Audio-relato: Fredric Brown, la fantasía desmesurada

 

Por VICKY MOLINA Y PEDRO FERNÁN

¿Qué se puede decir de este genio y efervescente creador? Además de conocer algunos de sus datos biográficos, desde el Blog del Ateneo de Málaga tendrás la oportunidad de escuchar un audio-relato fragmentado de su texto ¡No mires atrás! a través de la inquietante interpretación de Pedro Fernán, Catedrático de la Escuela de Arte Dramático de Málaga.

Volviendo a Fredric Brown, tendremos que empezar por su primer contacto con el mundo de aquí, con el planeta Tierra: Nació en Cincinnati Ohio, Estados Unidos, el 29 de octubre de 1906. Fue mucho tiempo corrector de pruebas de imprenta. En 1936, Brown empezó a escribir para los pulps, las famosas y baratas revistas de narrativa popular que acogía géneros como la ciencia ficción, el relato policial de detectives o las historias de vaqueros. Jugador de póquer y bebedor, es sin duda hoy reconocido como escritor de culto de ciencia ficción y misterio. Lewis Carroll le inspiró profundamente, hasta el punto que en 1950, Brown publicó Night of the Jabberwock (La noche a través del espejo), considerada su obra maestra dentro del género negro, inspirada en “Alicia a través del Espejo”.

Sus cuentos se caracterizan por contener unas buenas dosis de humor y unos finales que no dejan ni mucho menos indiferentes. Es uno de los escritores más originales y osados a la hora de experimentar en la búsqueda de nuevas formas narrativas en ficción. En 1948 ganó el Premio Edgar Allan Poe a la mejor obra de narrativa criminal con su primera novela policíaca, “The Fabulois Clipjoint”, (La trampa fabulosa, también conocida como El fabuloso cabaret).

También cabe destacar que su cuento “Arena” (1944) fue seleccionado por sus compañeros como una de las 20 mejores historias de ciencia ficción jamás escritas y fue adaptado con el mismo título para un capítulo de Star Trek. Siempre estuvo mejor considerado por sus compañeros de profesión que por el público en general. Muchas traducciones no permiten apreciar en toda su magnitud la gran destreza del escritor. Su imaginación portentosa y su dominio del idioma son factores que sitúan a Brown a la altura de Bierce o Salinger como autor de relatos breves y hacen de él una figura única en el campo de la ciencia ficción.

Y después de este breve pero intenso acercamiento a la figura del Gran Brown, con un solo clic podrás adentrarte en el final de una de sus historias y recuerda… ¡No mires atrás!

Pincha el enlace y escucha el audio-relato ¡No mires atrás!

 

Cinefiliadas: “Call me by your name” o las emociones inaugurales

Por ADA VALERO

Frente a una chimenea, iluminado por las variaciones de las llamas, el rostro de Elio refleja en una larga escena las emociones provocadas por el final de su historia de amor con Oliver. En sus ojos asoman lágrimas que no acaban de brotar, sus labios ahogan suspiros, se muerden, se contraen y derivan lentamente hacia el dibujo de una sonrisa leve en el momento en que escucha su nombre llamándole a la mesa para la celebración de Janucá. Magnetismo sostenido en el desenlace de una película que araña, que conmueve, que se queda prendida en los ojos y en ese espacio innombrable de la conmoción que situamos a la altura del corazón, pero que en realidad abarca entrañas, terminaciones nerviosas, la columna vertebral donde se alojan las emociones inaugurales.

Todo está conjugado para que el espectador participe en cuerpo y alma de la historia que nos cuenta Call me by your name. Una villa rodeada de albercas en el verde veraniego del norte de Italia, en los años 80, habitada por una familia judía, cosmopolita, culta, tolerante. El padre, profesor de Arqueología, acoge cada verano a un estudiante de posgrado procedente de Estados Unidos para que colabore en sus quehaceres académicos. El hijo, Elio, de 17 años, es un muchacho introvertido, lector ávido, con talento musical (toca el piano, la guitarra), y la curiosa afición de transcribir en partituras la música que escucha con los auriculares de su walkman.  Desde la ventana de su habitación, Elio ve llegar a Oliver, el estudiante invitado, un joven que tiene las exactas proporciones para contrastar con el cuerpo aún aniñado del adolescente Elio. La cámara observa a Oliver como si adoptara la mirada de Elio: su hambre, su estatura atlética jugando al boleyball, su bailar alegre acompasado al flirteo con una chica del lugar, sus huidas. Curiosidad, atención, atracción, deseo, amor. Atravesamos con Elio el recorrido de sus sentimientos, compartimos su ansiedad en el momento de la confesión, algo brinca en nosotros cuando se revela la coincidencia; algo sabemos de ese júbilo de la pareja en el viaje de tres días a Bérgamo, que será la antesala de la despedida con el regreso de Oliver a Estados Unidos.

Hemos asistido a la fragua donde se macera el primer deseo, el que nos moldea para los sucesivos; hemos presenciado el primer dolor de la primera pérdida. Lo reconocemos, igual que lo ha reconocido el padre de Elio, quien en una emocionante conversación le expresa a su hijo su envidia y le exhorta a no ahogar la pena: Damos tanto de nosotros mismos para recuperarnos del dolor que a los treinta estamos exhaustos. Con el corazón agotado, cada vez somos menos generosos cuando volvemos a empezar con otra persona.

Ahogar el dolor es perder la alegría de lo vivido. Nos lo enseña Elio frente al fuego de la chimenea, en esa oscilación de gestos que atraviesan su rostro desde las lágrimas a la sonrisa.

Call me by your name, le propuso Oliver a Elio y yo recuerdo los versos de la Noche oscura del alma, donde esta en su unión con Dios siente que es la amada en el amado transformada. La idea de la película es que la otra persona te haga bella, te ilumine, te eleve, afirmó su director, Luca Guadagnino.

Música, fotografía, interpretación, ambientación, todo arrastra al espectador hacia esa villa italiana donde despierta el deseo con su equipaje de ansiedad, de placer, de belleza, de inauguración vital.

En su estreno en el Festival de Cine de Sundance, recibió la ovación del público puesto en pie. Me dicen que la novela, de André Aciman, supera la película. Habrá que buscarla.

FICCION POWER: Una mata de salvia

 

Por MARÍA VICTORIA PÉREZ

 

El guía moro nos condujo hasta el cementerio.

Vamos paseando por entre las tumbas. Todas iguales, sencillas, sin flores y muy juntas. Enlazadas unas con otras formando dameros. Nos detenemos frente a una de ellas. El guía nos traduce la inscripción de la lápida, tan sencilla que al contemplarla me siento desolada y también decepcionada.

“Esta es la tumba de Mohamed Chukri”. En silencio, la rodeamos.

Repaso con la mirada los bordes de hierro de la tumba, envueltos en el óxido del olvido y el abandono. Siento en mis huesos la amarga soledad de sus huesos, bajo ese infame manto de hierbas secas y tierra inerte que lo cubre. Miro a mi alrededor con rabia. Es injusto – digo entre dientes. No sé si me han oído, puesto que el guía continúa recitando su lección bien aprendida y hace como si nada, y repite una vez más su relato, que yo no escucho, porque en esos momentos solo atiendo a mis resentidos pensamientos.

No fue un personaje notable, dado sus orígenes,  pero quien haya leído sus libros no podrá olvidarlos jamás. El relato, exento de hipocresía y proclive a la inmoralidad, no deja indiferente a nadie, sobre todo proviniendo de un musulmán”… -apunta el guía con una sonrisita sardónica.

Rodean la tumba varios jóvenes que nos observan y parecen esperar algo de nosotros. Seguramente dinero. Pero ya han cobrado. Recibieron el encargo de adornar la tumba. Una sencilla mata de salvia. Eso es todo. No hay flores, ni velas… nada. En esta cultura todo es austero -me digo sin atreverme a dejar allí un pequeño ramo de margaritas que llevaba oculta en el capazo. Dado el silencio reinante y viendo que mucha gente nos observa, no me atrevo a preguntar y dejo las flores en su sitio.

Me pregunto si Chukri era un musulmán creyente o sólo lo era por haber nacido en esa cultura. Sinceramente, creo que lo segundo. Su afición al alcohol, sus amistades occidentales y su vida completamente díscola me dicen que su alma volaba libre de prejuicios y remilgos. El tuvo el valor de hacerse a  sí mismo y escribía del mismo modo. En su obra cumbre: EL PAN DESNUDO,  utiliza un lenguaje sencillo, cercano al lector y nos sumerge en un mundo que nos recuerda tiempos pasados de nuestra propia historia. Pueblos olvidados, vidas miserables y abyectas, hundidas en la incultura y el analfabetismo. Sus escritos autobiográficos son descarnados y hasta crueles en el relato. El lector se sumerge en esas vidas y llega a comprender que todo lo que hacen (incluida la transgresión) es para sobrevivir. El instinto que se superpone a lo establecido…

Alguien de mi grupo pronuncia unas palabras de recuerdo y admiración hacia Chukri, los demás escuchamos en silencio. Con respeto. Cada uno reflexiona y se abandona a sus sentimientos. Mientras tanto, los jóvenes tangerinos que vigilan la tumba, siguen ahí impertérritos, observándonos. Sigo pensando que esperan recibir más dinero.

Contemplamos el paisaje que nos rodea y sacamos fotografías. Varias mujeres vestidas de negro nos miran con curiosidad. Ellas, guardianas de sus muertos, vigilan para que las tumbas estén limpias de malas hierbas. Un pastor pasea a su cabra por los alrededores y no nos quita ojo mientras el animal se alimenta de las plantas de salvia que crecen sobre los túmulos.


