Moreno Villa: UN MALAGUEÑO EN NUEVA YORK-II Parte

Por ANDRÉS ARENAS

Hay un aspecto de su estancia en Nueva York que no le va a pasar desapercibido durante el tiempo que permanecerá en la gran urbe  y es la importancia excesiva del dinero en una sociedad como la americana. La causa principal del rechazo del padre es que el escritor, a pesar del informe de Mr. Fitt, no dispone de fortuna ni dispondrá de ella en el futuro. Esto parece ser norma sagrada para Mr Loucheim. Así lo testimonia Moreno Villa al escribir que «Todo aquí es negocio». Su libro Pruebas de Nueva York  es una manera de devolverle el golpe a su nefasto suegro quien antepone la riqueza material a cualquier otra cosa. JMV por el contrario hace gala de su señorío frente al materialismo que le rodea:

Yo siento el señorío de una manera más compleja que el hombre neoyorquino. Éste quiere tenerlo sobre los dólares, y yo, sobre mi sueño, sobre mi mujer, sobre mis pensamientos, sobre mis horas, sobre mi vida total. Montado en un concepto viejo, si se quiere; montado en una ilusión vana, yo soy más señor que ese hortera de hoy, millonario de mañana… ¿Para qué los dólares, si a los cuarenta años estoy en la ruina que veo? Prefiero paladear la vida…prefiero ser hidalgo de migajas a ser ganapán desriñonado y con oro.

Tal vez el malagueño esté pensando en Quevedo y en su ‘Poderoso caballero’, pero no ofrece duda de que esas reflexiones le hacen sentir una superioridad moral  que se puede comprobar en los versos de Jacinta la pelirroja:  «Abre Jacinta los ojos a la creación/ las manos y todo tu ser./ Que se caigan y se pierdan los dólares./ Hay un dólar de más alta valía,/ el que no resbala de la bolsa de cuero;/ el que se acuña y sale nuevo cada mañana;». Una vez más, presente en su obra esa actitud pigmaleónica de iniciación que le llevará a titular ‘Jacinta es iniciada en la poesía’ la segunda parte de su obra poética más conocida. Nada de extrañar tiene, habida cuenta de la diferencia de edad entre Florence, alumna suya seguramente, y una especie de tutor artístico suyo que tiene casi cuarenta años. Ya en el viaje de vuelta recapitulará en estos términos analizando la relación que parece resumirse en aquello de ‘ni contigo ni sin ti’: «Me había hecho a la idea de una compañera, y guapa. A mi edad debería haber escogido una mujer sensata y un tanto madura. No lo hice y lo pagué…Siempre me he enamorado de locas, tontas y brutas…Ella fue un remolino en mi vida». Así se entiende lo de liarse la manta a la cabeza que es como él titula ese capítulo en su autobiografía.

Los padres de Florence recurrirán a la artimaña de imponer una separación de tres meses a la pareja, circunstancia que ya le obligará a MV a pensar en regresar a España y a esperar a nuevos acontecimientos. Entre otras razones porque se va acabando el permiso que le han concedido en su trabajo e igualmente porque sus recursos económicos se están agotando. Sería conveniente señalar otro aspecto en el que Moreno Villa insiste mucho y que tiene que ver con la actitud necesaria para poder sobrellevar la serie de desventuras que le están sobreviniendo en su estancia en EEUU y que él expresa con dos palabras inglesas:

good sport. Esta expresión inglesa de no fácil traducción es la elegancia que él reclama para sí mismo a la hora de afrontar el trato vejatorio que está recibiendo por parte de sus posibles suegros, en especial del padre.  El mismo Moreno Villa, que en ocasiones afirma que nunca llegó a dominar la lengua de Shakespeare, se aventura aquí con una traducción de la expresión mencionada antes. Así para definir la situación de caos reinante entre la familia Louchheim y él mismo, escribe en sus memorias: «Todos queríamos guardar una compostura de buen jugador». Más tarde, ya en el muelle donde se despiden los dos amantes, Moreno reflexiona sobre el tiempo pasado con Florence/Jacinta en EEUU resumiendo su actitud en estos términos:  «Había que sostenerse digno. Hacerse el crédulo. No ofender. ‘Ser buen jugador’, como ellos dicen. Y en el barco, abrazos y llanto porque algo moría, en efecto». También se refiere a todo esto en Pruebas de Nueva York desarrollando la idea que le parece estar presente en el alma estadounidense:

Yo quisiera que el lector recordase lo dicho en estas cartas sobre el sentimiento pedagógico del ‘good sport’, y lo relacionase ahora con el sentimiento de fracaso. Se comprende que existiendo aquel no puede existir éste. Si ser ‘good sport’ no fuese más que poner a mal tiempo buena cara, quedaría en la bolsa del alma el resentimiento. Pero como no se trata de un disfraz sino de una convicción arraigada, puede más que los reveses de la fortuna. Y ella trae consigo elasticidad de ánimo, capacidad de reacción.

