Stefan Mediterráneo, por Guillermo Busutil

La opinión de Málaga, 03.06.2017

La farola de Málaga es blanca, y verde y azul cuando de noche la brisa le canta sus doscientos años mediterráneos. Su corazón latiendo 3+1 destellos cada 20 segundos, y su ojo Polifemo que traza una vereda de 25 millas náuticas hasta donde las sirenas bailan tomando tierra en la luz que las orla, guardan las historia de los barcos que surcan el mar donde son más grandes las estrellas, o que amanecen a proa entre la niebla como aves y su presagio. En estos días donde tarda más en acostarse la luz, la vemos coqueta y feliz. Le han dicho los políticos que Málaga brilla en ella. No sabe que protagoniza un melodrama. De la Torre y Plata la celebran como un icono del puerto y de la ciudad pero en realidad planean jubilarla como museo cartográfico. Se les ha quedado antigua frente al vértigo del hotel catarí al que siguen defendiendo con manipulaciones de infografías, extraños intereses de partidos y de los de un medio de comunicación que encabeza la cruzada, hurtando el debate serio, arengando al pueblo al Dos de mayo en nombre de la bandera de la modernidad y del progreso, del empleo y del futuro. Voces sin rigor y en masa frente a las voces expertas en medio ambiente, en paisaje, en arte, en urbanismo, en arquitectura y en otras disciplinas que cuestionan la idoneidad de esta agresión contra su identidad marítima.

No sé qué le pasa a Málaga con su ADN mediterráneo. Sólo lo enseña en el museo de Ikea del XIX en cuya pinacoteca sobran muchos cuadros mediocres, que no pasan la prueba del algodón del arte, y claman ausencias de mejores obras del Colectivo Palmo y de otros artistas cuyo estilo está muy por encima, en talento y estética, de los bodegones burgueses y los paisajes con trampantojo. Ya escribí acerca de este museo abigarrado y con discurso pespuntado, a pesar de un trabajo de diez años de preparación y que, al igual que otros espacios, no reconocen la sólida trayectoria de pintores como Bola Barrionuevo, Chema Cobo, Rafael Alvarado, Sebastián Navas o ese demiurgo de la escultura y del grabado, del que fue pionero en la Málaga de 1958, llamado Stefan von Reinswitz. El gigante bávaro, con espalda en pelea con la altura de los años y el reuma, que hace décadas convirtió el Palacio del Obispo en un bosque de Bomarzo. Un éxito de crítica y de visitantes que nunca se vio refrendando por un libro de fondo de la colección del ayuntamiento, en la que figuran entre otros el maestro Enrique Brinkmann. Su premio fue poblar un nuevo parque del extrarradio con sus criaturas surrealistas y mitológicas. Sirenas erguidas en el equilibrio de su cola, guerreros transformados en óxido, lluvia y pájaro, esqueletos de peces fantásticos, que parecen haber sido rescatados del naufragio en el fondo ciego del mar. Lo mismo que sus pegados mecánicos o el minotauro sentado en el tiempo mientras escucha un libro como si fuese una caracola. Quién sabe si transmitiendo la lengua de las olas, el rumor de su espejismo, el canto del viento que vuelve y se aleja, o el susurro alemán de este artista al que mi amigo Héctor Márquez describió en un catálogo como «una mezcla entre Jacques Tati, Max Ernst y Jeunnet y Caro». En cambio yo lo veo como un inventor alemán de la nobleza en contra del nazismo y soñador de la felicidad de un jardín extranjero, un buen trago al sol y unos pocos amigos (Jorge Lindell, Paco Peinado y Brinkmann) con los que charlar acerca de cómo estrenar la imaginación en cada nuevo reto estético. Igual que aquel amigo americano de la Huerta del Ángel de Macharaviaya al que todos quisimos como Robert Harvey. Alto y desgarbado también, poco reconocido igualmente por esta ciudad del olvido que tan solo y escondido ha dejado a Jorge Guillén, mirando el mediterráneo de una Málaga a la que su compañero Aleixandre definió como una Ciudad del Paraíso reinando sobre olas amantes.

