa con su coche y se los llevó. Juan y Antoñita tienen una casa que es la Casa de los Libros, sola y exclusiva para ellos. Su Casa de los Libros no es El Cementerio de los Libros Olvidados que popularizara Carlos Ruiz Zafón en su primera novela de la tetralogía La sombra del viento que les siguió El juego del Ángel, El prisionero del cielo y El laberinto de los espíritus. Los libros en La Casa de los Libros no están olvidados, se usan.

Juan me dijo los libros los tiene en depósito, que los libros son míos y que puedo venir a verlos, a olerlos, a tocarlos y a leerlos cuando quiera.

El autor del libricidio y desahucio que me ocupa tenía otras alternativas para desprenderse de los contenedores de sabiduría antes de tirarlos que eran donarlos a la Asociación de Vecinos Torrijos de mi barrio de Huelin, que todos los años regala todos los que recoge de donaciones el día 23 de abril que es el Día del Libro en la puerta del mercado municipal de la zona. Otra opción es donarlo a la biblioteca de El Borge, en la Axarquía de Málaga, que la bibliotecaria bien sabe qué hacer con los libros que ya no pueden vivir donde vivían. También existe alguna asociación que vende los libros donados a un euro, lo recaudado lo invierte en comida para comedores sociales. Y por último podía haberlos vendido al peso en una chamarilería para ser reciclados y convertirse nuevamente en cultura o en bolsas de papel que deben sustituir a las bolsas de plástico.

 

 

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