Ya va cayendo la tarde y decidimos dar por terminada la visita al cementerio. Nos despedimos de los restos mortales del escritor. Pero su obra no. Se va con nosotros.

 

Moreno Villa: UN MALAGUEÑO EN NUEVA YORK-II Parte

Por ANDRÉS ARENAS

Hay un aspecto de su estancia en Nueva York que no le va a pasar desapercibido durante el tiempo que permanecerá en la gran urbe  y es la importancia excesiva del dinero en una sociedad como la americana. La causa principal del rechazo del padre es que el escritor, a pesar del informe de Mr. Fitt, no dispone de fortuna ni dispondrá de ella en el futuro. Esto parece ser norma sagrada para Mr Loucheim. Así lo testimonia Moreno Villa al escribir que «Todo aquí es negocio». Su libro Pruebas de Nueva York  es una manera de devolverle el golpe a su nefasto suegro quien antepone la riqueza material a cualquier otra cosa. JMV por el contrario hace gala de su señorío frente al materialismo que le rodea:

Yo siento el señorío de una manera más compleja que el hombre neoyorquino. Éste quiere tenerlo sobre los dólares, y yo, sobre mi sueño, sobre mi mujer, sobre mis pensamientos, sobre mis horas, sobre mi vida total. Montado en un concepto viejo, si se quiere; montado en una ilusión vana, yo soy más señor que ese hortera de hoy, millonario de mañana… ¿Para qué los dólares, si a los cuarenta años estoy en la ruina que veo? Prefiero paladear la vida…prefiero ser hidalgo de migajas a ser ganapán desriñonado y con oro.

Tal vez el malagueño esté pensando en Quevedo y en su ‘Poderoso caballero’, pero no ofrece duda de que esas reflexiones le hacen sentir una superioridad moral  que se puede comprobar en los versos de Jacinta la pelirroja:  «Abre Jacinta los ojos a la creación/ las manos y todo tu ser./ Que se caigan y se pierdan los dólares./ Hay un dólar de más alta valía,/ el que no resbala de la bolsa de cuero;/ el que se acuña y sale nuevo cada mañana;». Una vez más, presente en su obra esa actitud pigmaleónica de iniciación que le llevará a titular ‘Jacinta es iniciada en la poesía’ la segunda parte de su obra poética más conocida. Nada de extrañar tiene, habida cuenta de la diferencia de edad entre Florence, alumna suya seguramente, y una especie de tutor artístico suyo que tiene casi cuarenta años. Ya en el viaje de vuelta recapitulará en estos términos analizando la relación que parece resumirse en aquello de ‘ni contigo ni sin ti’: «Me había hecho a la idea de una compañera, y guapa. A mi edad debería haber escogido una mujer sensata y un tanto madura. No lo hice y lo pagué…Siempre me he enamorado de locas, tontas y brutas…Ella fue un remolino en mi vida». Así se entiende lo de liarse la manta a la cabeza que es como él titula ese capítulo en su autobiografía.

Los padres de Florence recurrirán a la artimaña de imponer una separación de tres meses a la pareja, circunstancia que ya le obligará a MV a pensar en regresar a España y a esperar a nuevos acontecimientos. Entre otras razones porque se va acabando el permiso que le han concedido en su trabajo e igualmente porque sus recursos económicos se están agotando. Sería conveniente señalar otro aspecto en el que Moreno Villa insiste mucho y que tiene que ver con la actitud necesaria para poder sobrellevar la serie de desventuras que le están sobreviniendo en su estancia en EEUU y que él expresa con dos palabras inglesas:

good sport. Esta expresión inglesa de no fácil traducción es la elegancia que él reclama para sí mismo a la hora de afrontar el trato vejatorio que está recibiendo por parte de sus posibles suegros, en especial del padre.  El mismo Moreno Villa, que en ocasiones afirma que nunca llegó a dominar la lengua de Shakespeare, se aventura aquí con una traducción de la expresión mencionada antes. Así para definir la situación de caos reinante entre la familia Louchheim y él mismo, escribe en sus memorias: «Todos queríamos guardar una compostura de buen jugador». Más tarde, ya en el muelle donde se despiden los dos amantes, Moreno reflexiona sobre el tiempo pasado con Florence/Jacinta en EEUU resumiendo su actitud en estos términos:  «Había que sostenerse digno. Hacerse el crédulo. No ofender. ‘Ser buen jugador’, como ellos dicen. Y en el barco, abrazos y llanto porque algo moría, en efecto». También se refiere a todo esto en Pruebas de Nueva York desarrollando la idea que le parece estar presente en el alma estadounidense:

Yo quisiera que el lector recordase lo dicho en estas cartas sobre el sentimiento pedagógico del ‘good sport’, y lo relacionase ahora con el sentimiento de fracaso. Se comprende que existiendo aquel no puede existir éste. Si ser ‘good sport’ no fuese más que poner a mal tiempo buena cara, quedaría en la bolsa del alma el resentimiento. Pero como no se trata de un disfraz sino de una convicción arraigada, puede más que los reveses de la fortuna. Y ella trae consigo elasticidad de ánimo, capacidad de reacción.

TEN YEARS LATER

No es difícil imaginar el estado de ánimo del escritor en un viaje de vuelta a España que no tendrá un final feliz como en caso de la pareja Juan Ramón Jiménez y Zenobia de Camprubí. Esta vez regresará a Madrid, citando a Gerardo Diego, “recién soltero”. Las palabras que recogen el comportamiento de los Louchheim con él son bastante generosas, aunque se permite alguna perla como cuando describe al que podría haber sido su suegro como a un enorme besugo, de ojos saltones y sin idea alguna en la cabeza.  El viaje de regreso durará poco más de diez días y el barco atracará en Vigo. Su estancia en los Estados Unidos se prolonga casi dos meses, desde finales de febrero hasta finales de abril. Tiempo suficiente para comprender que la suya es una relación prácticamente imposible, y no dudará en denominar la relación como un remolino, que produjo alegrías y también sufrimiento.

Diez años más tarde, mientras JMV se encuentra en el Valencia de la Guerra Civil recibirá un encargo por parte del Gobierno de la nación. Se trata de un viaje de propaganda cultural para pronunciar una serie de conferencias, que en principio no implicaban un contenido político. Una duda le va asaltar y es el que esta partida podría ser definitiva. El temor no será infundado. Su avión saldrá el día 3 de febrero  en dirección a Barcelona, luego pasa por Burdeos, llegando enseguida a París. Desde la capital francesa se dirigirá a embarcarse en el trasatlántico ‘Île de France’.

Han transcurrido diez años desde la anterior travesía a América. Diez años sin verse con Florence que ya está casada y  se apellida Osborn,  nombre original de su marido, curiosamente también escritor. Hubo posibilidad de un nuevo encuentro en estos diez años de intervalo, pues la pareja de los Osborn pasarán por Madrid en 1930 e intentarán ver a JMV, sin éxito pues  las heridas estaban todavía recientes y el malagueño no desea remover viejos sufrimientos. Pero si a los tres años de su ruptura aún era demasiado pronto para volver a verse, ya a los diez la cosa cambió y sucumbirá a la tentación de volver a verla.  Así que tras pronunciar varias conferencias en centros educativos, se reunirá –tras escribirle una carta- con el hermano de Florence y con sus padres en Washington. Las cosas habían cambiado desde 1927 y ahora los Louchheim se mostraban mucho más amables al ver a JMV ya no como a un posible candidato a la mano de Florence (pues ya estaba casada), sino como un personaje con un cargo importante de en la Embajada española. En la citada reunión se enterará el español de que Florence estaba en México, curiosamente arreglando su divorcio. La ocasión parecía ideal pues Moreno Villa se encontrará  con un antiguo amigo mexicano, Genaro Estrada, que le propone trasladarse a vivir a México, siguiendo la estela de muchos de los exiliados que tuvieron que huir de la España franquista. El caso del malagueño será uno de los ejemplos más claros de integración en el nuevo país, así escribirá sobre arte, geografía y literatura del país azteca.

Una vez que MV ya conoce la ubicación de su antiguo amor el encuentro con Florence parece ser buscado, a pesar de que él insinúa que todo fue fruto de la casualidad. Así lo expresa en su autobiografía: «A mediados de junio, estando en Prendes con Genaro, distinguí a Jacinta cenando con un individuo…Me acerqué lentamente dominándome. Nos dimos  las manos con un apretón largo  y me senté con ella y su acompañante». Se reanuda entonces una relación que, a juzgar por el testimonio de MV, está más viva de lo que cabría esperar en un hombre ya de 50 años. Una vez terminada la comida, se traslada todo el grupo al hotel de Florence donde cantan y beben, con lo que la pasión de JMV parece avivarse.

El escritor malagueño nos da cumplida cuenta de los días pasados en Taxco, donde se desplazarán tras el encuentro en Ciudad de México. Allí relata la intensa vida social que lleva Florence: deporte, excursiones a caballo, tertulias, alcohol….y relaciones sexuales. Diez años después la ´flapper` americana sigue haciendo una vida parecida a la que llevaba en 1927 cuando se conocieron en Madrid. Seguro que JMV ya no siente celos con la misma intensidad que diez años antes en New Haven. La historia parece repetirse una vez más y esto provoca una sensación parecida a la que siente al embarcar de regreso a España: «Salí de Taxco sin sentir el corazón». En cualquier caso se cierra la posibilidad real de reanudar una relación que a Moreno Villa ya le coge con demasiada edad para nuevas aventuras amorosas y a Florence ya en proceso de divorcio de su primer marido. Sin embargo entre ellos dos quedará una amistad residual que se mantendrá hasta la década de los 50.