El tiempo oxida la juventud y deja que la memoria se desvanezca a causa de los años y su erosión. Sucede así con las esculturas de Stefan aisladas en un parque al sol donde conviven los perros, los niños, las madres y los ancianos alrededor de unas piezas tutelares que en su creación final le costaron dinero a su mago. Esculturas con algo de dadaísmo algunas, y otras emergidas de los viejos relatos sobre los prodigiosos seres del mar y de las islas sin rumbo en los mapas, y cuyos moldes a cubierto dentro de uno muro, como si fuesen un tesoro o el conjuro que asegura el éxito de la construcción, la burocracia quiere desahuciar. Lo certifica la sequedad de una de esas cartas despersonalizadas y tensas que, al igual que las de Hacienda, parecen amenazar con prisión a quien las recibe. Sigo prefiriendo la marca negra de Stevenson. También hubiese preferido Stefan que esa carta le contase que los ajuares de sus trabajos se expondrían como interesantes piezas del proceso creativo; que al Parque del Oeste le pusiesen su nombre o que en el Paseo del Palmeral, en sus jardines o en el delta de asfalto que conduce desde La Farola a la Estación de Cruceros las criaturas de su bestiario cobrasen vida al crepúsculo, en la bajamar de la noche o en el levante anaranjado del amanecer. Sería hermoso pasear entre ellas escuchando sus relatos de mar y de mundos lejanos, de tripulaciones fantasmas y de rosas de los vientos rumbo a ensenadas de la felicidad. La política y el talente empresarial de esta ciudad siempre prefiere lo nuevo, lo de fuera, el pastiche entre el antiguo glamour y el suelo de cadena hotelera. Y en lugar de Stefan han poblado el muelle con esculturas de Elena Laverón: caminantes errantes que podrían dialogar con los faunos, las sirenas caracol, la Venus con alas de valkiria y el minotauro cenachero del alemán. Que no, que en Málaga la escultura es decoración y no arte público que crea pensamiento, poética y espacio. Que no, que el mediterráneo y su cultura no es en Málaga un territorio ni una atmósfera ni un poema escénico.

Málaga sueña con ser la Santorini andaluza, y al igual que la isla del Egeo, recibir 10.000 cruceristas al día. Tener origen cartaginés, romano y árabe no está de moda. Lo que se lleva es descender del turismo que comienza a ser una marabunta que a unos les renta y a muchos incomoda su overbooking. Dice el alcalde que la exposición de Laverón en el puerto potencia la imagen de Málaga desde la Alcazaba al mar, justamente lo contrario de su defensa del simbólico falo con el que la ciudad aspira a convertirse en la Shanghai del sur de Europa y competir en rascacielos, en lugar de gestionar su fachada mediterránea, abrir más parques en los barrios de sus periferia, y dignificar y engrandecer una Feria del Libro exiliada bajo el sol de la Plaza de La Merced, que estos días es un oasis de violetas jacarandas y rojas acacias de Constantinopla. Una postal en cuyo reverso escribir un poema de Isabel Pérez Montalbán sobre los fuegos japoneses en la bahía o una naumaquia de Aurora Luque. Incluso una de sus publicidades en verso en las que un Ícaro alquila alas adaptables y elásticas.
Menos mal que tenemos en la ciudad a esta poeta del mediterráneo que nos recuerda la cultura del mar. Lo mismo que al querido Stefan que anda haciendo las maletas del abandono y de la tristeza porque esta ciudad tiende a olvidar a los ciudadanos ilustres en favor de los nuevos ciudadanos que mercadean con centros comerciales y torres de Babel. Que dirían los fenicios que la fundaron, si levantasen la cabeza. Seguro que más Stefan y menos Málaga D´Or.

Faldas, a la izquierda; pantalones, a la derecha, por Octavio Salazar

El País, 30.05.2017

Es evidente que en los últimos años estamos asistiendo a un retroceso de las políticas de igualdad de nuestro país. Tras el impulso, al menos normativo, que vivimos en la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, los años de crisis y el continuado gobierno del PP se han convertido en la alianza perfecta para frenar los avances en materia de igualdad de género y para consolidar una lógica neoliberal que tan mal casa con los derechos humanos en general y con los de las mujeres en particular.

Uno de los ámbitos en los que ha sido más evidente ese paso atrás ha sido el educativo. Recordemos como la LOMCE no solo alteró los presupuestos y objetivos esenciales del sistema sino que también eliminó la tímida pero necesaria Educación para la ciudadanía al tiempo que legitimaba los conciertos celebrados con centros en los que se diferenciase por razón de sexo. Una previsión, recurrida por el gobierno andaluz ante el Constitucional y que todavía está pendiente de sentencia, que ahora el Tribunal Supremo ha avalado al reconocer a varios centros andaluces de educación segregada su derecho a obtener financiación pública.

