Moreno Villa: UN MALAGUEÑO EN NUEVA YORK

I parte

Por ANDRÉS ARENAS

La relación que Moreno Villa mantuvo con la americana Florence Louchheim durante la década de los años veinte y treinta va a tener una importancia capital en la vida del escritor. Éste viajará a Madrid desde su Málaga natal en 1910, cuando cuenta con 23 años y ya ha pasado unos años en Alemania, adonde viajó para cursar estudios de Química que le serán de utilidad para hacerse cargo del negocio familiar. Los años de Madrid le servirán para darse cuenta de que su vocación no iba encaminada hacia las Ciencias y sí por la historia del Arte, estudios que emprenderá en la Universidad Central de Madrid y que le servirán para ejercer como tutor en la Residencia de Estudiantes. Allí se traslada a vivir gracias a la invitación que su paisano Jiménez Fraud le hace para que “influya en el ambiente de la casa…. sin cargos ni reglamentos”. Un estatus ideal gracias al cual dispondrá de tiempo libre para leer, escribir y pintar, asegurándose así la supervivencia. Tan a gusto se encuentra en esa nueva ubicación que prácticamente permanece allí desde 1917 hasta el año 1936, en que la guerra civil le obligará a trasladarse a Valencia.

Básicamente son tres los libros en los que JMV nos va desgranando los detalles de su relación amorosa y de su viaje a América. El más importante es su autobiografía Vida en claro (1944) donde le dedica a Florence varios capítulos, Pruebas de Nueva York (1927) publicación que recoge las impresiones que le ha causado la gran urbe y Jacinta la pelirroja (1929) que sería una especie de correlato poético del libro anterior. Pero no será la relación con Florence su primera experiencia amorosa pues en sus memorias sí se menciona la primera vez que se liará “la manta a la cabeza” refiriéndose al enamoramiento que precederá al de la americana. Se trata de seguir por primera vez el impulso de la pasión con una moza de la provincia de Cuenca, que el escritor describe como “dulce y sabrosa”. La relación acabará con la muerte de la muchacha aquejada de tuberculosis, que en esos años equivalía a una muerte segura. Así que, tras estar ella internada en el Sanatorio de Valdelatas, fallecerá dejando al poeta sumido en la mayor de las desesperaciones.

El encuentro entre JMV y FL se producirá a instancias de Jiménez Fraud a finales de noviembre de 1926. Seguramente su amigo pensó que un entendido en Arte como era el malagueño podría encajar perfectamente en la reunión, ya que la chica americana venía altamente recomendada por pertenecer a una de las familias más adineradas de Nueva York y ser ella gran aficionada al mundo de la pintura. Era pues Moreno Villa una persona ideal para tal cometido y seguro que causó buena impresión en Florence a juzgar por los acontecimientos que ocurrirán posteriormente. Recordemos que JMV tiene en esa fecha treintainueve años, pero él quedará asimismo embobado por ella, sin duda bastante más joven que él. La impresión que él causó en ella debió ser muy favorable también ya que no tardará en ir en su búsqueda esa misma noche a la Residencia, acompañada del secretario de la Embajada de EEUU.

Moreno Villa no ahorrará cumplidos a la hora de describir esa primera impresión: «Era una joven yanqui, rubia y admirablemente formada y vestida» . También en Pruebas de N.Y. nos ofrece un retrato más completo: «Alta y elástica, dura y blanda en sus puntos y según leyes de perfección….sin memoria ya de camisas, corsés, fajas …sin retemblores de carne flácida» . Será el prototipo de una ‘flapper’ de la época que eran aquellas mujeres liberadas que exhibían su libertad en el pensar y en el vestir. Hay que recordar que hasta hace poco no se conocía con precisión quién era la enigmática mujer de la que se enamoró perdidamente el malagueño. Gracias al profesor Christopher Maurer ya sabemos que la pelirroja Jacinta no es otra que Florence Louchheim, de apellido familiar; Florence Osborn, de su primer matrimonio y Florence Stol del segundo. Los Louchheim eran unos magnates de Filadelfia, el padre era un agente de bolsa y su tío el fundador de la CBS.