En el año 1939 se casarán tanto JMV como Florence. Él se casará con la viuda de Genaro Estrada que fue el artífice de su llegada a México. En Vida en claro nos relata de una forma conmovedora como su amigo agonizante le encarga que cuide de su familia, petición que hace igualmente la madre de Consuelo, su futura esposa. Florence se va a casar en segundas nupcias con un holandés Bastian Stol, cuyo apellido tomará, habida cuenta que su padre  le ha prohibido el uso del apellido familiar. A pesar de todo Mr. Louchheim le pasa una asignación mensual que le permitirá ejercer de marchante en el mundo del arte. Así se explica lo que JMV había escrito en el poema XII de la primera parte de Jacinta la pelirroja en donde queda de manifiesto la querencia de su amada por el dinero:  «Jacinta compra un Picasso a tres tonos:/ rosa, blanco y azul./ Me recibe brincando. Y me abraza:/  ̶¿No ves qué línea?  ̶dice./ ¿No ves qué fuerte y qué dulce?/ Y Jacinta besa la mano./ La mano que dio los dineros./ Dinero por arte». De hecho a su sobrina Mary le legará dos Mirós.

En la década de los años ’50 Florence  compra una casa antigua en Vernon (Vermont) con animales de granja, allí se carteará con JMV. Se conservan dos de ellas en el Archivo del autor en la Residencia de estudiantes. Por su interés reproducimos aquí fragmentos de las dos últimas cartas que se conservan de Florence a JMV, tomadas del archivo del escritor en la Residencia de Estudiantes de Madrid. En la primera (11 abril de 1951) la americana explica sus razones para radicarse en esa casa: «Tengo aquí en Vermont mi casa de campaña donde puedo vivir cuando la vida y los ruidos de Nueva York me den demasiado miedo… N.Y. ha mucho cambiado y hoy es la gran capital cultural del mundo con gente de donde quiera». Su dedicación al mundo del arte queda patente en el final de la carta: «A Nueva York hubo hace una semana chez Pierre Matisse una exposición hermosíssima de las pinturas y esculturas de Miró, uno de mis predilectos». Queda claro que Florence ha olvidado el español, ahora que ya no tiene un profesor particular como en 1927. La siguiente carta está fechada el 18 de mayo, seguramente del mismo año que la anterior y en ella le contesta a las preguntas del malagueño sobre su apariencia física actual: «Sobre qué aspecto tengo, creo que más o menos lo mismo. Las mismas medidas, el mismo color. Aunque tengo un toque gris en el pelo no parece gris, sino que la mezcla me da un color rubio más claro». En esta carta se trata de un asunto que pudo tener su importancia en la relación de los antiguos enamorados. Florence deja caer que la redacción de VenC  pudo haber liquidado la relación entre ellos dos, igualmente sugieren Neira y Ballesteros y esto es una hipótesis plausible a tenor de sus palabras:

Sabes que eras siempre un poco malicioso, y tus juicios sobre la gente eran a menudo muy subjetivos, lo que probablemente explique todas las cosas malas que dices dijiste sobre mí en tu autobiografía. ¿Cuándo me enviarás un ejemplar?

Cabe suponer que si en verdad le mandó a ella la autobiografía seguro que no le hizo mucha gracia, pues el papel que allí se le asigna no es como para estar orgullosa. Por otro lado la idea del ‘good sport’ debería haberle hecho a ella entender que la deportividad para encajar las situaciones adversas de la que tanto alardeaban empieza por uno mismo. Muchas de las piezas de este rompecabezas que empezó con la relación inicial entre JMV y Florence Louchheim se pudieron encajar gracias a la investigación del profesor Maurer. En ella logró localizar a Mary, sobrina de Florence, quien al parecer no le habló apenas de su novio español. Jacinta murió el 11 de junio de 1967 como consecuencia de un cáncer en un hospital de Vermont. Doce años antes murió José Moreno Villa en Ciudad de México, quien en 1952 menciona en un poema a Florence: «Topé contigo una noche fría. Eras caliente y acerba. Del brazo nos fuimos./ (…) Me equivoqué y nos fuimos lejos, lejos. A pasear por aceras que soportan un centenar de pisos./ Y allí luchamos con nuestros destinos adversos./ (…) Pero el error fue mío. La equivocación sólo mía./  (…) La equivocación me fue favorable. La prueba está en que te mando un abrazo después de un cuarto de siglo». Lo que cual deja en claro que la relación de Florence y de Pepe fue, por lo menos para el español, una experiencia que marcó su vida, y que hubo un antes y un después. En su libro Carambas  (1931) introduce JMV unas palabras que podría ser el colofón de esta fascinante historia de amor, pues tal vez esté pensando en Jacinta cuando las escribe: «Fíjate que depende de ti la vía láctea/ y que nada está suelto en esta carambólica vida”.

FICCIÓN POWER: Viceversa

 

Por SALVADOR PERÁN

Sin una explicación racional que lo justificara y, desde luego, sin datos fehacientes que lo respaldaran, resulta que un buen día todos le dimos por muerto. A mí nadie me comunicó su fallecimiento, pero estaba convencido de que había abandonado este extraño mundo. No hubo esquelas ni duelo, simplemente se le tuvo por finado; hasta el punto de que cuando se cruzaba por la calle, las pocas veces que salía, se hacía como si no se le viera. Lo curioso es que se le olvidó en el presente y en el pasado. Nadie lo recordaba ni conservaba datos que demostraran que había existido. Claro que, si alguien te preguntaba, cosa que no ocurría nunca, qué si conocías a fulano, tenías que decir que sí como disculpándote, porque su presencia era tan irreal como su memoria.

El caso es que de vez en cuando se hacía notar mandando artículos a la prensa local que pasaban como si fueran espacios en blanco. No se sabe de alguien que hubiera leído algún trabajo suyo y mucho menos después del ostracismo. Aislado en su domicilio y sin relaciones conocidas pasaba los días entregado a la misantropía, cuando saltó la noticia. Un visitador social enviado por el ayuntamiento encontró en su casa un túnel que conectaba con antiguos pasadizos que fueron calles de una ciudad sepultada hace más de mil años por las nuevas construcciones. Avisados los bomberos se buscó su rastro durante más de un año sin resultado alguno, hasta que un día un compañero de colegio lo reconoció sentado en un banco del parque mostrando un aspecto inmejorable. Estuvieron hablando un rato y al despedirse vio que se marchaba con la agilidad de siempre hasta la parada del autobús en el que se subió sin volver la vista atrás.

Moreno Villa: UN MALAGUEÑO EN NUEVA YORK

I parte

Por ANDRÉS ARENAS

La relación que Moreno Villa mantuvo con la americana Florence Louchheim durante la década de los años veinte y treinta va a tener una importancia capital en la vida del escritor. Éste viajará a Madrid desde su Málaga natal en 1910, cuando cuenta con 23 años y ya ha pasado unos años en Alemania, adonde viajó para cursar estudios de Química que le serán de utilidad para hacerse cargo del negocio familiar. Los años de Madrid le servirán para darse cuenta de que su vocación no iba encaminada hacia las Ciencias y sí por la historia del Arte, estudios que emprenderá en la Universidad Central de Madrid y que le servirán para ejercer como tutor en la Residencia de Estudiantes. Allí se traslada a vivir gracias a la invitación que su paisano Jiménez Fraud le hace para que “influya en el ambiente de la casa…. sin cargos ni reglamentos”. Un estatus ideal gracias al cual dispondrá de tiempo libre para leer, escribir y pintar, asegurándose así la supervivencia. Tan a gusto se encuentra en esa nueva ubicación que prácticamente permanece allí desde 1917 hasta el año 1936, en que la guerra civil le obligará a trasladarse a Valencia.

Básicamente son tres los libros en los que JMV nos va desgranando los detalles de su relación amorosa y de su viaje a América. El más importante es su autobiografía Vida en claro (1944) donde le dedica a Florence varios capítulos, Pruebas de Nueva York (1927) publicación que recoge las impresiones que le ha causado la gran urbe y Jacinta la pelirroja (1929) que sería una especie de correlato poético del libro anterior. Pero no será la relación con Florence su primera experiencia amorosa pues en sus memorias sí se menciona la primera vez que se liará “la manta a la cabeza” refiriéndose al enamoramiento que precederá al de la americana. Se trata de seguir por primera vez el impulso de la pasión con una moza de la provincia de Cuenca, que el escritor describe como “dulce y sabrosa”. La relación acabará con la muerte de la muchacha aquejada de tuberculosis, que en esos años equivalía a una muerte segura. Así que, tras estar ella internada en el Sanatorio de Valdelatas, fallecerá dejando al poeta sumido en la mayor de las desesperaciones.

El encuentro entre JMV y FL se producirá a instancias de Jiménez Fraud a finales de noviembre de 1926. Seguramente su amigo pensó que un entendido en Arte como era el malagueño podría encajar perfectamente en la reunión, ya que la chica americana venía altamente recomendada por pertenecer a una de las familias más adineradas de Nueva York y ser ella gran aficionada al mundo de la pintura. Era pues Moreno Villa una persona ideal para tal cometido y seguro que causó buena impresión en Florence a juzgar por los acontecimientos que ocurrirán posteriormente. Recordemos que JMV tiene en esa fecha treintainueve años, pero él quedará asimismo embobado por ella, sin duda bastante más joven que él. La impresión que él causó en ella debió ser muy favorable también ya que no tardará en ir en su búsqueda esa misma noche a la Residencia, acompañada del secretario de la Embajada de EEUU.

