Medio pan y ningún libro, por Jorge Andújar Escobar

Entre 2008 y 2012 la reducción presupuestaria en las bibliotecas públicas de España fue del 35,9% y tuvieron una disminución del 43,6% en las adquisiciones de las colecciones, según el Observatorio de la Cultura. El presupuesto para comprar nuevos títulos en las 53 bibliotecas que dependen directamente del Estado ha caído en el año 2014 más del 60% sobre el presupuesto del año anterior.

“No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social. ¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida”.

Federico García Lorca.

Estas líneas forman parte de la alocución que pronunció Federico García Lorca con motivo de la inauguración de la biblioteca municipal de su pueblo natal, Fuente Vaqueros (Granada) en septiembre de 1931, y que es universalmente conocida bajo el nombre de “Medio pan y un libro”. Tras cumplirse más de 84 años de aquel discurso, cualquier semejanza con la actualidad, no es pura coincidencia.

Con los recortes citados para las bibliotecas públicas, nuestros gobernantes privan a una mayoría de ciudadanos de gozar de la lectura de los nuevos libros que se editen y que podrían leer de una forma altruista en las mismas. Desde hace unos años, cualquier usuario de las bibliotecas públicas ha podido comprobar que la entrada de nuevas publicaciones en las citadas, está siendo prácticamente nula, y los pocos libros de ediciones recientes que aparecen corresponden a donaciones de particulares y Entidades privadas. Esto ocurre en momentos en los que los ciudadanos más necesitan evadirse un rato de los problemas y de la crispación diaria a que los somete la crisis económica.

La lectura de un libro, puede sumergirnos durante un rato, en tiempos de guerras pasadas o años apacibles, en vidas y conflictos que no son los nuestros, en historias cómicas o en enseñanzas que mejoran nuestro espíritu. Los libros nos hacen creer que todo puede cambiar, que un giro de la rueda de la fortuna es posible en nuestras vidas. Decía la escritora danesa Isak Dinesen, autora de la novela Memorias de África: “Todas los sufrimientos pueden soportarse si se convierten en una historia”. Si nos privan de esta posibilidad, ¿qué consuelo nos queda?

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