Al entender el Supremo que estamos ante un derecho de los llamados “de configuración legal”, su fallo se ampara en lo previsto por la LOMCE, de la misma manera que en varios pronunciamientos emitidos con anterioridad a la entrada en vigor de dicha ley había sostenido que la educación diferenciada por razón de sexos no podía ser sostenida por fondos públicos. A la espera, pues, de lo que diga el Tribunal Constitucional sobre una cuestión que como todas las que inciden en la igualdad real de mujeres y hombres genera tantas controversias jurídicas y políticas, seguimos pues regidos por una norma que parece retroceder en el tiempo y que olvida todos los esfuerzos de tantos educadores y tantas educadoras por consolidar un sistema en que niños y niñas sean educados en condiciones de igualdad.

Ese objetivo, por otra parte, no hace sino ajustarse al programa ético y político de una democracia que ha de partir necesariamente de la igualdad formal de ambos sexos y que ha de plantearse como uno de sus principales objetivos conseguir que dicha igualdad no quede en la letra de la ley sino que se traduzca en un modelo social donde mujeres y hombres seamos sujetos equivalentes, tanto en el ejercicio de nuestros derechos como en la asunción de nuestras responsabilidades.

En este sentido, llama la atención la escasa atención que el Supremo, en las diversas ocasiones que ha abordado esta materia, ha prestado a la necesaria perspectiva de género, desconociendo de esta manera los mandatos que la LO 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres establece para todos los poderes del Estado, incluido por supuesto el judicial.

Desde esta perspectiva, la clave del debate, que no sé si el Constitucional llegará a asumir como tal, es el entendimiento de la coeducación como parte ineludible de modelo educativo que cabe deducir de la Constitución española. Un modelo que, entiendo, ha de partir de la igualdad de género como parte esencial de lo que podríamos llamar “ideario educativo constitucional”, el cual se deduce además de los tratados internacionales que nos obligan —el más significativo la Convención de eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer de 1979, ratificada por España en 1984—, de la rotundidad del Derecho Comunitario en esta materia (art. 3.2 Tratado de Amsterdam y art. 8 Tratado de Lisboa), así como de la consolidada interpretación que de la igualdad entre hombres y mujeres se ha realizado por nuestro Tribunal Constitucional a partir de los artículos 14 y 9.2 CE.

Un compromiso que, además, alcanzó su máxima expresión a través de las obligaciones establecidas por la LO 3/2007, la cual reiteró y amplió las previsiones que sobre esta materia ya contenía la LO 1/2004, de 28 de diciembre, de medidas de protección integral contra la violencia de género. Entre ellas, la integración del principio de igualdad en la interpretación y aplicación de las normas (art. 4) o la asunción de la transversalidad de dicho principio (art. 15), el cual debe ser asumido por todas las Administraciones públicas “de forma activa, en la adopción y ejecución de sus disposiciones normativas, en la definición y presupuestación de políticas públicas en todos los ámbitos y en el desarrollo del conjunto de todas sus actividades”.

De manera más específica, dicha ley obliga a que el principio de igualdad se integre en todas las etapas del sistema educativo (arts. 23, 24 y 25), debiéndose perseguir entre otros objetivos evitar “que, por comportamientos sexistas o por los estereotipos sociales asociados, se produzcan desigualdades entre mujeres y hombres”. De ahí, que como ya tuve ocasión de explicar, la reforma del art. 84.3 de la Ley Orgánica de Educación, llevada a cabo por la LOMCE, no pueda ser sino inconstitucional.

La democracia ha de partir necesariamente de la igualdad formal de ambos sexos

Por lo tanto, la pregunta que deberíamos responder es si, de acuerdo con los objetivos que marca el art. 27.2 CE (“La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”), nuestro sistema público de enseñanza debe asumir como un criterio esencial la igualdad de hombres y mujeres, de forma que ningún comportamiento o práctica discriminatoria —o, lo que es lo mismo, diferenciadora sin una fundamentación racional y objetiva— tenga cabida dentro de él.

Si respondemos afirmativamente, es obvio que no estaremos ante una cuestión sometida a la libre disponibilidad del legislador. Ello no supone la prohibición radical de la educación diferenciada, la cual podrá mantenerse como opción privada. Lo que no cabría admitir, por tanto, sería la existencia de escuelas públicas que diferenciaran por razón del sexo, como tampoco ayudas públicas a centros privados que lo hicieran. Como tampoco sería imaginable que desde lo público se apoyasen propuestas educativas que pudieran suponer en general una flagrante contradicción con los principios constitucionales, muy en especial con el de igualdad y no discriminación por cualquier circunstancia personal o social.

Desde una lógica constitucional es difícil el encaje de la educación segregada por sexos en un sistema que, entre otros objetivos, persigue la conformación de una sociedad en la que la igualdad sustancial de mujeres y hombres “constituye un elemento definidor de la noción de ciudadanía” (STC 12/2008, FJ 5). Un objetivo que difícilmente podrá alcanzarse si la escuela, que constituye un espacio fundamental para la educación cívica, establece diferenciaciones y no fomenta las relaciones iguales entre chicos y chicas, con la consiguiente superación de roles y estereotipos sexistas.