Moreno Villa no ahorrará cumplidos a la hora de describir esa primera impresión: «Era una joven yanqui, rubia y admirablemente formada y vestida» . También en Pruebas de N.Y. nos ofrece un retrato más completo: «Alta y elástica, dura y blanda en sus puntos y según leyes de perfección….sin memoria ya de camisas, corsés, fajas …sin retemblores de carne flácida» . Será el prototipo de una ‘flapper’ de la época que eran aquellas mujeres liberadas que exhibían su libertad en el pensar y en el vestir. Hay que recordar que hasta hace poco no se conocía con precisión quién era la enigmática mujer de la que se enamoró perdidamente el malagueño. Gracias al profesor Christopher Maurer ya sabemos que la pelirroja Jacinta no es otra que Florence Louchheim, de apellido familiar; Florence Osborn, de su primer matrimonio y Florence Stol del segundo. Los Louchheim eran unos magnates de Filadelfia, el padre era un agente de bolsa y su tío el fundador de la CBS.

Tras el primer encuentro que tuvo lugar a fines de noviembre del año 1926 parece que, como ya se mencionó, Florence asimismo quedará impresionada, seguramente por los conocimientos de Arte que Moreno Villa poseía como tutor de estudiantes que era en la Residencia. No tardará la americana en buscar un nuevo encuentro aquella misma noche con un Moreno, que sin duda se vería sorprendido por la soltura que mostraba ella para hacer lo que le venía en gana, sin prejuicios de ningún tipo. Los dos acompañados del secretario de la Embajada americana se dirigirán a casa de un amigo de ella situada en la calle Serrano. Escucharían allí la música que entonces era el colmo de la modernidad y tal vez ella le invitase a bailar al ritmo del jazz. No es de extrañar que a JMV le provoque algo más tarde la siguiente reflexión:
Oigo decir a la mujer americana que ella toma lo que quiere y en el momento que lo desea; que no se entrega ni se da, sino que agarra…el hombre se resigna a ser tomado…Quien monta el caballo y rapta a su amante no es el doncel sino la doncella.

El flechazo se debió producir bien pronto por la reacción de ella y por parte de él pues asegura que quedó fascinado ante su presencia y belleza física. Aturdimiento que se acrecentaría esa misma noche al cambiar de casa y dirigirse al domicilio de Florence con otros amigos, lo que sin duda era algo poco habitual en los años veinte en la España de Alfonso XIII. Allí beberán y charlarán gracias a la mediación lingüística de ella que actuará de intérprete para facilitarle la comunicación a JMV. Las peripecias de ese día se relatan con detalle en la autobiografía del malagueño donde se nos describe casi minuto a minuto ese encuentro que tanta trascendencia tendrá en su vida. Así pues, la pareja desean estar solos por lo que se liberan de la compañía de sus amigos y se dirigen a un café de la calle de Alcalá. En su interior Moreno Villa descubre, al fijarse en las facciones de ella, el origen judío de la americana y no tardará en decírselo, lo cual provocará cierto rubor, confusión y bochorno en la joven. No tendrán que esperar mucho para el reencuentro que ocurre al día siguiente, inaugurando así una serie de citas pues la amistad «irá creciendo rápidamente». El grado de intimidad que van adquiriendo lo despacha el malagueño con estas líneas: «Quiso enseñarme inglés y todas las noches nos reuníamos en su casa para leer. De las lecturas pasamos a los dibujos y de éstos a las conversaciones íntimas y a los primeros besos» . El romance se ve interrumpido debido a la gripe que le impedirá verla, aunque se consolará con las cartas que ella le envía. A la reanudación de las relaciones ya se empiezan a plantear la idea del casamiento, sobre todo alentados por el nuevo trabajo que le han ofrecido a JMV como editor de la revista de la Sociedad de Arquitectos, lo cual vendrá a paliar su ajustada situación económica. El ofrecimiento por parte de Florence de aportar la misma cantidad que ingresaba al mes el malagueño hará que la idea de contraer matrimonio se acelere, llegando los dos a buscar un piso donde vivir. Sobre la relación de ambos que apenas llevan juntos tres meses se pronunciarán algunos familiares directos suyos en términos bastante reprobatorios.

Como es natural Florence pone en conocimiento de sus padres y de su hermano la inminente boda. Los contrayentes están en un estado de nervios insostenible, lo cual les lleva a frecuentes riñas en una de las cuales llegan a tal punto que casi anulan el compromiso. Todo ello se recoge en los textos complementarios de Vida en Claro en unos términos que describen lo que parece un enfado de quinceañeros: «Me abandona en la Puerta del Sol…Le afeé su conducta y reñimos. Salí como para no volver. Fue a buscarme a la cervecería Heidelberg y salimos para enviar un telegrama diciendo que rompíamos compromiso. Reanudamos la amistad antes de enviar el telegrama» . La relación entra en los terrenos de la inestabilidad propia de una pareja que se lleva muchos años de diferencia. Los padres de ella, alarmados ante la rapidez con la que se están desarrollando los acontecimientos, optan por enviar una persona de su confianza para que les informe acerca de la seriedad de las intenciones del novio. Los informes de este caballero inglés, Mr. Fitt, son al parecer inmejorables, pero no suficientes para que los posibles suegros de JMV se queden tranquilos. Éstos insisten en que la boda no debería celebrarse sin que ellos puedan conocer en persona al español. De esta forma el plan de la pareja de contraer matrimonio en una ciudad del sur de Francia queda desbaratado y deciden reunirse con sus futuros cuñados en Génova y desde allí tomar el barco en dirección a Nueva York.

La timidez de JMV le hace ser escéptico ante la inminente travesía. Una de las razones que Moreno esgrime para su malestar ante el viaje se debe a su desconocimiento de la lengua inglesa. Por ello le asaltan dudas esgrimiendo que «no sabiendo el idioma toda persona pierde personalidad y hasta hace el ridículo». Ese complejo de inferioridad que suele estar presente y actúa, como si a los españoles nos costase más que a otros pueblos hablar un idioma extranjero. La pregunta que procede es “¿Cuánto inglés sabía el español?”. Pues seguramente más de lo que él pensaba, habida cuenta que ya conoce el alemán por su estancia en Friburgo y además ha pasado algún tiempo en Inglaterra.

Ante todos estos signos de desconfianza hacia él por parte de los Louchheim no es de extrañar que JMV se sienta incómodo y tenga la sensación de que lo quieren poner a prueba. Pero hay otro detalle en la anatomía de Florence que no le pasará desapercibido y lo mencionará un par de veces en sus memorias. Se trata de una protuberancia en el cuerpo de la muchacha que le llena a él de inquietud pero que, así lo aseguraba ella, se podía corregir con una pequeña intervención. Poco después ya en Nueva York ella le pedirá que le acompañe a ver a la cirujana para hacerse la operación para extirpar el fibroma, operación que no se realizará porque Florence no puede aguantar los dolores de la intervención, con lo que deciden aplazarla.

El encuentro en Génova con sus hermanos empieza bien pero no tardará en producir un efecto negativo en Florence una vez embarcados, por lo que ella le sugiere a JMV bajarse del barco y casarse en Francia como habían planificado desde un principio. Sugerencia que él descarta y decide continuar el viaje, a pesar de que «algo se había levantado entre nosotros».

Si tuviésemos que dividir cronológicamente la ida y la vuelta del viaje de Moreno Villa a EEUU debe recordarse que la pareja se conocen a fines de noviembre de 1926, su relación se prolonga hasta el 16 de febrero del año siguiente, fecha en que los dos salen de Madrid, pasando por Barcelona, hasta Génova, y desde allí hasta Nueva York. En esta ciudad permanecen juntos hasta el 21 de abril de 1927.

La relación de la pareja con la familia de ella resulta la crónica de un final anunciado. Los padres se muestran amables al principio, pero no tardan en pasar a un enfrentamiento claro con los dos jóvenes: a él no le consideran el candidato idóneo que ellos hubiesen querido para su hija y a ella amenazarán con desheredarla. Las relaciones se van deteriorando hasta el punto de que Florence le recomienda contratar a un abogado para que pida una indemnización por daños y perjuicios. Sugerencia que el español rechaza. El deterioro entre la pareja y su padre llega a tal punto que en una ocasión les falta poco para llegar a las manos:

Sólo una vez se descompuso el padre delante de mí. Fue una noche en que ella me hizo subir a su apartamento, durante una de sus rachas de optimismo. Estábamos los dos en un sofá, charlando de lo de siempre, cuando entró su padre. Al verme se le desorbitaron los ojos. Me saludó con una inclinación de cabeza y enseguida se dirigió a ella en inglés. Yo no entendía nada, pero notaba que el diálogo se tornaba disputa y que iba subiendo de tono. Jacinta llegó a contestar algo muy duro, porque vi que su padre levantó la mano trémula e iba a descargarle un golpe. Me puse en pie y me acerqué diciendo: «No, eso es demasiado». El padre se volvió a mí con los ojos arrasados de lágrimas y dijo algo, saliendo inmediatamente. Ella, como loca, se levantó, se dirigió a otro cuarto y se puso a componer las maletas. Me dijo que se iba a un hotel. Que su padre la había expulsado y dicho que no contase con él en adelante. Que ahora seríamos los dos solos.

Para Moreno Villa las cosas estaban tomando un cariz tan desagradable que parecía algo muy complicado seguir con los planes de boda. Así sentenciará en pocas palabras todo aquel desconcierto: «Eran tantas las variaciones de criterio en aquellas gentes, que ni podía retener el orden de los acontecimientos». Por otro lado pasaba el tiempo y los gastos de la estancia se hacían cada vez mayores para JMV, así que decidirá abandonar el hotel en el que estaba y a alquilar un cuarto más barato cercano a la Universidad de Columbia. Durante este tiempo escribirá y dibujará acerca de sus impresiones en EEUU, lo que tras regresar a España se publicará en diciembre con el título de Pruebas de Nueva York.