TEN YEARS LATER

No es difícil imaginar el estado de ánimo del escritor en un viaje de vuelta a España que no tendrá un final feliz como en caso de la pareja Juan Ramón Jiménez y Zenobia de Camprubí. Esta vez regresará a Madrid, citando a Gerardo Diego, “recién soltero”. Las palabras que recogen el comportamiento de los Louchheim con él son bastante generosas, aunque se permite alguna perla como cuando describe al que podría haber sido su suegro como a un enorme besugo, de ojos saltones y sin idea alguna en la cabeza.  El viaje de regreso durará poco más de diez días y el barco atracará en Vigo. Su estancia en los Estados Unidos se prolonga casi dos meses, desde finales de febrero hasta finales de abril. Tiempo suficiente para comprender que la suya es una relación prácticamente imposible, y no dudará en denominar la relación como un remolino, que produjo alegrías y también sufrimiento.

Diez años más tarde, mientras JMV se encuentra en el Valencia de la Guerra Civil recibirá un encargo por parte del Gobierno de la nación. Se trata de un viaje de propaganda cultural para pronunciar una serie de conferencias, que en principio no implicaban un contenido político. Una duda le va asaltar y es el que esta partida podría ser definitiva. El temor no será infundado. Su avión saldrá el día 3 de febrero  en dirección a Barcelona, luego pasa por Burdeos, llegando enseguida a París. Desde la capital francesa se dirigirá a embarcarse en el trasatlántico ‘Île de France’.

Han transcurrido diez años desde la anterior travesía a América. Diez años sin verse con Florence que ya está casada y  se apellida Osborn,  nombre original de su marido, curiosamente también escritor. Hubo posibilidad de un nuevo encuentro en estos diez años de intervalo, pues la pareja de los Osborn pasarán por Madrid en 1930 e intentarán ver a JMV, sin éxito pues  las heridas estaban todavía recientes y el malagueño no desea remover viejos sufrimientos. Pero si a los tres años de su ruptura aún era demasiado pronto para volver a verse, ya a los diez la cosa cambió y sucumbirá a la tentación de volver a verla.  Así que tras pronunciar varias conferencias en centros educativos, se reunirá –tras escribirle una carta- con el hermano de Florence y con sus padres en Washington. Las cosas habían cambiado desde 1927 y ahora los Louchheim se mostraban mucho más amables al ver a JMV ya no como a un posible candidato a la mano de Florence (pues ya estaba casada), sino como un personaje con un cargo importante de en la Embajada española. En la citada reunión se enterará el español de que Florence estaba en México, curiosamente arreglando su divorcio. La ocasión parecía ideal pues Moreno Villa se encontrará  con un antiguo amigo mexicano, Genaro Estrada, que le propone trasladarse a vivir a México, siguiendo la estela de muchos de los exiliados que tuvieron que huir de la España franquista. El caso del malagueño será uno de los ejemplos más claros de integración en el nuevo país, así escribirá sobre arte, geografía y literatura del país azteca.

Una vez que MV ya conoce la ubicación de su antiguo amor el encuentro con Florence parece ser buscado, a pesar de que él insinúa que todo fue fruto de la casualidad. Así lo expresa en su autobiografía: «A mediados de junio, estando en Prendes con Genaro, distinguí a Jacinta cenando con un individuo…Me acerqué lentamente dominándome. Nos dimos  las manos con un apretón largo  y me senté con ella y su acompañante». Se reanuda entonces una relación que, a juzgar por el testimonio de MV, está más viva de lo que cabría esperar en un hombre ya de 50 años. Una vez terminada la comida, se traslada todo el grupo al hotel de Florence donde cantan y beben, con lo que la pasión de JMV parece avivarse.

El escritor malagueño nos da cumplida cuenta de los días pasados en Taxco, donde se desplazarán tras el encuentro en Ciudad de México. Allí relata la intensa vida social que lleva Florence: deporte, excursiones a caballo, tertulias, alcohol….y relaciones sexuales. Diez años después la ´flapper` americana sigue haciendo una vida parecida a la que llevaba en 1927 cuando se conocieron en Madrid. Seguro que JMV ya no siente celos con la misma intensidad que diez años antes en New Haven. La historia parece repetirse una vez más y esto provoca una sensación parecida a la que siente al embarcar de regreso a España: «Salí de Taxco sin sentir el corazón». En cualquier caso se cierra la posibilidad real de reanudar una relación que a Moreno Villa ya le coge con demasiada edad para nuevas aventuras amorosas y a Florence ya en proceso de divorcio de su primer marido. Sin embargo entre ellos dos quedará una amistad residual que se mantendrá hasta la década de los 50.