Tras el primer encuentro que tuvo lugar a fines de noviembre del año 1926 parece que, como ya se mencionó, Florence asimismo quedará impresionada, seguramente por los conocimientos de Arte que Moreno Villa poseía como tutor de estudiantes que era en la Residencia. No tardará la americana en buscar un nuevo encuentro aquella misma noche con un Moreno, que sin duda se vería sorprendido por la soltura que mostraba ella para hacer lo que le venía en gana, sin prejuicios de ningún tipo. Los dos acompañados del secretario de la Embajada americana se dirigirán a casa de un amigo de ella situada en la calle Serrano. Escucharían allí la música que entonces era el colmo de la modernidad y tal vez ella le invitase a bailar al ritmo del jazz. No es de extrañar que a JMV le provoque algo más tarde la siguiente reflexión:
Oigo decir a la mujer americana que ella toma lo que quiere y en el momento que lo desea; que no se entrega ni se da, sino que agarra…el hombre se resigna a ser tomado…Quien monta el caballo y rapta a su amante no es el doncel sino la doncella.

El flechazo se debió producir bien pronto por la reacción de ella y por parte de él pues asegura que quedó fascinado ante su presencia y belleza física. Aturdimiento que se acrecentaría esa misma noche al cambiar de casa y dirigirse al domicilio de Florence con otros amigos, lo que sin duda era algo poco habitual en los años veinte en la España de Alfonso XIII. Allí beberán y charlarán gracias a la mediación lingüística de ella que actuará de intérprete para facilitarle la comunicación a JMV. Las peripecias de ese día se relatan con detalle en la autobiografía del malagueño donde se nos describe casi minuto a minuto ese encuentro que tanta trascendencia tendrá en su vida. Así pues, la pareja desean estar solos por lo que se liberan de la compañía de sus amigos y se dirigen a un café de la calle de Alcalá. En su interior Moreno Villa descubre, al fijarse en las facciones de ella, el origen judío de la americana y no tardará en decírselo, lo cual provocará cierto rubor, confusión y bochorno en la joven. No tendrán que esperar mucho para el reencuentro que ocurre al día siguiente, inaugurando así una serie de citas pues la amistad «irá creciendo rápidamente». El grado de intimidad que van adquiriendo lo despacha el malagueño con estas líneas: «Quiso enseñarme inglés y todas las noches nos reuníamos en su casa para leer. De las lecturas pasamos a los dibujos y de éstos a las conversaciones íntimas y a los primeros besos» . El romance se ve interrumpido debido a la gripe que le impedirá verla, aunque se consolará con las cartas que ella le envía. A la reanudación de las relaciones ya se empiezan a plantear la idea del casamiento, sobre todo alentados por el nuevo trabajo que le han ofrecido a JMV como editor de la revista de la Sociedad de Arquitectos, lo cual vendrá a paliar su ajustada situación económica. El ofrecimiento por parte de Florence de aportar la misma cantidad que ingresaba al mes el malagueño hará que la idea de contraer matrimonio se acelere, llegando los dos a buscar un piso donde vivir. Sobre la relación de ambos que apenas llevan juntos tres meses se pronunciarán algunos familiares directos suyos en términos bastante reprobatorios.

Como es natural Florence pone en conocimiento de sus padres y de su hermano la inminente boda. Los contrayentes están en un estado de nervios insostenible, lo cual les lleva a frecuentes riñas en una de las cuales llegan a tal punto que casi anulan el compromiso. Todo ello se recoge en los textos complementarios de Vida en Claro en unos términos que describen lo que parece un enfado de quinceañeros: «Me abandona en la Puerta del Sol…Le afeé su conducta y reñimos. Salí como para no volver. Fue a buscarme a la cervecería Heidelberg y salimos para enviar un telegrama diciendo que rompíamos compromiso. Reanudamos la amistad antes de enviar el telegrama» . La relación entra en los terrenos de la inestabilidad propia de una pareja que se lleva muchos años de diferencia. Los padres de ella, alarmados ante la rapidez con la que se están desarrollando los acontecimientos, optan por enviar una persona de su confianza para que les informe acerca de la seriedad de las intenciones del novio. Los informes de este caballero inglés, Mr. Fitt, son al parecer inmejorables, pero no suficientes para que los posibles suegros de JMV se queden tranquilos. Éstos insisten en que la boda no debería celebrarse sin que ellos puedan conocer en persona al español. De esta forma el plan de la pareja de contraer matrimonio en una ciudad del sur de Francia queda desbaratado y deciden reunirse con sus futuros cuñados en Génova y desde allí tomar el barco en dirección a Nueva York.