Yendo más allá de los discutibles criterios pedagógicos que se esgrimen a favor de la educación diferenciada, lo que no parece tener mucho sentido es educar a niños y a niñas desde unos parámetros que nada tienen que ver con los escenarios sociales en los que tendrán que desarrollarse como individuos y como ciudadanos/as. Por lo tanto, difícilmente la escuela diferenciada puede revertir en el desarrollo pleno de la personalidad de los niños y las niñas que han de convivir bajo un “contrato social” basado en la igualdad de género y en una sociedad en la que todavía hoy es necesario “remover” muchos obstáculos que siguen impidiendo la efectividad de dicho principio.

Sería además absolutamente contradictorio que, por una parte, los poderes públicos adoptaran políticas en dicho sentido y, sin embargo, ampararan en el ámbito educativo la diferenciación por razón de sexos. Es decir, el entendimiento de la igualdad de género como parte del “ideario educativo constitucional” no debería perder de vista que los poderes públicos han de seguir actuando sobre una realidad que sigue arrastrando factores sociales y culturales que ponen trabas a la plena igualdad entre mujeres y hombres. Y que, en consecuencia, el sistema educativo no puede permanecer ajeno a la transformación de una realidad en la que está en juego la calidad de nuestra democracia y, muy especialmente, las condiciones que hacen posible la efectiva garantía de los derechos fundamentales de hombres y mujeres. Un compromiso además avalado constitucionalmente por el art. 9.2 CE y al que trató de responder el objetivo de la “coeducación”, la cual supone un paso más hacia adelante con respecto a la educación mixta, que planteó la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo de 1990 (LOGSE). Es decir, no se trata sólo de que niños y niñas sean educados conjuntamente, sino que la educación que reciban esté apoyada y fomente una serie de valores relacionados con la igualdad de género, que interaccionen entre ellos y ellas para superar los estereotipos y las discriminaciones.

Sería inimaginable que desde lo público se apoyasen propuestas educativas que pudieran suponer en general una flagrante contradicción con los principios constitucionales

En consecuencia, y como bien apuntó Tomás y Valiente en su voto particular a la STC 5/1981, “todo ideario educativo que coarte o ponga en peligro el desarrollo pleno y libre de la personalidad de los alumnos será nulo por opuesto a la Constitución”. Por lo tanto, la clave del debate no debe situarse en los controvertidos argumentos que desde el punto de vista científico pueden avalar las “bondades” de la educación diferenciada por razón de sexo, sino en la irrenunciabilidad del modelo coeducativo en función de los objetivos que la escuela debe cumplir con respecto a los que constituirán la futura ciudadanía.

Aún en el caso de que se llegara al acuerdo entre la comunidad científica de los distintos niveles o ritmos de aprendizaje por parte de los niñas y las niñas, la escuela pública debería en todo caso fomentar los espacios en que unos y otras se interrelacionen, cooperen, compartan similitudes y diferencias y, en definitiva, se formen para ser sujetos activos en una sociedad que se articula, entre otros principios, sobre la igualdad de género. Y en la que, insisto, unos y otras van a convivir y en la que, por ejemplo, van a tener que desarrollar estrategias de cooperación, gestión pacífica de conflictos o de construcción igualitaria de relaciones afectivas y sexuales.

A estas alturas, todas y todos, incluidos los magistrados del Supremo, deberíamos tener claro que la igualdad de hombres y mujeres representa una de las esencias de la democracia y, por tanto, la escuela sostenida con fondos públicos debe favorecerlo y transmitir al alumnado no sólo conocimientos teóricos sino también la vivencia, yo diría que hasta emocional, de lo que la igualdad representa desde el punto de vista individual y colectivo. Si no partimos de este principio irrenunciable, corremos el riesgo de que la igualdad de género siga entendiéndose más como una opción ideológica que como un principio constitutivo de los sistemas constitucionales.

Etiquetas:
Publicado en Educación Ventanas abiertas por ipmontalban. 0 comentarios

Sardinas en espeto, por Juan Gaitán

La Opinión de Málaga, 17.03.17

Antes de ponerme a escribir, como quien meditase, he estado un rato mirando al mar desde la ventana. Tengo la suerte de ver, sin siquiera tener que levantarme de la silla, un trocito pequeño, casi angosto, entre un edificio y una palmera, pero lo suficiente para encontrarme con él, para evaluar su humor y su color, para saludarnos como dos viejos compadres que tienen más de una batallita en común. Porque entre el mar y yo, creo haberlo dicho antes, hay más de un lazo. Los dos tenemos la misma sangre de jilguero, la misma memoria de espejo, la misma rebeldía contra el cielo.

