Mission Moderne nos impresiona, por Verónica García Prior

El pasado 14 de noviembre de 2014 el Ateneo de Málaga, en el seno del Ciclo “Jóvenes Intérpretes” y sobre el escenario del Auditorio del Museo Picasso de Málaga, ofreció el concierto del brillante dúo Mission Moderne que fue presentado por la profesora, concertista e investigadora musical Paula Coronas.

Mission Moderne hermana la individualidad artística del arpista Miguel Ángel Sánchez Miranda y la flautista Almudena González, siendo el programa el que sigue:

  1. La fille aux cheveux de lin (C. Debussy).
  2. Vocalise (M. Ravel).
  3. Primer movimiento de Epígrafes Antiguos (C. Debussy).
  4. Canciones populares (Manuel de Falla).
  5. Tsuru No Sugomori (Wil Ofeermans).
  6. Pájaro triste (F. Mompou).
  7. Danza andaluza ( E. Granados).
  8. In a Landscape (J. Cage).
  9. Gymnopédie nº1 (E. Satie).
  10. Gnoscienne nº1 (E. Satie).
  11. Nana de Sevilla
  12. El puerto (I. Albéniz).
  13. L´âme évaporée (C. Debussy).
  14. Oblivion ( A. Piazzola).
  15. Claro de luna (C. Debussy).

MIGUEL ÁNGEL SÁNCHEZ MIRANDA (Arpa):

Este malagueño de 31 años terminó sus estudios en el Conservatorio Superior de Málaga con las más altas calificaciones, se perfeccionó en el Conservatorio National de Région de París y ha sido valedor de numerosos premios.

El arpista ha demostrado sus dotes interpretativas junto a las grandes orquestas españolas como la Joven Orquesta Nacional de España, las Orquestas Sinfónica y Filarmónica de Galicia, la Orquesta de Radio Televisión Española, la Orquesta Sinfónica de Extremadura, la Nacional de Cataluña, la Filarmónica de Málaga y Sinfónica de Melilla.

ALMUDENA GONZÁLEZ (Flauta):

Sus estudios los desarrolló con destacados profesores en el Conservatorio Superior de Granada, en el Liceu de Barcelona y en el Trinity College of Music. Posteriormente se trasladó a Colonia. Esta joven y curtida flautista ha ganado varios premios y su periplo interpretativo incluye no solo España sino Italia, Inglaterra, Holanda, Francia y Alemania.

MISSION MODERNE:

El nombre para este dúo Mission Moderne lo eligieron en honor a un pseudo-movimiento cultural surgido en 1909 que agrupaba a artistas, coleccionistas y expertos de museos que aspiraban a la innovación mediante una simbiosis entre el impresionismo y el expresionismo. Su objetivo principal consistía en dar a conocer las actividades artísticas contando siempre con la “mirada” del público. Por esto mismo, la flautista Almudena González explica, haciendo alarde de su didactismo, de la importancia de la interacción que debe establecerse entre el artista y su receptor, el público.

Esa innovación de la que hablamos se hace patente ya de forma visual en este concierto, a través del vestuario que lucen estos dos músicos. La flautista explica que utilizan el color negro en su vestuario al igual que lo hacen los músicos clásicos, pero la innovación radica en sus adornos dorados como punto diferente e innovador. Con ello ya están utilizando una forma de interacción visual que inconscientemente nos traslada a un pensamiento más abierto.

Por otro lado, llama la atención la selección de un programa atractivamente variado que aunque su leit motiv es el de Debussy incluye composiciones de Bernard Andrés, Wil Offermans, Enrique Granados, Lowel Liebermann, Claude Debussy, John Cage, Eric Satie, Maurice Ravel, Manuel de Falla, Astor Piazzola y Valverde, León y Quiroga.

Desde el principio el dúo advirtió que no iba a seguir al pie de la letra el orden del programa para conseguir de esta manera que el público centrara su atención exclusivamente en el sonido de sus obras y no en la lectura del programa. A este modus operandi en su presentación se sumaron las adecuadas explicaciones didácticas al principio y al final de cada obra. El didactismo (señalamiento de las fuentes, estilo, etc.) era de agradecer en un repertorio cuyas obras y compositores no estaban al alcance del grueso del auditorio.

Emulando la componenda didáctica del dúo glosamos abajo las obras interpretadas:

  1. La fille aux cheveux de lin (Claude Debussy):

La música de Debussy juega con aspectos innovadores para su época. Utiliza una ambigüedad tonal conjugada con un nuevo “color armónico”, así como el uso de acordes tradicionales fuera de su contexto. Sabe manejar a la perfección la tradición compositiva anterior junto con el principio de construcción cíclica. Sus composiciones las trabaja como bloques estacionarios, pero relacionados entre sí, con una armonía muy estática. De esta forma, el oyente puede percibir los aspectos superficiales como son la textura, color o los matices dinámicos, dotándolos así de gran importancia. Este aspecto es relevante pues hasta entonces no se le había dado tal importancia. Debussy nos adentra en una nueva forma de concebir y entender la música. Explota los recursos trasportando las técnicas compositivas de músicas tradicionales pertenecientes a una determinada época (como los modos medievales), o bien a un determinado espacio geográfico (la música “gamelán” de la isla de Java, escuchada por primera vez por el músico en la Exposición Universal de París en 1889), para llevarlos al papel pautado de su tiempo.