En el año 1939 se casarán tanto JMV como Florence. Él se casará con la viuda de Genaro Estrada que fue el artífice de su llegada a México. En Vida en claro nos relata de una forma conmovedora como su amigo agonizante le encarga que cuide de su familia, petición que hace igualmente la madre de Consuelo, su futura esposa. Florence se va a casar en segundas nupcias con un holandés Bastian Stol, cuyo apellido tomará, habida cuenta que su padre  le ha prohibido el uso del apellido familiar. A pesar de todo Mr. Louchheim le pasa una asignación mensual que le permitirá ejercer de marchante en el mundo del arte. Así se explica lo que JMV había escrito en el poema XII de la primera parte de Jacinta la pelirroja en donde queda de manifiesto la querencia de su amada por el dinero:  «Jacinta compra un Picasso a tres tonos:/ rosa, blanco y azul./ Me recibe brincando. Y me abraza:/  ̶¿No ves qué línea?  ̶dice./ ¿No ves qué fuerte y qué dulce?/ Y Jacinta besa la mano./ La mano que dio los dineros./ Dinero por arte». De hecho a su sobrina Mary le legará dos Mirós.

En la década de los años ’50 Florence  compra una casa antigua en Vernon (Vermont) con animales de granja, allí se carteará con JMV. Se conservan dos de ellas en el Archivo del autor en la Residencia de estudiantes. Por su interés reproducimos aquí fragmentos de las dos últimas cartas que se conservan de Florence a JMV, tomadas del archivo del escritor en la Residencia de Estudiantes de Madrid. En la primera (11 abril de 1951) la americana explica sus razones para radicarse en esa casa: «Tengo aquí en Vermont mi casa de campaña donde puedo vivir cuando la vida y los ruidos de Nueva York me den demasiado miedo… N.Y. ha mucho cambiado y hoy es la gran capital cultural del mundo con gente de donde quiera». Su dedicación al mundo del arte queda patente en el final de la carta: «A Nueva York hubo hace una semana chez Pierre Matisse una exposición hermosíssima de las pinturas y esculturas de Miró, uno de mis predilectos». Queda claro que Florence ha olvidado el español, ahora que ya no tiene un profesor particular como en 1927. La siguiente carta está fechada el 18 de mayo, seguramente del mismo año que la anterior y en ella le contesta a las preguntas del malagueño sobre su apariencia física actual: «Sobre qué aspecto tengo, creo que más o menos lo mismo. Las mismas medidas, el mismo color. Aunque tengo un toque gris en el pelo no parece gris, sino que la mezcla me da un color rubio más claro». En esta carta se trata de un asunto que pudo tener su importancia en la relación de los antiguos enamorados. Florence deja caer que la redacción de VenC  pudo haber liquidado la relación entre ellos dos, igualmente sugieren Neira y Ballesteros y esto es una hipótesis plausible a tenor de sus palabras:

Sabes que eras siempre un poco malicioso, y tus juicios sobre la gente eran a menudo muy subjetivos, lo que probablemente explique todas las cosas malas que dices dijiste sobre mí en tu autobiografía. ¿Cuándo me enviarás un ejemplar?

Cabe suponer que si en verdad le mandó a ella la autobiografía seguro que no le hizo mucha gracia, pues el papel que allí se le asigna no es como para estar orgullosa. Por otro lado la idea del ‘good sport’ debería haberle hecho a ella entender que la deportividad para encajar las situaciones adversas de la que tanto alardeaban empieza por uno mismo. Muchas de las piezas de este rompecabezas que empezó con la relación inicial entre JMV y Florence Louchheim se pudieron encajar gracias a la investigación del profesor Maurer. En ella logró localizar a Mary, sobrina de Florence, quien al parecer no le habló apenas de su novio español. Jacinta murió el 11 de junio de 1967 como consecuencia de un cáncer en un hospital de Vermont. Doce años antes murió José Moreno Villa en Ciudad de México, quien en 1952 menciona en un poema a Florence: «Topé contigo una noche fría. Eras caliente y acerba. Del brazo nos fuimos./ (…) Me equivoqué y nos fuimos lejos, lejos. A pasear por aceras que soportan un centenar de pisos./ Y allí luchamos con nuestros destinos adversos./ (…) Pero el error fue mío. La equivocación sólo mía./  (…) La equivocación me fue favorable. La prueba está en que te mando un abrazo después de un cuarto de siglo». Lo que cual deja en claro que la relación de Florence y de Pepe fue, por lo menos para el español, una experiencia que marcó su vida, y que hubo un antes y un después. En su libro Carambas  (1931) introduce JMV unas palabras que podría ser el colofón de esta fascinante historia de amor, pues tal vez esté pensando en Jacinta cuando las escribe: «Fíjate que depende de ti la vía láctea/ y que nada está suelto en esta carambólica vida”.

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