Hoy, esta mañana, el mar está azul solo muy adentro, al fondo. Cerca de la orilla verdea. El levante, ese viento macho y marinero, lleva tres días alzando olas de varios metros y dejando un rastro de arena herida, porque el levante, cuando tiene hambre, se traga la playa a dentelladas verdes y frías, muy lorquianas.

También me parecieron siempre muy lorquianas las sardinas, que visten de azabache y plata como los toreros barrocos, exquisitez de dioses mediterráneos a las que un colectivo de Marbella quiere convertir en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad cuando están espetadas.

Probablemente, a nadie se le haya ocurrido una manera mejor de comer sardinas que el espeto, esa seña de identidad tan malagueña y tan universal. El espeto aúna la mezcla perfecta de varios elementos naturales, de ahí su potencia. El espeto requiere fuego, arena, cañas, sardinas frescas y tradición, esa sabiduría de la supervivencia con casi nada que siempre ha tenido mi pueblo, esta gente criada en el rebalaje, nietos de fenicios capaces de construir milagros con elementos modestos y sencillos, hacer alta gastronomía con un pescado humilde pinchado en media caña.

Comerse un espeto no es solo un tipismo, es una conexión con lo remoto, con la raíz de ese difuso y cambiante espacio en el que los malagueños pasamos nuestra vida, esa versátil frontera entre el mar y la tierra que es nuestro espacio vital y que tanto marca nuestro carácter, nuestra esencia como pueblo, nuestra forma de ser tan cercana al concepto del oleaje, de la marea, del mañana será otro día. El espeto representa no solo una delicia culinaria, un modo sencillo y tremendamente eficaz de asar sardinas. El espeto es también el símbolo de una cultura, de una manera de vivir, de sobrellevar ese difícil y complicado trámite que es la vida, que siempre viene sin manual de instrucciones, sin un triste esquema de cómo desentrañarla, de cómo hincarle el diente, y que nosotros resolvemos sencillamente, pero con grandeza.

Etiquetas:
Publicado en Opinión Ventanas abiertas por ipmontalban. 0 comentarios

Francia, por Antonio Soler

Sur, 07.05.17

Si tuviésemos dos dedos de frente hoy nos habríamos levantado cantando la Marsellesa, porque si hay quienes afirman que todo el mundo occidental debería tener derecho al voto en las elecciones norteamericanas, en el día de hoy los europeos nos jugamos mucho más que aquello que se dilucida cada cuatro años al otro lado del Atlántico. No porque Estados Unidos esté lejos, sino precisamente porque nos encontramos en un mundo global y la única posibilidad de que Europa tenga algo que decir en este nuevo mundo es permaneciendo unida y estrechando los vínculos sociales, políticos, económicos y culturales entre los miembros de la UE.

Y lo que hoy se juega en Francia es precisamente eso. Salvaguardar y potenciar la Unión Europea. Y la posibilidad, aunque difícil, de frenar la caída, dar un cambio en el sentido declinante de los últimos tiempos y encauzarla hasta los confines de un Estado federal. No atrincherarnos reforzando las fronteras interiores sino hacerlas más permeables. No reclamando a la Unión mayor autonomía de los gobiernos nacionales sino cediendo soberanía en beneficio de una estrategia mucho más ambiciosa. La UE no es Disneylandia ni una parodia de la isla Utopía. Es la vacuna contra las dos guerras civiles que destruyeron el continente en la primera mitad del siglo XX. Un vasto territorio regido por la democracia que nace contra la xenofobia, los totalitarismos, los populismos y en defensa de aquellos tres principios que desde Francia se extendieron por el mundo. Libertad, igualdad, fraternidad.