Continuará…

POESÍA POWER: (Cun’t) be a man



Por CHRISTINE FÉLIX GARCÍA

 

Justo en la entrada, una ventana abierta ilumina la sala. Bajo la misma, unos versos en la pared blanca  se esparcen como la luz y revelan que el Proyecto (Cun’t) be a man planteado por Martín de Arriba y Angelo Nestore va mucho más allá: ‘E io chi sono?’

Responder a esta pregunta trascendental no es fácil. De ahí que la poesía y la fotografía busquen acercarse a la realidad. Esa que se nos escapa de las manos justo cuando creemos atraparla con los sentidos y el ojo se convierte en cámara, esa realidad  que nace de lo personal y se hace presente cuando desde los sentidos atraviesa nuestra piel y se interioriza para volver al exterior hecha poesía.

En esta exposición, diez fotografías nos acercan al  cuerpo que cada uno habita, contienen la fuerza y sensibilidad de la vida, la búsqueda de la identidad muy alejada de la cosificación de la carne tan escenificada hoy en día.

Paseo despacio deteniéndome en cada fotografía. Lo que se ve, lo que no se ve, lo que hay o no hay con sus luces y sombras.  Ya son las ocho de la tarde, la sala comienza a llenarse de besos, de abrazos y de miradas cómplices.

Martín con su sonrisa  invita a entrar, acompaña jubiloso, mostrando su obra mientras Ángelo saluda afable y acoge sin perder de vista a nadie. Hay mucho esfuerzo tras este trabajo y ahora está ahí, como una fruta madura abierta en una calurosa tarde de verano, un 11 de julio en Málaga. Reconozco a Violeta Niebla  por su sonrisa de media luna y porque se mueve entre los asistentes como la ondulación de sus rizos. Poco después distingo a Tomás Cohen, todo ojos que va posando con serenidad, unos ojos que cuando tropiezan con otros ojos transmiten un estoy aquí y te reconozco en mí. Entonces me doy cuenta de que la sala se ha llenado y todos formamos parte de este Proyecto. El Ateneo se convierte en un espacio  para dar cabida a distintos cuerpos. Porque como dice Ángelo Nestore todos los cuerpos son “hermosamente distintos”.

Entonces Ángelo comienza su lectura de poemas desde el espacio de la intimidad, la desnudez en la ducha, bajo el agua, lejos del móvil, lejos de los ojos de los otros, “El agua fría me trae a mi cuerpo/ escondo el pene entre las piernas”. Las fotografías de Martín vuelven a mi mente y cada pieza encaja en un pensamiento, en un verso.

 

DE CUANDO ME EQUIVOQUÉ DE BAR

Yo soy de esa clase de amigos

que siempre pide otra ronda en los bares.

No tengo hijos,

soy el hijo único de una dinastía de bastardos

que se llena el estómago y se autodestruye.

Mis amigos, sin embargo, son padres,

de esos que buscan una excusa para volver tarde a casa,

siempre me invitan a otra,

nunca quieren que me vaya.

Ellos me miran y cien veces

me cuentan cien veces lo difícil que es

la suerte que yo.

Ellos no ven las hormigas que trepan por mi pierna,

no las ven.

Beben tiempo con su boca de padres,

tragan tiempo con su saliva de padres

y yo me vuelvo cada vez más pequeño

y sus hijos cada vez más grandes.

Y con cuarenta, con cincuenta,

volveré al mismo bar de la esquina

y entonces los que hoy son niños se preguntarán por qué

tantas hormigas en mi boca,

por qué el amigo de sus padres se sigue creyendo joven.

Con cincuenta, con sesenta,

quién me llevará a casa,

quién guardará mis huesos bajo las sábanas.

Con sesenta, quizás, con setenta

quién contestará a mis preguntas,

quién me dirá lo difícil que es,

la suerte que yo

cuando un día me confunda y pida otra ronda

frente a la sola luz de mi nevera.

 

    Es el turno de Violeta Niebla, de su lectura me cautiva el chispeante y sutil “Ahora soy un hombre”. Si yo fuera un hombre, me dejaría la barba de tres días nos cuenta risueña. Guarda un cómplice silencio y añade: … y sería un hombre muy guapo.

Como es un poema inédito podéis ver la lectura que hace ella misma en redes:Ahora soy un hombre

Para finalizar, Tomas Cohen  realiza una selección de poemas, unos inéditos, otros de  su libro Redoble del ronroneo, que no voy a transcribir  por temor a no marcar correctamente la pausa de sus versos de una musicalidad exquisita. Sirva como muestra:

Cuando descanse mi cabeza en tu antebrazo

y ése no sea tu antebrazo

ni ésta mi cabeza

serás, sortija, el portal que no me saco,

la reina de una baraja

tu olvido comerá mi boca,

te habrás vuelto una canción

cadáver virgen a punto de la tierra,

en brazos de hormigas te cargaré miles de veces

 

Son casi las diez de la noche, vuelvo a casa, las calles me parecen más anchas, los tejados de los edificios son transparentes, mi vista atraviesa espacios insospechados, y de pronto respiro un  mundo tan múltiple, tan lleno de posibilidades, que casi lo puedo tocar.

Esta exposición fue organizada por Sandra Lara, Carlos Bolívar y la vocalía de Artes Plásticas del Ateneo de Málaga.

 

 

 

 

Libricidio

Por MANUEL SÁNCHEZ VICIOSO

He retomado mi vieja costumbre de montar en bicicleta casi todos los días después de que el nuevo especialista de la próstata me dijera que me haría más bien que mal el bicicletear. Así que estoy contento de que el sudor se lleve los malos rollos que me producen algunos comportamiento políticos y humanos como el que contaré.

Vi tirados en el suelo un montón de libros, que podía pertenecer a una biblioteca doméstica, en el llano propiedad de la multinacional Repsol, situado entre Sacaba Beach y la desembocadura del Guadalhorce en Málaga. Antes fue espacio para marginados sociales en chabolas, la policía local los desalojó, según el político municipal “por su bien”. El solar está sin vallar, pues el ayuntamiento no exige al dueño rico que lo cierre, o lo valle y se lo cobre a Repsol como hace con otros propietarios de solares.

El caso es que las decenas de libros, en buen uso, todos tirados, ninguno estaba erguido, mancillados a consecuencia de la decisión libricida de, supongo, su desdeñado dueño. Soplaba poniente y amenazaba terral. Sentí dolor. Algunos libros abiertos movían las hojas como alas, como queriendo volar hacia una biblioteca para salvarse del oprobio cometido, del deterioro y la muerte.

Es cierto que hoy desprenderse de libros es difícil, pocos los quieren, no sólo por la irrupción del libro on-line, sino también porque hay pocos lectores y por falta de espacio para libros. Cuando tuve que desprenderme de pocas decenas de ellos, por cambio de vivienda grande a chica, anduve errante entre bibliotecas colegiales y municipales y no logré colocar ni uno, pero no los tiré. Mi compañera tiene un amigo, que también es amigo mío que vino por los libros y se los llevó.

Juan, El Buen Librero, más que amigo de los libros es su amante, además de un lector empedernido. Juan vino a nuestra casa con su coche y se los llevó. Juan y Antoñita tienen una casa que es la Casa de los Libros, sola y exclusiva para ellos. Su Casa de los Libros no es El Cementerio de los Libros Olvidados que popularizara Carlos Ruiz Zafón en su primera novela de la tetralogía La sombra del viento que les siguió El juego del Ángel, El prisionero del cielo y El laberinto de los espíritus. Los libros en La Casa de los Libros no están olvidados, se usan.

Juan me dijo los libros los tiene en depósito, que los libros son míos y que puedo venir a verlos, a olerlos, a tocarlos y a leerlos cuando quiera.

El autor del libricidio y desahucio que me ocupa tenía otras alternativas para desprenderse de los contenedores de sabiduría antes de tirarlos que eran donarlos a la Asociación de Vecinos Torrijos de mi barrio de Huelin, que todos los años regala todos los que recoge de donaciones el día 23 de abril que es el Día del Libro en la puerta del mercado municipal de la zona. Otra opción es donarlo a la biblioteca de El Borge, en la Axarquía de Málaga, que la bibliotecaria bien sabe qué hacer con los libros que ya no pueden vivir donde vivían. También existe alguna asociación que vende los libros donados a un euro, lo recaudado lo invierte en comida para comedores sociales. Y por último podía haberlos vendido al peso en una chamarilería para ser reciclados y convertirse nuevamente en cultura o en bolsas de papel que deben sustituir a las bolsas de plástico.

 

 

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El episodio desconocido de Bertold Brecht en Málaga

Taller La Palabra Creadora

Francisco Chica dedica la sesión a José de la Calle, traductor de Brecht y amigo

La sesión versa sobre la pieza teatral Los fusiles de la señora Carrar, escrita por Bertold Brecht, estrenada con su título originario, Generàle über Bilbao —«Ge-nerales sobre Bilbao»— en París el 16 de octubre de 1937.

Brecht había tratado el tema de la madre en varias ocasiones, era un asunto capaz de movilizar a la gente y encajaba a la perfección en su concepción del teatro épico. Inició el ciclo con la adaptación al teatro de La madre de Gorki, estrenada en Berlín en 1932. En 1937 escribió Los fusiles de la señora Carrar, obra en un acto, cuyos montajes en Europa y América dieron a conocer en todo el mundo lo ocurrido en la carretera Málaga-Almería durante la huida de los republicanos. Se consagró con Madre coraje y sus hijos, tras su estreno en París en 1941 de manos de Helene Weigel, su esposa, formidable actriz e intérprete de todo su teatro. El ciclo se cerró con Antígona de Sófocles que Brecht reescribió y estrenó en 1948.