La timidez de JMV le hace ser escéptico ante la inminente travesía. Una de las razones que Moreno esgrime para su malestar ante el viaje se debe a su desconocimiento de la lengua inglesa. Por ello le asaltan dudas esgrimiendo que «no sabiendo el idioma toda persona pierde personalidad y hasta hace el ridículo». Ese complejo de inferioridad que suele estar presente y actúa, como si a los españoles nos costase más que a otros pueblos hablar un idioma extranjero. La pregunta que procede es “¿Cuánto inglés sabía el español?”. Pues seguramente más de lo que él pensaba, habida cuenta que ya conoce el alemán por su estancia en Friburgo y además ha pasado algún tiempo en Inglaterra.

Ante todos estos signos de desconfianza hacia él por parte de los Louchheim no es de extrañar que JMV se sienta incómodo y tenga la sensación de que lo quieren poner a prueba. Pero hay otro detalle en la anatomía de Florence que no le pasará desapercibido y lo mencionará un par de veces en sus memorias. Se trata de una protuberancia en el cuerpo de la muchacha que le llena a él de inquietud pero que, así lo aseguraba ella, se podía corregir con una pequeña intervención. Poco después ya en Nueva York ella le pedirá que le acompañe a ver a la cirujana para hacerse la operación para extirpar el fibroma, operación que no se realizará porque Florence no puede aguantar los dolores de la intervención, con lo que deciden aplazarla.

El encuentro en Génova con sus hermanos empieza bien pero no tardará en producir un efecto negativo en Florence una vez embarcados, por lo que ella le sugiere a JMV bajarse del barco y casarse en Francia como habían planificado desde un principio. Sugerencia que él descarta y decide continuar el viaje, a pesar de que «algo se había levantado entre nosotros».

Si tuviésemos que dividir cronológicamente la ida y la vuelta del viaje de Moreno Villa a EEUU debe recordarse que la pareja se conocen a fines de noviembre de 1926, su relación se prolonga hasta el 16 de febrero del año siguiente, fecha en que los dos salen de Madrid, pasando por Barcelona, hasta Génova, y desde allí hasta Nueva York. En esta ciudad permanecen juntos hasta el 21 de abril de 1927.

La relación de la pareja con la familia de ella resulta la crónica de un final anunciado. Los padres se muestran amables al principio, pero no tardan en pasar a un enfrentamiento claro con los dos jóvenes: a él no le consideran el candidato idóneo que ellos hubiesen querido para su hija y a ella amenazarán con desheredarla. Las relaciones se van deteriorando hasta el punto de que Florence le recomienda contratar a un abogado para que pida una indemnización por daños y perjuicios. Sugerencia que el español rechaza. El deterioro entre la pareja y su padre llega a tal punto que en una ocasión les falta poco para llegar a las manos:

Sólo una vez se descompuso el padre delante de mí. Fue una noche en que ella me hizo subir a su apartamento, durante una de sus rachas de optimismo. Estábamos los dos en un sofá, charlando de lo de siempre, cuando entró su padre. Al verme se le desorbitaron los ojos. Me saludó con una inclinación de cabeza y enseguida se dirigió a ella en inglés. Yo no entendía nada, pero notaba que el diálogo se tornaba disputa y que iba subiendo de tono. Jacinta llegó a contestar algo muy duro, porque vi que su padre levantó la mano trémula e iba a descargarle un golpe. Me puse en pie y me acerqué diciendo: «No, eso es demasiado». El padre se volvió a mí con los ojos arrasados de lágrimas y dijo algo, saliendo inmediatamente. Ella, como loca, se levantó, se dirigió a otro cuarto y se puso a componer las maletas. Me dijo que se iba a un hotel. Que su padre la había expulsado y dicho que no contase con él en adelante. Que ahora seríamos los dos solos.

Para Moreno Villa las cosas estaban tomando un cariz tan desagradable que parecía algo muy complicado seguir con los planes de boda. Así sentenciará en pocas palabras todo aquel desconcierto: «Eran tantas las variaciones de criterio en aquellas gentes, que ni podía retener el orden de los acontecimientos». Por otro lado pasaba el tiempo y los gastos de la estancia se hacían cada vez mayores para JMV, así que decidirá abandonar el hotel en el que estaba y a alquilar un cuarto más barato cercano a la Universidad de Columbia. Durante este tiempo escribirá y dibujará acerca de sus impresiones en EEUU, lo que tras regresar a España se publicará en diciembre con el título de Pruebas de Nueva York.

Continuará…

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