Miembros de Greenpeace han colgado estos días de la torre Eiffel una inmensa pancarta con esas tres palabras. Tres invocaciones que dieron la luz al mundo y que se encuentran en peligro ante las acometidas de unos nuevos totalitarismos que ya no vienen disfrazados con camisa negra, hoz y martillo o esvástica sino camuflados con chándal patriótico y nacionalismo a ultranza. Después del desastre del ‘Brexit’, una Francia fuera del euro y cuestionando la UE pondría en jaque más de medio siglo de progreso. No serían solo las Landas, el Languedoc o Bretaña las que en los próximos decenios padecerían el descalabro. Seríamos todos. Hasta esta orilla del Mediterráneo llegaría ese tsunami económico y social. Las calaveras de Voltaire y de Diderot resonarían como maracas huecos en nuestro rompeolas. Estaríamos de regreso hacia la caverna, hacia esa Europa fraccionada y recelosa que ya apenas podría aspirar a islas de progreso y a ser un continente-museo propiedad de Asia y USA. Sólo hay que enumerar los partidarios de Le Pen para saber dónde está el horizonte. Trump, Putin. Y la indiferencia de Melenchon. El liberalismo de Macron tiene poco de salvaje. Contempla aspectos sociales que para sí los quisiera Ciudadanos. Sólo la ceguera y la soberbia justifican al socio de Iglesias. Y la connivencia con el caos. El populismo. Buen día para la Marsellesa. Ojalá esta noche el himno resuene, no como ese cántico exclusivista de los que se autoproclaman hijos del pueblo, sino como el faro que iluminó a medio mundo y nos trajo la dignidad.

Publicado en Opinión Ventanas abiertas por ipmontalban. 0 comentarios

Homenaje a D. Manuel del Campo: sabiduría musical, por Verónica García Prior

Dedicar a la música una vida entera conduce en don Manuel a una sorprendente y aquilatada sabiduría musical. Superar los ochenta y ostentar la magna agilidad mental y verbal del maestro del Campo lo convierten en un monumento vivo al servicio del conocimiento musical. EL músico, compositor, crítico, divulgador, investigador musical ha dejado una larga estela de aportaciones importantes en el terreno musical. Si a ello le unimos que después de estar incluso jubilado ha seguido permaneciendo al pie del cañón aportando continuamente su preciada lucidez al servicio de nuestro valioso patrimonio musical (no sólo andaluz sino malagueño), entonces obtenemos una personalidad y profesionalidad tan elogiable que hace más que justo el homenaje del que se hacen eco estas líneas. Como no podía ser de otra manera diversas entidades y personalidades importantes del patrimonio cultural y musical se aunaron para darle en vida ese merecidísimo homenaje a D. Manuel del Campo.

El pasado jueves 11 de mayo, la Sociedad Filarmónica de Málaga quiso rendir homenaje a tal figura ilustre malagueña con un concierto en la prestigiosa Sala Unicaja de Conciertos María Cristina, de Málaga. Los encargados de deleitarnos con verdadero alma musical fueron el Ensemble Mainake y, como solista, a nuestra reputada pianista malagueña Paula Coronas. El aforo de la Sala rebosaba de un variado y entusiasta público en un acto que contó con la presencia del alcalde de Málaga D. Francisco de la Torre, el presidente de la Sociedad Filarmónica de Málaga D. Pablo Lamothe, el Ateneo de Málaga representado por su presidente D. Diego Rodríguez, entre otros miembros de altura.

En la presentación del concierto se hizo referencia a la vida dedicada a la música y la influencia que ha ejercido siempre Manuel del Campo, así lo señaló el alcalde de Málaga y la pianista malagueña Paula Coronas. El propio homenajeado, embargado por la emoción natural del evento, tomó la palabra para mostrar su agradecimiento y, una vez más, con su fluidez verbal y sapiencia inagotable dejó asombrado al público. Don Manuel dio cuenta no sólo de cómo se dedicó a la música, sino que también dio un repaso a los comienzos musicales de la Sala María Cristina así como realizó un recorrido histórico –con datos y fechas incluidas- por el que ha pasado la Sociedad Filarmónica de Málaga. Aún emocionado dio paso a Paula Coronas quien agradeció lo mucho que la ha ayudado en multitud de obras conocidas y desconocidas por el público.

El concierto se inició con una de las obras clásicas favoritas del homenajeado, el Concierto en Re Mayor nº 11 para piano y orquesta de J. Haydn (1732-1809). En esos 25 minutos que duró esta pieza de concierto el Ensemble Mainake (formado por siete instrumentistas) y la solista Paula Coronas transmitieron al auditorio una emoción que manaba de cada nota. El buen gusto de la interpretación y el virtuosismo conmovió al público y al propio Manuel del Campo.

A esta obra clásica le siguió una florilegio de obras de Joaquín Turina (1882-1949) selectamente reunidas: La Oración del Torero y la Rapsodia Sinfónica op.66 para piano y cuerdas, siendo esta última la única obra para piano y orquesta del compositor sevillano. Dicha obra aúna una melodía expresiva, poética en su canto virtuoso e influenciada por lo clásico y un sentimiento de raigambre andaluza a través de una notoria línea melódica que explicita el cante y baile andaluz. Una unión casi mística de lo clásico y lo andaluz hacen de esta obra turiniana una verdadera joya del piano reforzada por la expresividad del acompañamiento orquestal.