La acción transcurre en un pequeño pueblo de pescadores que auxilian en lo posible a quienes huyen de Málaga buscando un lugar donde sentirse a salvo. Brecht señala el momento de los hechos: «una noche de abril de 1937». La madre, Teresa Carrar, personaje central de la obra, se ve obligada a asumir la responsabilidad y el sostén de la familia una vez que su marido, convencido republicano, pierde la vida en el frente. Logra convencer a Juan, el hijo mayor, para que abandone el frente y sirva de sustento a la familia con lo que saque del mar, pero el menor, José, prototipo del miliciano, desea marchar a la línea de combate para vengar al padre. Teresa se opone contra viento y marea a que sus hijos corran la misma suerte que su marido. Cuando Pedro Jaqueras, obrero republicano, entra en su casa dispuesto a llevarse los fusiles que su marido tenía escondidos, ella se niega a dárselos categóricamente: «tendrás que matarme».

El asunto nos remite a la Antígona de Sófocles, una mujer angustiada que debe optar entre la obligación familiar y los dictados de su propia conciencia; convencida de que «Quien a hierro mata, a hierro muere» —frase que constituye de hecho el gran lema de la obra—, la señora Carrar confiesa: «No quiero que mis hijos sean soldados; no son reses para el matadero.»

Francisco Chica sostiene que Brecht estaba bien informado de lo ocurrido en Málaga durante la guerra, de sus detalles y de los escenarios y circunstancias en que transcurre: menciona a ‘los acaparadores’, dueños reales de las barcas que alquilaban a los pescadores y de la cosecha que sacaban del mar, implacables depredadores. Esos personajes eran los verdaderos enemigos del pueblo; de ellos dice la madre «¿Cree usted que los acaparadores no nos arrancarán la piel cuando nos hayamos deshecho de los generales?». Brecht se hace eco también de la cuestión del Comité de No Intervención en la guerra española y de la postura neutral que mantenía Inglaterra. Habla igualmente de Queipo de Llano y de sus célebres partes por radio en apoyo de los sublevados. Cita y hace resonar el lema acuñado por los republicanos ante el asedio de la capital de España —«No pasarán»—.

La obra no ahorra detalles sobre la situación que vive el país, vista desde los escenarios y la costa donde transcurren los hechos: la presencia en España del Batallón Thaelman (cantado por Emilio Prados en uno de sus poemas), las distintas posturas de todos los sectores sociales y sobre todo la miseria y el hambre de la gente.

Los bombardeos alcanzan su mayor virulencia cuando la gente que huía por la carretera de Almería, es ametrallada desde el mar y el aire —en una macabra operación conjunta de las tropas franquistas y las enviadas desde Italia por Mussolini—. Ante tanta violencia desatada, Teresa Carrar decide no participar en ella, negándose a entregar los fusiles escondidos por su marido en un lugar que sólo ella conoce. Será la opción pacifista que asume la madre la que desencadene la tragedia con la que acaba la obra haciendo que el final estalle y se precipite en un instante.

Otra idea interesante de Francisco Chica, es la aproximación o semejanza que percibe con el teatro de Lorca, sobre en sus tragedias La casa de Bernarda Alba y Bodas de sangre. Cita dos ejemplos: uno, en boca de la madre, «Nosotros no somos agitadores ni nos enfrentamos con nadie. Si fuera por vosotros, probablemente lo haríais. Tú y tu hermano sois por naturaleza irresponsables. Os viene de vuestro padre […]. Somos pobres y los pobres no pueden permitirse la guerra.»; y, dos, de acotaciones a una escena «Entran dos mujeres con las manos cruzadas. Se colocan contra la pared, y por la puerta abierta los pescadores entran, sobre una vela [de barco, como una sábana] empapada de sangre el cuerpo muerto de Juan Carrar […]. La madre permanece sentada y rígida y las mujeres rezan en voz alta».

Brecht volvió sobre la ‘Desbandá’ en Terror y miseria del tercer Reich, donde un capítulo se titula: «Se conoce en los cuarteles el bombardeo de Almería».

Algo confiere a la obra una actualidad incontestable: la persecución de unos personajes que huyen despavoridos carretera adelante en busca de un rayo de esperanza se convierte en el trágico símbolo de situaciones similares repetidas en otros escenarios hasta nuestros días. Notoria vigencia en terribles hechos actuales.

Para terminar, ideas y propuestas que vinculen al autor y a Málaga: a) Los fusiles de la señora Carrar debería incorporarse al programa teatral de Málaga como un capítulo más de su historia que no hay que olvidar, la otra cara del Paraíso que cantó Aleixandre; b) para los organizadores del Festival de Teatro de Málaga, creación de dos premios ‘Premio Bertold Brecht’ al mejor autor y ‘Premio Helene Weigel’ a la mejor actriz; y c) ya que en el callejero de Málaga abundan los nombres de escritores y artistas que nada tuvieron que ver con ella —Mozart, Plutarco, Marc Twain, Tchaikovsky, Molière, Paul Valery, Albert Camus, Virginia Wolf, Joyce y un largo etcétera—, ¿por qué no dedicarle una calle al señor Brecht que llevó a los escenarios de todo el mundo la historia de una tragedia que hay que conocer para que no se repita?

Corazón de amazona

Por VICKY MOLINA

Visita el Museo Thyssen, se toma un refresco cola y sube por calle Compañía para dirigirse a la que ya es su casa para presentar su undécimo libro de narrativa y poesía “Años de luz y niebla”, una biografía con la que pretende conjurar al olvido. María Antonia García de León es una mente en estado de rebeldía, pilar del movimiento feminista que se ha ido reinventando “desde la libertad y no desde el sometimiento”, como apunta Ivonne Sánchez Barea, Presidenta del Capítulo Español de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna Internacional, sobre este texto biográfico: “Desde los silencios de la Guerra civil se rescata a sí misma gracias a su riqueza imaginaria, mostrando la inmovilidad de la niña-mujer en contraposición con el niño-varón”.

En esta obra se encuentran algunas de las mejores páginas de toda su obra, como la propia autora reconoce: “El libro es un ajuste de cuentas conmigo misma para comprender, limpiar, perdonar. La vida en sí ya es un Safari peligroso y la melancolía es una pésima acompañante por eso me encanta la frase de la Biblia Todo lo hago nuevo”, afirma la socióloga, quien ha escrito numerosos ensayos sobre Género y Poder, específicamente sobre las mujeres élites profesionales, como Élites discriminadas, Rebeldes ilustradas, Las académicas, Herederas y heridas, Cabeza moderna/Corazón patriarcal.

De Años de Luz y Niebla (Contra la conjura del olvido), Ed. SIAL – 2018, se han escrito estas elogiosas críticas:

Beatriz Moncó, profesora de la UCM, antropóloga y escritora: “Una obra bien escrita, imaginativa, densa por momentos y casi volátil en otros. Tierna, nostálgica, combativa… una joya. Leerla ha sido un imaginarte y un recordarme. Puse la sonrisa en la primera página y no la quité hasta el final”.

Dolores Fernández Fígares, filósofa y periodista: “Me ha encantado este libro. Una prosa extraordinaria, cuidada. Una redacción excelente. Narrativamente, la obra engancha. Quieres saber qué pasa. Vivan los territorios interiores de la memoria”.

Como María Antonia García de León comenta sobre su obra, “contiene una infancia a la sombra del Antiguo Régimen (mi abuela era feudal, mi madre precapitalista, yo postmoderna). Una juventud a la Izquierda y en Feminismo, el entusiasmo por la investigación científica, la pasión por la cultura y el cine. Lo he visto todo”.

“La obra está escrita con una gran empatía hacia las mujeres que, sin duda, en muchas páginas se reconocerán, pues lleva el aliento de yo soy tú, en la difícil construcción de una identidad propia en un contexto hostil al desarrollo social de las mujeres, como fue la larga noche del franquismo”, añade.

Ahora, como aperitivo lírico, un poema de María Antonia García de León en pro de las mujeres. Pasen y lean:

EL GRAN GINECEO DEL MUNDO

Visito museos, academias, archivos, ministerios.

Ni una mujer sobre el Planeta Tierra.

Y, sin embargo, estaban allí.

No fueron solos.

Siempre hay que escribir la otra Historia,

la otra forma de habitar el Mundo.

Y, sin embargo, estaban allí.

No estaban solos.

Miento,

al fondo estaba la Mujer Bisagra,

la que colocan de forma ostentosa

entre filas de hombres encorbatados.

Es el retrato de la Tribu Humana,

firma de una feroz asimetría.

Estas cosas he visto en el Planeta Tierra.

Allí acontecen.

El pasado martes fue presentado el libro “Años de luz y niebla”, de María Antonia García de León, Profesora de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y Escritora. Presentó Ivonne Sánchez Barea, Presidenta del Capítulo Español de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna Internacional, en el Salón de Actos del Ateneo de Málaga en un acto organizado por la Vocalía de Poesía.

