Nada, un poema de Francisco Soler

Nada,

no ser, donde nada puede surgir,

pues nada ha existido ni nada existe:

ni vida, ni amor, ni Dios,

ni siquiera la nada. Donde ni el caos

ni la armonía pueden entrar.

Donde no existen límites,

ni dentro ni fuera, ni posibilidad de nada,

sólo una nada continua de nada

que no puede ser penetrada por nada.

 

Nada,

donde existe el vacío

que crea la ausencia de todo:

de moléculas, de cuerpos, de objetos.

Donde no se conjuga el verbo contar.

Donde nadie, ni siquiera la Mano Divina

puede introducir algo para extirpar el vacío

de algo donde nada es.

 

Nada,

donde impera el silencio,

donde no hay sonido, ruido, murmullo,

armonía o cacofonía

que rompan la ley muda de la nada,

pues el sonido del vacío es el silencio

y el silencio del no ser sonido no es, afasia.

 

Nada,

donde no existe la luz,

ni nada que dé a luz,

sólo luz negra, de fotones con carga invertida

con velocidad negativa, oscuridad

que no alumbra nada, pues nada es.

 

Nada,

donde no existe el espacio

ni volúmenes, ni ejes, ni planos,

ni tampoco huecos, curva negativa del plano,

ni distancias, ni caminos.

Donde no existe siquiera el punto,

espacio interior de imperceptible intervalo.

 

Nada,

donde no existe el tiempo

ni siquiera el instante, lenguaje invisible del tiempo.

Donde no existen contadores de tiempo.

Donde no hay antes ni después,

tampoco ahora, sólo nunca,

tiempo no nacido que prohíbe el presente.

Nada,

dominio del vacío, de la oscuridad, del silencio

del espacio inexistente, del nada es, de la nada de nada.

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