Tanto el Ensemble Mainake como la virtuosa y emotiva interpretación de Paula Coronas hicieron que el público se pusiera en pie y ovacionara tan gran interpretación. Un largo tiempo de aplausos concluyó con dos bises de Paula Coronas que permitieron escuchar obras compuestas por Manuel del Campo. El público quedó emocionado ante la belleza de dichas composiciones que la Coronas supo llevar con depuradísima técnica al terreno justo de la ensoñación melódica que ideara su autor. La sencillez melódica de estas piezas y su sencilla armonía transmitían, en cambio, una complejidad sensorial que subyugaba. Cada acorde señalaba una característica del más puro estilo andaluz pero los que se rastreaba un homenaje al clasicismo mediante una simbiosis adictiva que sólo Manuel del Campo fue capaz de crear.

El concierto se cerró con una gran ovación y con el agradecimiento enternecedor de un más que emocionado Manuel del Campo.

Una vez más, con conciertos de este gran nivel, podemos constatar que Málaga ha sido cuna de grandes intérpretes y compositores que es preciso conocer y visibilizar tanto en nuestro país como fuera de nuestras fronteras. La multifacética Paula Coronas (investigadora, docente, concertista…) ha sido adalid de esta actitud de recuperación histórica del arte musical malacitano que ha llevado literalmente por su manos incluso fuera de nuestras fronteras. Entidades como son El Ateneo de Málaga (con sus multiplicadas actividades de variado enfoque) y la Sociedad Filarmónica de Málaga (del que subrayamos su vocación didáctica) y sus experimentados atriles enaltecen, en conjunto, nuestro rico y elogiable patrimonio musical español y malagueño.

Verónica García Prior, musicóloga y docente.

Etiquetas: , ,
Publicado en Música Ventanas abiertas por ipmontalban. 0 comentarios

La educación de los pájaros, por Guillermo Busutil

La Opinión de Málaga, 07.05.2017

La única palabra que te acuna tendríamos que celebrarla siempre. Tampoco ella tiene una sola fecha para nosotros. Al contrario, está abierta 24 horas sin un día de descansarnos. Es el compromiso que adquieren desde el momento en el que nos hacen sitio dentro de ellas, convirtiéndose en el mejor corazón sobre el que dormir las dudas, los miedos y el dolor. Las madres son una empresa de afectos desinteresados que nunca hace eres, y jamás contempla lo imposible. No existe ningún otro ángel con delantal, tan pendiente de guardarnos de los peligros que hemos de aprender en la infancia, y del vértigo del precario equilibrio de la adolescencia. Eficaces en mil ojos e intuiciones, las madres nos van preparando contra los golpes y conflictos de la vida adulta, y cocinan a fuego lento la educación, las normas de conducta, la autoestima, el estímulo de la aventura y cómo ceder en los desencuentros. Inasequibles al desaliento -como demostraron las madres de mayo- se deslizan sutiles o con una sinceridad sin cosméticos, entre los fracasos, los extravíos, las desganas, los gestos ariscos o el antojo de una violencia equivocada; por cualquier pasillo y campo de batalla en los que sientan que sus hijos son víctimas o están amenazados.

Siempre creemos que a las madres se les agradece su currículum con un beso entre las flores, una llamada telefónica, regresando a casa de vez en cuando para sentarnos a su lado o con piropos sobre la belleza y su estado que suenan fugaces y convencionales. Gestos, todos o cualquiera, que son para ellas un detalle que abrigan en su memoria a solas. Lo mismo que el orgullo con el que condecoran nuestros éxitos sin recordarnos que el origen estuvo en sus consejos, en su aval a nuestros sueños. Porque las madres siempre apuestan contra la banca. Son, siempre que puedan, agentes de finanzas a favor de emprendimientos o resolviendo deudas de lo que no sale. Jamás le devolvemos sus préstamos materiales ni el silencio de sus desvelos. A las madres, igual que a los padres, se les presupone generosos, sacrificados, responsables de lo que nos sucede. Fue su voluntad la que nos puso en pie frente a la vida y todos sus combates. Las conquistas y los disfrutes nos los atribuimos a nosotros.