  1. Vocalise (Maurice Ravel):

El estilo compositivo de Ravel debe mucho a Debussy. En aquel se basa para componer con coloridas extensiones en los acordes y la personal utilización de los tonos no armónicos, así como breves ideas melódicas enriqueciéndolas con repeticiones y puntuales modificaciones. El modelo rítmico de Ravel es más regular y lírico con frases más claramente delineadas que el de su compatriota Debussy.

En la audición de esta sugerente obra el arpa hace flotar en el aire una evocadora melodía mientras mantiene un marcado ritmo de habanera. Este estudio posee una belleza refinada y una gran elegancia técnica. Y es precisamente eso lo que diferencian a Ravel del resto de los compositores contemporáneos.

  1. Epígrafes antiguos (C. Debussy):

Estos epígrafes lo conforman seis movimientos basados en unos poemas. Ello da una idea de la sugerencia e innovadora obra impresionista de Debussy. La forma de narrar o describir algo a través de la música evoca sentimientos y sugiere trasportarse a épocas o lugares pasados como algo exótico y atractivo.

  1. Canciones Populares (Manuel de Falla):

Las Siete canciones populares españolas sirvieron para situar a Manuel de Falla en un lugar privilegiado al de sus predecesores españoles. El estilo compositivo de Falla tiene un fuerte sabor español unido a una armonía impresionista y conjugado con una agradable y brillante escritura instrumental. Falla sabe fusionar varios estilos pues sus meticulosas composiciones aunaban delicadeza y dulzura dentro de un virtuosismo contenido. Sus obras respiran un profundo romanticismo con unos acordes muy andaluces que aparecen en giros y armonías; asimismo destacan en su música la alternancia de ritmos muy bailables. Este cóctel musical logra que el oyente mantenga una escucha activa y atenta cautivado desde el principio.

  1. Tsuru no sugomori (Wil Offermans):

Tsuru no sugomori (Nido de grullas) es una obra japonesa tradicional de shakuhachi (palabra japonesa compuesta de dos vocablos: shaku, que es una medida arcaica de Japón que se refiere a 30,3 centímetros y hachi, que significa “ocho”. Así pues nos referimos a un shaku con ocho, es decir una flauta de bambú de unos 55 centímetros de longitud. Esta flauta era tocada por monjes budistas zen. Tenía 5 orificios y utilizaba una escala pentatónica.

Esta obra demuestra claramente las posibilidades de la shakuhachi con su sonido flexible en dinámica, en timbre, en las alturas de los sonidos, en el “ruido” del viento y en el uso intensivo de la respiración.

La increíble técnica de esta flautista –tanto en mantener el sonido como en los pasajes melismáticos- nos trasportaba con sus sonidos evocadores y exóticos a esa cultura milenaria, haciendo que el auditorio mantuviera la respiración para evitar con ella entorpecer los sonidos que el dúo entregaba. Al finalizar la interpretación de la obra el público al fin cobro el aliento y regaló a la intérprete una gran ovación en forma de aplausos.

  1. Pájaro triste (F. Mompou):

Su obra respira influencias directas del impresionismo de Debussy y Satie. Su objetivo primordial se centra en buscar la máxima expresividad con el menor número de medios. En esta obra, la nº 5 de sus Impresiones íntimas, podemos observar la singularidad de su personalidad. La melodía triste y melancólica que la flautista extrae de su instrumento logró sobrecoger el corazón del auditorio.

  1. Danza Andaluza (E. Granados):

Granados era un compositor refinado, de gran sensibilidad y una delicadeza semejante en estilo a Chopin; y, por otro lado, su estilo “español” es cercano a Albéniz. Esta obra pertenece a Danza española, op. 37 nº 5.   En un principio fue compuesta para piano solo, sin embargo, esta pieza conoció su fama debido a su arreglo para guitarra. En esta ocasión, el sonido del arpa y de la flauta nos transporta a una nueva versión con una melodía más suavizada, resultando aún más evocadora y poética, si cabe. El público quedó impresionado con esta refinada versión interpretativa.

  1. In a Landscape (J. Cage):

John Cage fue hijo de un inventor y posiblemente la influencia de su padre fuera importante para que este compositor desarrollara el gusto y la aptitud por la invención musical. Es por ello que Cage desarrolló la INDETERMINACIÓN basada en la utilización intencionada del azar en la composición y/o interpretación. Dos principios básicos serían las columnas principales que soportarían el nuevo concepto de la indeterminación musical: por un lado, considera que la música es una “organización del sonido” y como tal, el ruido se considera parte de ella; por otro lado, los actuales métodos de escritura musical quedaban obsoletos para su nueva forma de composición, así que buscó nuevas vías de escritura musical. La búsqueda de nuevos materiales sonoros fue su principal preocupación. La composición musical debía buscar nuevos caminos. Y de forma similar a cómo veían el arte los pintores abstractos expresionistas que estaban surgiendo en Nueva York en aquella época, Cage veía sus composiciones. Nos encontramos con que, en general, los compositores estadounidenses del siglo XX estaban predispuestos al experimentalismo debido a la carencia de una tradición cultural autónoma frente a lo opuesto que encontramos en la tradición musical europea. Así pues se buscó una música totalmente nueva y extranacional. Y de esta forma encontramos la postura musical de Cage que no sólo lo hizo destacar entre sus compatriotas, sino que, paradójicamente, fue uno de los más influyentes en la música occidental.

