Los indefensos, por Juan Gaitán

Alguna vez me he sentido así, como el Real Madrid sin Sergio Ramos, como Tombstone sin Wyatt Earp, como Málaga sin Hamet El Zegrí. Alguna vez he notado cómo se me erizaba el vello de la espalda y he sentido el miedo de estar solo y desarmado, desamparado ante el peligro. Alguna vez, en algún callejón extraviado donde me encontraron tres sirleros, o ante los perros del Tío Jorge, o bajo un bombardeo en el Golfo Pérsico.

Alguna vez me he sentido así, cargado de deudas y sin dinero, tres meses sin cobrar en el trabajo, comiendo patatas cocidas una vez al día todos los días. Alguna vez me he sentido así, cacheado en plena calle por hacer una foto, abofeteado por no saber dividir, suspendido por contestar.

Alguna vez me he sentido así, desnudo sobre la mesa de operaciones, en ese momento en que la anestesia te arrastra y puede que todo haya acabado, y cuando murió mi padre, y cuando enfermó mi niña. Indefenso, mirándome las manos absurdas, inútiles, incapaces siquiera de juntarse para rezar.

Alguna vez me he sentido así mirando cómo echaban de su casa a una anciana que avaló a su hijo para comprarse un piso, mirando cómo los etarras que asesinaron a gente inocente salen a la calle para disfrutar de la vida, mirando cómo un empresario sin escrúpulos se lleva una empresa al tercer mundo y deja aquí a cientos de trabajadores en la calle, condenados a la miseria. Alguna vez me he sentido así viendo cómo se le niega la sanidad a gente enferma, tratamientos específicos a algunos enfermos, ayudas a los dependientes, viendo cómo los jóvenes tienen que emigrar para poder construirse una vida que en su país es imposible.

HorrachEl fiscal anticorrupción de Baleares Pedro Horrach.

Alguna vez, más o menos como todos, me he sentido así. Y el fiscal Pedro Horrach asegura que así se siente la hija de un rey que es hermana de un rey. Que así se siente ante la justicia en un Estado de Derecho, que así se siente por el criterio de un juez y tres magistrados de la Audiencia de Palma de Mallorca que quieren sentarla en el banquillo por considerarla “de forma innegable e inobjetable” copartícipe con su esposo Iñaki Urdangarín de una sociedad “ficticia” que contribuyó a defraudar a Hacienda y se benefició de ello.

Y alguna vez me he sentido así mirando cómo el Séptimo de Caballería cargaba sin piedad contra unos cuantos indios mientras el patio de butacas aplaude.

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