Ficción Power: La carbonería

 

Por ASUNCIÓN CABELLO

 

Pegando a mi casa hay una carbonería abarrotada de carbón, picón y cisco, con tanto polvo volante, que agobia a las clientas, empujándolas a salir fuera, alargar sus cuellos, respirar muy hondo. Yo miro toda esa negrura con los ojos engurruñados. Una araña grande y gorda de patas muy largas se pasea por el techo buscando rincones para tejer su tela tan espesa como mis legañas cuando me despierto. La balanza torcida, sobre el mostrador de madera vieja sin barnizar, pesa kilos y kilos de basta negrura en sacos de esparto despeluchados que llevan los niños de piernas flacas y pantalón corto, llegados de corralones tres calles más allá, tintineando calderilla en sus bolsillos remendados.

Mi madre siempre quiere que compre allí sin importarle el asco que me da la cesta de mimbre manchada de negro, ni el olor tan insoportable a polvo pegado. No le interesa para nada que los calcetines blancos de croché tejidos por mi abuela con ferocidad se pongan brunos. Ella dice que es práctico tener una carbonería tan cerca. Yo pienso en la araña gorda, ratones muy negros, cucarachas y hormigas de cabezas rojas, aunque no las vea, que pueden colarse por alguna grieta en la pared y meterse en nuestro portal hasta mi habitación y hacerme mucho daño.

Ella no me hace caso porque dice que soy embustera, fantasiosa, queriendo siempre llamar la atención; pero jamás mentiría en cosas tan feas de la tienda oscura.

El carbonero siempre sisa en el peso, se equivoca en las vueltas, nunca sonríe, masca un palillo de dientes a todas horas, huele a podrido, tiene los fondillos grises tan renegridos como el cisco que vende; su delantal lo lleva salpicado de tizne. Todo eso debe ser porque es solterón, sin mujer que le diga lo puerco que es. Además, habla torcido por el maldito palillo pillado entre sus dientes, mira de soslayo, se suena los mocos en andrajos.

Yo no quiero ir nunca, no aguanto la peste chocando contra mi falda colegial, el tufillo a orín de gatos callejeros buscando comida. Pido el carbón desde la puerta del escalón desportillado, alargando la cesta polvorienta hacia el mostrador asqueroso, soltándole las monedas en su mano sucia, retrocediendo enseguida no fuera a caerme la araña grande en la cabeza chupándome la sangre.

La bombilla tenebrosa colgando del techo baila frenética contra las paredes viscosas. En mis pensamientos profundos veo fuego de brasas achicharrando el agujero de la hornilla de mi madre. Si me quedara encerrada por mala suerte me moriría del susto pensando en el infierno del que habla el padre Sebastián.

Pasen y lean: “Las mujeres y la literatura”, de Virginia Woolf


Extracto del libro, cedido por La Dragona Editorial

“Ustedes, que vienen de una generación más joven y feliz, quizás no hayan oído hablar de ella, tal vez no sepan a lo que me refiero con «El ángel del hogar». La describiré de la forma más breve posible. Era sumamente comprensiva. Era enormemente encantadora. Era absolutamente generosa. Destacaba en el difícil arte de la vida familiar. Se sacrificaba a diario. Si había pollo, elegía el muslo; si había corriente, ahí se sentaba ella. En resumen, se conformaba hasta tal punto que nunca tenía pensamientos o deseos propios, sino que siempre prefería satisfacer los pensamientos y los deseos de los demás. Ante todo —y no tendría que decir esto—, era pura. La pureza debía ser su principal belleza, su rubor, su gran gracia. En aquella época —los últimos días de la reina Victoria— toda casa tenía su propio ángel. Y cuando empecé a escribir, lo encontré en las primeras palabras. La sombra de sus alas cayó sobre mis páginas; escuché el murmullo de sus faldas en la habitación. Me refiero a que en cuanto agarré la pluma para reseñar aquella novela de un hombre famoso, se deslizó detrás de mí y susurró: «Querida, eres una mujer joven, estás escribiendo sobre un libro escrito por un hombre. Se comprensiva, se delicada, halaga, engaña, usa todas las artes y las artimañas de tu sexo. Nunca dejes que nadie sepa que piensas por ti misma. Sobre todo, se pura». Y fue como si ella guiara mi pluma. Mencionaré ahora el único acto por el que me atribuyo méritos, aunque en realidad el mérito pertenece a una de mis excelentes antepasadas, quien me dejó una cierta cantidad de dinero —¿podríamos decir unas quinientas libras al año?—, por lo que no necesitaba depender exclusivamente de mi encanto para vivir. Me giré hacia ella y la agarré del cuello. Hice todo lo que pude para matarla. Si hubiera tenido que presentarme frente a un tribunal, mi excusa hubiera sido que actué en defensa propia. Si no la hubiera matado yo, me hubiera matado ella a mí. Me hubiera arrancado la esencia de mi escritura. Porque, en mi opinión, en cuanto pones la pluma sobre el papel, no puedes siquiera reseñar una novela sin tener ideas propias, sin expresar tu verdad sobre las relaciones humanas, la moralidad, el sexo. Y, según el ángel del hogar, las mujeres no pueden tratar todas estas cuestiones libre y abiertamente. Para tener éxito, debemos cautivar, conciliar; sin rodeos, debemos mentir. Así pues, cada vez que sentía la sombra de sus alas o el resplandor de su halo sobre mis páginas, cogía el tintero y se lo lanzaba. Era difícil de matar. Su naturaleza ficticia le era de gran ayuda. Es mucho más difícil matar a un fantasma que a una realidad. Siempre que creía haberla despachado, volvía lentamente. Aunque me halagaba a mí misma porque a fin de cuentas la había matado, la lucha era intensa; me llevó tanto tiempo que hubiera sido mejor emplearlo en aprender gramática griega, o en deambular por el mundo en busca de aventuras. Pero era una verdadera experiencia, una experiencia que, al parecer, acontecía a todas las mujeres escritoras en aquel tiempo. Matar al ángel del hogar era parte de la ocupación de una escritora”.

Más Woolf que nunca

El pasado 28 de mayo el Ateneo de Málaga acogió la presentación de ‘Las mujeres y la literatura’, de Virginia Woolf. La escritora londinense, que se sigue mostrando sin duda como un claro referente del movimiento feminista, reivindica en este libro el papel de la mujer escritora. Y un buen ejemplo de ello es esta colección de ensayos (publicada por primera vez en 1979 en su versión original, Women and writing) en la que nos ofrece una valoración única de varias escritoras como Aphra Behn, Mary Wollstonecraft, la duquesa de Newcastle, Dorothy Richardson, Charlotte Bronte, Jane Austen o Katherine Mansfield, entre muchas otras.

Como comenta la Coordinadora editorial y traductora del libro, Marta Gámez, “destacaría el hecho de que, como comenta Laura Freixas en el prólogo del libro, la faceta de Virginia Woolf de ensayista es quizás la más desconocida, y con obras como esta se demuestra su maestría en este género. Además, el hecho de que encontremos similitudes entre algunas de las afirmaciones que lanzaba Woolf en aquella época con situaciones actuales, hace que sea necesaria la difusión de este tipo de obras —tanto para la concienciación de las generaciones más jóvenes, como para poner de manifiesto la situación actual de la mujer, en general, y en mundo del arte y la cultura, en particular—“.

Como finaliza Laura Freixas en el prólogo: “A nosotras, sus herederas, nos corresponde intentar avanzar un poco más por ese camino”.

“Las mujeres y la literatura” (Virginia Woolf)
172 págs.
La Dragona Editorial (antes Miguel Gómez Ediciones)
Prólogo de Laura Freixas
Traducción de Marta Gámez y Violeta Sánchez

Sonidos al tiempo

 

Joaquín Lobato_ATENEO MALAGA

El poeta veleño Joaquín Lobato

Música para un poeta            

Por MARGARITA GARCÍA-GALÁN

Una vez más, el recuerdo de Joaquín Lobato reunía a un buen número de amigos y amantes de la cultura, en uno de los actos programados en este ‘Abril Lobatiano’ que airea la vida y la obra del poeta veleño. En el Auditorio del Museo Picasso, la música aguardaba escondida en las teclas de un piano, esperando las manos mágicas de la malagueña Paula Coronas. Música para un poeta, en un concierto homenaje a aquel que amaba el mar y el verano; que contemplaba la vida desde su celeste orilla solitaria y dibujaba corazones “en libretas usadas de melancolía”. En el corazón de Málaga, en plena judería, alrededor de una legendaria higuera de troncos retorcidos que hermosea la recoleta plaza con sus frondosas ramas abiertas, los amigos, los afectos se iban encontrando, reconociéndose a través del tiempo, siempre con el denominador común del entrañable recuerdo a Lobato. La poesía y la música, que se llevan tan bien, se vestían de largo y se daban la mano para llenar de emociones la tarde abrileña.

El escenario se llenaba de voces amigas que nos acercaban la vida y el alma sensible del poeta. Voces expertas recitaban esos versos suyos que nos pasean de su brazo por las calles de Roma. El Portafolio de Roma se abría y Paula Coronas mecía el paseo por la ciudad eterna acompañando los pasos con un nocturno que embellecía aún más el recuerdo. Oh la elegancia fragante del príncipe inventado / y este aire de esta Roma imaginada que me embriaga… Una vez más, el sentir de Joaquín se me acerca, me invade y me contagia de estampas bellas cuando aún tengo reciente un inolvidable paseo por Roma saboreando helados y oyendo la música de esas preciosas fontanas “que imaginan vuelos de mariposas”. Apoyando mi cansancio en esas barandillas con vistas a la historia y sintiendo la dureza de los adoquines de las calzadas que a Joaquín le maltrataban los pies. El virtuosismo de Paula Coronas ponía música al paisaje y sus metáforas y nos enseñaba, junto al poeta, el embrujo de una ciudad que a él le cautivó. Despedirme de Roma me cuesta una tristeza.