En cuanto a la obra que reseñamos aquí, un solo de arpa, podemos afirmar que se trata de una hipnótica melodía, en donde percibimos como el sonido viaja de un oído a otro provocado este efecto por este tipo de música indeterminista. El sonido que saca el arpista se hace tan presente, claro y nítido que da la impresión de que se pudieran tocar sus notas volátiles en el aire. El final de la pieza se va perdiendo en una expectante y delicada intensidad que va muriendo hasta desaparecer. Los aplausos del público rompieron ese último suspiro sonoro recuperándose así la vida de esas notas que acababan de desaparecer en una sutil muerte sonora.

  1. Gymnopédie nº 1 (E. Satie):

Esta encantadora pieza es la primera del grupo de las Tres Gymnopédias (compuestas en 1888) poseedoras de una sobria belleza inigualable. Inspiradas en los ornamentos de una vasija griega, buscaban capturar la apacible dignidad del mundo clásico. Esta obra, hipnótica y cautivadora, posee una cuidada medida y su fluida y dulce melodía se basa sobre unos acordes sencillos y fríos que la convirtieron en una obra de gran éxito internacional.

  1. Gnosienne nº 1 (E. Satie):

Uno de los aspectos destacables de la evolución del modernismo musical francés del que Satie fue cabeza, es el rechazo hacia el romanticismo alemán, unido a la importancia que se le daba a los sentimientos personales y a la expresión individual. Satie se posicionó en esa tendencia y fue más allá que sus contemporáneos: evitó la intensidad pasional, el cromatismo y gigantismo wagneriano y centró la música en el reduccionismo, es decir, en que la composición quedara reducida a su núcleo más puro, lejos de toda ambición expresiva y ambición emocional.

De una vena apacible similar a las Gymnopédias son las Trois Gnossiennes, el exotismo de esta pieza parece que bailara tímidamente de la mano de un marcado tiempo del arpista, mientras que el dulce vibrato de la flauta embruja al oído. Ambos intérpretes consiguen con gran maestría que la melodía se aleje apagándose, morendo. El efecto de estatismo se consigue dándole importancia a la regularidad del ritmo del acompañamiento que permanece inalterado y constante en toda la obra.

  1. Conjugación de obras españolas (Nana de Sevilla y el nocturno de El Puerto de I. Albéniz) con un recitado de un texto de F. García Lorca:

Estas obras junto con el recitado de Lorca nos traslada a una España exótica, tal y como era apreciada por los impresionistas. España, en aquel entonces, era fuente de inspiración para la tendencia impresionista: evocación de lugares exóticos o tiempos pasados, las armonías españolas y sobre todo las notas de los acordes al aire de la guitarra española servían de nuevos materiales musicales para un nuevo lenguaje impresionista que se retroalimentaba. No sólo los compositores impresionistas se alimentaban de nuestra música popular, sino que nuestros músicos españoles emigraban a tierras francesas para perfeccionar su técnica instrumental, con lo cual también bebían de su nuevo concepto musical.

  1. Oblivion (A. Piazzola):

La flauta y el arpa parecen danzar al unísono en esta emotiva pieza argentina, dejándose llevar por la melodía melancólica del Oblivion (olvido) del maestro Astor Pantaleon Piazzola.

Piazzola fue alumno de Nadia Boulanger que a su vez fue discípula de Fauré. Está claro que la línea de enseñanza impresionista influyó notablemente en las composiciones innovadoras de Piazzola, rechazadas en su momento por los tangueros tradicionalistas de la “Guardia vieja”. El tiempo pondría a Piazzola y a sus composiciones en el lugar merecido en el repertorio de la música culta.

  1. Claro de luna (C. Debussy):

Claro de luna es el 3º movimiento de la Suite Bermasque (compuesta en 1895) cuyo nombre se inspiró en las máscaras de la Comedia del Arte de Bérgamo (siglo XVI). Esta obra, delicada y melancólica, se remontan a tiempos pasados, recordando así el exotismo impresionista del que ya hemos hablado anteriormente. Al igual que los pintores impresionistas probaban a plasmar las impresiones de la luz en sus lienzos, Debussy intentó plasmar en el lienzo musical la transparente blancura de la luz de la luna, primero inmóvil y luego ondulada debido al paso de las nubes.

Con esta última pieza se cerró la presentación de unas obras que representan el impresionismo y el expresionismo y en donde la innovación y los nuevos cauces musicales e interpretativos quedaron magistralmente expuestos por este dúo con visión de futuro: Mission Moderne.

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