Mañana la Aduana, por Antonio Soler

En cualquier caso no es hora de ajustar pequeñas cuentas. La gran cuenta se salda mañana con la apertura de esas puertas que durante tanto tiempo han permanecido cerradas. Quizás demasiado tiempo, porque como un agudo arquitecto nos señalaba estos días, han pasado diecinueve años desde aquellos días de las movilizaciones ciudadanas. No quería nuestro arquitecto hacer de abogado del diablo, pero está bien poner las cosas en su sitio, que no vuele la cabeza en efervescencias excesivas ni en epopeya de mártires culturales. Sería más o menos como si la toma de la Bastilla se hubiera finalizado cuando las cabezas de Robespierre y Danton estaban mondas y Napoleón ya llevase nueve años en el poder. Por suerte, aquí no ha habido más guillotina que la económica y la burocrática. Los cuadros tienen buen barniz y mañana, después de un guiño de casi dos décadas, se le devuelve a la ciudad lo que es suyo.

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