Una semblanza del poeta nos recordaba el “brillo inmaculado de su infancia”, sus versos, su pintura, su teatro… La Asociación de amigos de Joaquín Lobato, el departamento de Cultura del Ayuntamiento veleño, y el Ateneo de Málaga haciendo causa común en homenaje al poeta siempre cabreado con Platón; eternamente enamorado de la vida, con el que empaticé en la distancia y al que tengo en alta estima. Versos, teatro y la música de Paula Coronas, magnífica pianista a la que vimos engrandecer la Calle del Mar de un pueblo con mar, en una memorable tarde de verano donde ella y su piano brillaron entre vecinos entusiastas y turistas al sol. En el Auditorio del Museo Picasso, su homenaje a Lobato nos paseó con Albéniz por la belleza de ciudades españolas. Nos sorprendió con un precioso vals de Ocón y una espléndida farruca que bailaba entre sus manos y nos puso el alma de pie. Un lujo de concierto, en un entorno hermosísimo que mira a la Alcazaba y donde se abrazan distintas culturas. Desde su palco celeste, Joaquín Lobato estaría atento, vibrando, llorando en silencio con el piano de Paula Coronas.

En la Plaza de la Higuera caía la noche. El árbol, que se aferra con fuerza a la luz violeta de Málaga, mostraba su verde nuevo, estrenando pureza y aromas entre sonidos de pájaros nocturnos y los ecos de sentimiento de un genial piano amigo. Por el balcón casi abierto entra la noche / todo ese resplandor solemne de la ciudad a lo lejos… El ‘Nocturno’ de Joaquín se materializa en el paisaje de la ciudad vestida de noche. Después de tan hermoso homenaje, la luna de abril nos envuelve cuando volvemos a casa con el sabor agridulce de lo vivido. Henchidos de música y versos; apenados, como siempre, por la  ausencia. Allá donde esté, Lobato seguirá “erguido como siempre”, sintiendo el calor de sus amigos y el reconocimiento de su pueblo. Despedirme de tardes así me cuesta una tristeza.

*Foto retocada del archivo web de La Asociación de amigos de Joaquín Lobato

El brillo imprescindible

rafael perez estrada_Ateneo Málaga

Rafael Pérez Estrada ha sido homenajeado en el Ateneo de Málaga

 

Por MARÍA LUISA BALAGUER

En 1977 yo no conocía la calle Puerto, casi no conocía más calles que la de Vendeja, adonde llegaba cada mañana, incluidos los domingos, a rebajar las montañas de expedientes que se apilaban en un despacho demodé, con chimenea artificial y unas falsas maderas labradas con miles de capas de barniz. Algunas mañanas me cruzaba en la plaza del final de la calle con Alfonso Canales, que subía igualmente a su despacho, en el que nunca entré, y que yo imaginaba lleno de poesías, y lejos de los folios repetidos de las denuncias a la Inspección y a las Magistraturas, en las que yo quemaba mis 23 años de encendida pasión obrera y militante.

Así que no podía haber visto a Rafael Pérez Estrada en La Malagueta, salir de su casa para entrar en el Bilmore o el Itagua, sino en las escaleras del primer piso del Palacio de Justicia del Muelle de Heredia, eufemismo de aquel lúgubre edificio ennegrecido, en el que el Colegio de Abogados ocupaba dos exiguas habitaciones, una de entrada con mostrador y otra de libros, que Juan Bandera nos vendía a precios de coste.

Bajando o subiendo esa escalera, estaría Rafael, como si me hubiera visto antes, o supiera que otra niña acababa de colegiarse de abogada, con lo que no sé si se podrían contar todavía las mujeres que ejercían con los dedos de una sola mano. En ese mismo momento me invitaría a los coloquios de los viernes a mediodía, para que yo hablara del Decreto Ley del derecho de Huelga, porque él, matrimonialista, tenía curiosidad por todo. Ese primer viernes, yo ya debí sentir allí, en una sala pequeña de aquel Palacio de Justicia, la fascinación de la voz de Rafael, luego repetida mil veces en el Ateneo, entonces en la Plaza del Obispo, donde hoy se acristala una Caja de Ahorros.

“Lo que Dios ha unido solo lo separa Rafael Pérez Estrada”, pero era su conversación lo que me atraía, su brillantez al encontrarlo por la calle y reírnos a gritos, o la tarde que el Ateneo invitó a un político autonómico en el María Cristina, y la gente no cabía, y las carcajadas a las palabras de Rafael haciendo las presentaciones, se oían más allá de Carretería.

Entre las personas imprescindibles en Málaga, me faltan dos muy brillantes, que influyeron en mí, para evidenciarme la necesidad de huir de la vulgaridad, y luchar sin descanso para poder tener un mundo vivible. De una de ellas apenas puedo todavía hablar, después de más de un año de ausencia, mi querido Ricardo, jurista de impecable factura, y amigo que lloraba conmigo mis amarguras y las suyas, y siempre convertía en certezas mis dudas. De Rafael es aquella congruencia que alcanzan muy pocas personas, capaces de hacer de sí mismas la atracción por vidas nunca antes vistas en la Málaga de los setenta.

 

 

El pasado 22 de mayo, con motivo de la conmemoración del fallecimiento de Rafael Pérez Estrada, la Fundación Rafael Pérez Estrada en colaboración con el Ateneo de Málaga organizó una lectura colectiva en el salón de actos en la que participaron, entre otros: José Infante, Aurora Luque, Francisco Ruiz Noguera, Esteban Pérez Estrada, Mª José Vergara Pérez, Guillermo Busutil y Sonia Marpez.

 

 

Remedios Zafra: “El entusiasmo creativo es una muestra de libertad, es mágico encontrarse a personas con ideas”

Remedios Zafra

Por VICKY MOLINA

La profesora, escritora y teórica cordobesa Remedios Zafra (Zuheros, 1973) generosa instigadora de ideas, defensora y fan de la reflexión, profunda a poder ser, visitó el Salón de Actos del Ateneo de Málaga el viernes 20 de abril, acompañada por la Presidenta, Victoria Abón y la Vocal de Feminismo, Cristina Consuegra.

Zafra, que ensayísticamente se dedica al estudio crítico de la cultura contemporánea, la antropología, la creación y las políticas de la identidad en las redes, presentó en Málaga su libro El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital, ganador del Anagrama de Ensayo 2017.

Uno de los temas que aborda sin duda toca la fibra de todo aquel que desea hacer de su vocación creativa una profesión siendo tan fuerte la pulsión que finalmente está por encima llevarla a cabo aunque la remuneración no complete su parte del trato, por desgracia Zafra señala que esto “se ha convertido en una seña de identidad de gran parte de los trabajadores creativos y culturales contemporáneos, el pago es en sí la realización de la actividad. Se producen distintas formas de explotación pagadas con lo simbólico cuesta creer el valor cultural y económico de la práctica creativa, eso ya se ha visto y vivido en el feminismo con el trabajo doméstico de las mujeres o de las científicas invisibilizadas, la producción no estaba equiparada, no estaba considerada un empleo, el pago era afectivo, así estaba construido por el sistema patriarcal”.

Y añade “el trabajo creativo es un trabajo que ha esquivado la contratación estable, la precariedad impide crear desde la concentración, impide la investigación, la imaginación, etcétera llevando a que se produzca un apagamiento de la pasión intelectual”.

La escritora cuenta cómo una señora al final de una presentación le dijo que siguiera escribiendo pero no libros que la hicieran sentir mal, que para eso ya estaban los telediarios y es una idea que Zafra había percibido se repetía y que le llevó a reflexionar: “Está bien que existan libros que no complazcan y que sean inquietantes yo busco esa perturbación, perturbar no tiene porqué ser negativo, frente a la tentación de convertirnos en cosa tenemos que enfrentarnos a la existencia completamente asumida y para ello es necesario la lectura, el pensamiento, lo perturbador, y ser capaces de extraer de ese zarandeo lo constructivo”, explica.

Remedios Zafra Firma libros

Así Remedios Zafra se encarga de recordar la importancia de “la creatividad humana como algo transformador que el sistema se encarga de desarticular” y ofrece una lectura positiva de El entusiasmo: La libertad. “Tenemos muchas limitaciones impuestas, pocas elegidas, el entusiasmo creativo es una de esas muestras de primera elección. Es mágico encontrarse a personas con ideas”.

Zafra habla en El Entusiasmo de la precariedad vinculada a los términos velocidad, caducidad y exceso nuevos espacios para el engaño y el autoengaño “es un libro espejo para personas que se dedican al trabajo creativo y la precariedad que lo acompaña en un sistema de hiperproducción y velocidad competitiva, ansiedad productiva, autoexplotación, miedo al desempleo”.  En un mundo en red en el que ahora todos somos creadores, “antes unos escribían para muchos, ahora todos distribuimos la información, la creación, hay una saturación de voces, se invierte en un futuro que se aplaza, mientras los likes alimentan nuestra vanidad”.

“El mundo se solapa ahora en una pantalla”, dice la ensayista, y cuenta la anécdota del niño que va en el coche, mira por la ventana y mueve los dedos, los cierra y los abre sobre el cristal, intentando ampliar la visión de la vaca que ve su paso y que se aleja. “Vivimos en un mundo de velocidad y exceso no hay tiempo para la parada reflexiva, todo se deriva hacia lo emocional, no hay un diálogo, el pensamiento profundo no tiene cabida en estos tiempos. Es este un libro que pide tiempo para el pensamiento y la reflexión en ese rompecabezas en el que habitamos”.

 

Para escuchar el audio de la presentación puedes entrar aquí: https://youtu.be/cofazpGTdYE