No lo intenteis, por Juan López Cohard

BELVEDERE 14-9-2014

El Gobierno ha abortado la Ley del aborto propuesta por Gallardón. Este hecho demuestra que, aplicando la razón, el aborto es lícito y adecuado. Tal como estaba regulado, estaba perfectamente, así que el Gobierno, acogiéndose a la ley ha abortado. Enhorabuena.

Ahora toca abortar otras muchas medidas que, no solo no han producido los efectos deseados, sino que han creado numerosos problemas en la sociedad española. Pero, quizás, lo más importante en estos momentos sea abortar el proceso independentista catalán ¿Cómo? Resolviendo el dilema que plantea la propuesta de consulta segregacionista hecha por el Gobierno Autonómico de Artur Mas. Las posturas están claras: El Presidente de la Generalitat sostiene que su Parlamento es soberano para decidir sobre la consulta y, los deseos del pueblo catalán, están por encima de la Constitución Española y los dictámenes del Tribunal Constitucional. En tanto que el Gobierno de España, mantiene que la soberanía recae en la totalidad del pueblo español de forma indivisible y, por tanto, permitir la consulta no entra dentro de sus potestades. Pues bien, si la soberanía es de todos los españoles, que se haga la consulta a todos en un referéndum, a lo mejor los catalanes independentistas se llevan la sorpresa de que, el conjunto de los ciudadanos españoles, decidamos que queremos que se les pregunte a ellos solos y que, de una vez por todas, nos dejen en paz.

La segregación de una parte del Estado, sea Cataluña o cualquier otra comunidad, no tiene la mayor importancia si no fuese por las consecuencias materiales que acarrean para todo el conjunto. En los divorcios, especialmente si el matrimonio ha sido de larga duración y hay hijos de por medio, la parte más penosa proviene de la separación del patrimonio, y quienes sufren las consecuencias más traumáticas son siempre los hijos. Dividir una economía global de cinco siglos, no es fácil tarea, especialmente si, para la parte desgajada, lleva aparejada la salida automática de otras comunidades supranacionales, o no puede seguir utilizando la misma moneda, o sus empresas pierden la parte más importante de su mercado, o simplemente, sus clubes de futbol no pueden seguir jugando en su liga de siempre, etc.

Para el resto de los españoles, desde los años de la transición política, España se ha reducido al problema vasco y, ahora, junto a él, al problema catalán. ¡Ya está bien! Hay que intentar acabar con la situación. La separación siempre hará mella en el corazón de muchos y, sin duda, hará mella en el bolsillo de todos, pero la continua amenaza de divorcio, va a terminar haciendo mella en los nervios de la mayoría y, cuando se pierden los nervios, las separaciones pueden convertirse en tragedias. Ojalá, esos que ansían la separación emocionalmente, si no la consiguen, hagan caso a las palabras de Homer Simpson: “Chicos, habéis puesto todo vuestro esfuerzo y habéis fracasado. Lección: No lo intentéis”.

Juan López Cohard

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