No intervención, por Antonio Orihuela

NO INTERVENCIÓN

 Antonio Orihuela, escritor y doctor en Historia

La República lo tenía todo en contra, incluidos los republicanos. Tampoco los demócratas de más allá de los Pirineos estaban por apoyar lo que parecía, en el verano de 1936, como un proceso revolucionario irreversible. El acuerdo de No Intervención firmado en agosto por los países europeos suponía en realidad un compromiso para hacer fracasar en España lo que tras el golpe de Estado había devenido en una República popular de tendencias un tanto radicales que amenazaba los intereses de los trust.

Guerra-Civil-Lucien-VogelA l’ordre du jour, Lucien Vogel, 1937. Portada

En unos meses en los que la tierra y la industria estaban gozando de un proceso colectivizador sin precedentes, básicamente dirigido por los anarcosindicalistas de la CNT, no está de más recordar que a quien la República española estaba pidiendo ayuda para derrotar al fascismo eran los mismos que veían como sus intereses coloniales en España se estaban yendo por el desagüe de la revolución.

El 80% de la red ferroviaria española estaba en manos de capital francés. El suministro de electricidad a Cataluña pertenecía a una empresa canadiense. El capital inglés estaba presente en la industria pesada y naval, la minería, la fabricación de maquinaria y el suministro eléctrico. El 40% de las minas de hierro vascas y las mayores reservas mercurio, pirita y mineral de cobre estaban en sus manos.

Frente a la disyuntiva de ayudar a defenderse al gobierno legítimo de la República o asegurar las inversiones de sus multinacionales, las democracias occidentales no dudaron un momento en qué posición situarse.

Meses después, saltándose el acuerdo de No Intervención, algunos también pensaron que era una buena oportunidad para deshacerse del material bélico que poseían en desuso, arrumbado en ocasiones, desde la guerra franco-prusiana de 1874, y a unos precios exorbitantes. Howson, contabiliza 49 tipos distintos de fusiles de repetición, 41 tipos distintos de armas automáticas y casi 60 tipos diferentes de piezas de artillería, cuando lo normal hubiese sido utilizar un solo tipo de fusil, 4 tipos de armas automáticas y no más de 10 tipos de piezas de artillería.

Los suministros más importantes llegaron de Francia, que incluso logró vender 6 bombarderos sin bombas, y sobre todo de la URSS, que empezó a enviar armas y aviones tres meses después de comenzada la sublevación, mientras que los primeros aviones alemanes ya estaban actuando en cielo español a finales de julio de 1936.

Según el Archivo Estatal Militar de Rusia, abierto con reservas tras la caída del Estado soviético, España recibió algo más de la mitad de los aviones, piezas de artillería y fusiles que hasta ahora se manejaban como cifras establecidas. Tampoco todo el material enviado era de nueva fabricación, pero, eso sí, tenía que ser pagado al contado, a precios más elevados que en el mercado y sin ningún tipo de descuento. La URSS no le regaló a la República, cada vez más virada hacia el PCE, ni un solo rublo, y consiguió, de los camaradas españoles un importante beneficio. A cambio, el Ejercito Popular pudo continuar su resistencia al fascismo. La negativa del resto de las naciones democráticas del mundo a vender armas a la República suponía que la decisión del fin de esta resistencia estaba en manos soviéticas.

A Franco, sin embargo, le llovían las armas, la ayuda y el dinero para aplastar la revolución de España. Y no sólo, como se viene sosteniendo, de Alemania e Italia. Nada más estallar la guerra, los grandes consorcios estadounidenses ofrecieron a Franco todo tipo de facilidades. La Texas Oil Company (Texaco), la Estándar Oil y la Vacuum  Oil, suministraron a los golpistas unos 35 millones de toneladas de petróleo, casi todas a crédito, y la General Motors vendió 12.800 camiones a los sublevados, y ello a pesar de que lo prohibían las normas del embargo prescrito por el gobierno norteamericano.

Tras la invasión nazi de los sudetes a finales de septiembre de 1938, se inicia un sorprendente acercamiento entre Stalin y Hitler que tendrá consecuencias inmediatas en la guerra de España. La retirada un mes después de las Brigadas Internacionales marca el punto de inflexión, la decisión ya estaba tomada, y en prueba de amistad, Stalin ofreció a Hitler el cadáver de la República española.

Fragmento del libro Palabras raptadas. Ed. Amargord. Madrid, 2013

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