Manuel Vicent en vaso largo

Por PILAR TAULÉS

“La muerte bebe en vaso largo” publicada por Manuel Vicent en 1992, representa cabalmente lo que pretendemos resaltar en el ciclo “Lengua de lujo” de la tertulia-taller “La palabra creadora”, es decir, la maestría extraordinaria en la utilización del lenguaje como recurso literario.

El mar, el paisaje levantino, los aromas y cualquier otro placer hedonista despierta los sentidos de Manuel Vicent, ya sea “el arroz, los chipirones o una ensalada de pimiento y berenjena con albahaca” o  “el fogonazo de una sandía contra la pared de cal”.

El tema es lo de menos. Aquí se trata de una fábula sobre la necesidad de ser feliz, la trasgresión de géneros, la igualdad entre vivos y muertos. Virgilio, Dante y Valle Inclán proporcionan materia para un viaje a los infiernos en busca de la felicidad, un “arriba y abajo” por las calles de Madrid donde una dama quiere hacer un homenaje a su amigo fallecido y los compañeros de timba quieren quitarle una esmeralda y localizar un tesoro por las alcantarillas.

El lenguaje, coloquial, siempre expresivo y contundente, como corresponde a los personajes, “gente acostumbrada a afeitarse la nuez con un serrucho” (ras, ras), con rasgos de animalidad que van con el “belfo caído” y  “resoplan por la nariz como un toro”.  La dama, es otra cosa: “lucía sus artes de cabaretera sin ahorrar ninguna de sus curvas bajo las telas de seda cuando andaba”.

Pero nuestro autor es culto y sabe de lenguaje poético que utiliza con profusión. He aquí un derroche de creatividad para describir el avance del día sobre la noche:

– En el filo de la madrugada los dos gatos saltaron y sonó el teléfono.

– El alba ya tenía una luz de rata en los aleros del bulevar cuando Georgina se echó a la calle.

– En esta madrugada de ceniza estaba cruzando el túnel cuando se encontró a los mendigos.

– Clareaba el día y en el garito acababan de descubrir el secreto del brazo ortopédico.

– A la luz sucia de los aleros, el alba le había añadido una cucharada de almíbar.

– Ya con la madrugada pintada con una primera mano de plasma, iban por el asfalto.

– Aunque la luz del alba era violeta, en la calle aún no se veía a nadie.

– Bajo el cielo bruñido Diego Cabrales pastaba con su camada en Alcalá Meco.

Por fin, el sol reluciente, ya exento, en el cielo.

 

Vicent visto por Fernando Vicente


Cuestión de estilo: Magnífica utilización de campos semánticos de sus temas preferidos: eros y la caza, tan cercanos.

“Eligió la escalinata de Correos, como observatorio para otear a los transeúntes. El cazador distinguió a un joven de aire silvestre contoneando las caderas un poco más de los necesario. Se dispuso a seguir a aquel antílope a una distancia prudente, de forma que no se alertara. Así comenzó la cacería”.

“Entonces el antílope cruzó con él sus ojos … El profesor hizo gestos de esperarlo a la salida y el antílope, por la intensidad de su mirada, pareció que aceptaba”. (Pieza cobrada).

Gráfico, tajante y rotundo para llevar el ruido y la velocidad al caos:

– “Iban en caravana saltándose los semáforos. Después de tragarse el hormigón de varios túneles…”

– “Los cuatro coches que iban devorando el asfalto… siguieron soltando un alarido de caucho en cada curva”.

– “El frenazo arrojó el fiambre contra la guantera y el paquete les cayó en los brazos como una enorme breva madura”.

“Barullo de abogados y subasteros en el Palacio de Justicia, donde reos y jueces formaban remolinos de togas y cartapacios”.

“Se veían pasar carretillas cargadas con pilas de legajo y un armario rebosante de sumarios amenazaba con derrumbarse”.

Como conclusión, economía de lenguaje y barroquismo a la vez, profusión de calificaciones y matices, textos repletos de luces, aromas y sonidos. Manuel Vicent es capaz de pintar con las palabras,  hacer que se oigan los colores y se vean los ambientes.

No sabemos si lo que escribe le sale a borbotones, si no tiene ni que pensar o trabaja mucho para cargar esa metralleta de epítetos sin conmiseración y esa sarta de metáforas donde los sentidos tienen un protagonismo esencial. Con su don especial nos permite disfrutar de una amalgama de sentidos, gracias a su LENGUA DE LUJO.

 

Ciclo: Lengua de lujo

Tertulia: La palabra creadora

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