Qué difícil ser madre, porque desde el primer momento conlleva renunciar en parte a ser mujer y tener ambiciones profesionales. Ser madre es un pluriempleo: esposa, tutora escolar, médico de cabecera, enfermera de urgencias, estratega de relaciones, asistenta de hogar, secretaria de agenda, chófer de horarios, rompeolas de todas las exigencias; de noche una amante de etiqueta y, en la rendición profunda de su tiempo, una soñadora para sí misma. Ha sucedido siempre. La mujer a contra reloj entre la culpabilidad y la entrega, la renuncia voluntaria y la exclusión impuesta. La vida familiar y laboral son conceptos incompatibles en nuestra sociedad. Según datos del estudio del IESE Businees School, presentado el pasado abril en la Asociación de la Prensa de Madrid, una de cada cuatro mujeres ha renunciado a tener hijos por seguir su trayectoria profesional. El 35% confiesa que sólo puede llegar a lo más alto si lo hace. Los obstáculos que más les afectan son los micromachismos, las estructuras empresariales rígidas y la falta de reparto de las tareas. Casi el 70% termina realizando una doble jornada cuando llega a casa. Esa discriminación empresarial entre paternidad y maternidad ha determinado que las mujeres sean madres más tarde; que un 51% haya tenido menos hijos de los deseados; que un 60% se sienta culpable de no dedicarles el tiempo que les hubiese gustado, y que un 28% renuncie a tenerlos. Un 97% considera que la ayuda que se otorga a la maternidad es muy escasa. Si en la Unión Europea destinan una media de 2,2% del PIB para ayudas a familias, en España la cifra máxima no sobrepasa el 1,4%. Un déficit que, junto con la falta de flexibilidad de las empresas, la inexistencia de una racionalización de los horarios y el desajuste entre el calendario escolar y laboral, complica mucho la elección de la maternidad. Y peor lo tiene el más de millón y medio de madres solteras que el INE tiene registradas en un país en el que, según sus previsiones, este 2017 habrá más muertos que nacimientos, por vez primera desde la guerra civil.

Menudo oficio el de madre. Sus exigencias no se aprenden en ningún libro pero da para de cada madre un manual; la experiencia las mantiene entre la duda de haberse equivocado y la certeza humilde de haberlo dado todo. Y a su sueldo de final de mes, y sin jubilación, nunca le echan cuentas. En medio un mundo o muchos, según los hijos que se tengan y el ADN del carácter con el que cada uno demandará mano fuerte, mano izquierda, desvelo permanente, satisfacción, alegría, más apoyo; y su papel mediador con el padre, el otro cabo de esta cuerda de pentagrama en el que ir escribiendo el solfeo de la educación de los pájaros. Una educación que engloba los valores y los sentimientos, las responsabilidades y los derechos, y un tema tan difícil como la equidad en los afectos y la conciliación entre hermanos: Los celos que generalmente culpan a los padres de favoritismos frente a exigencias. El eterno problema del que sólo se descubre su escaso predicamento cuando uno se transforma en padre, y comprende los porqués de las decisiones y las actitudes de nuestros tutores. Una empatía que nos convierte entonces en cómplices de ellos, y en su educación de los nietos.

Mi colega y amigo Ignacio Camacho escribió a su pérdida que cuando una madre se muere, se apaga el eco de la infancia. Y tiene razón porque ellas son nuestro primer afecto del juego, el ánimo en los retos de todos los aprendizajes. Y porque el olor de la madre es como el olor de la tierra mojada. Te despierta sensaciones dichosas, la felicidad de la infancia a lo lejos, su mano en tu mano dibujando a lápiz el mundo y sus palabras, el trofeo de su sonrisa ante nuestros primeros logros. Sobre su pérdida hay un hermoso libro de Roland Barthes, Diario de duelo, que cuenta como cada día el semiólogo escribía acerca del dolor de su ausencia y dejaba sus flores favoritas sobre su mesa. Me acuerdo también en este domingo de las que cruzan el Estrecho con sus hijos de leche o dan a luz en el exilio de los campos de refugiados; de las que lloran la incomprensible muerte de un hijo; de las persisten en salvarlos de cualquier cuenta de los abismos; de las que llevan o llevarán a sus hijos a sus espaldas hasta que vuelen sus alas desde su mano, y de las que el injusto egoísmo deja envejecer olvidadas. A todas las felicito por ser el amor más estable de todos y las que mejor escuchan nuestros monólogos. Y por supuesto a la mía, que supo pronto que llevaba la escritura dentro, y me hizo cómplice desde muy pequeño de su pasión por el cine y la pintura. Mi primera maestra en verdades, en el ejemplo en la adversidad, el esfuerzo y la constancia; y la ternura en cómo coser las heridas para que supiese hacerlo solo; en la importancia de la sencillez y del perdón; atenta siempre a sacudirme las penas, y a plancharme la sonrisa, la impaciencia y la rebeldía.

Hoy es su fiesta de flores y peluquería, aunque deberían faltarnos domingos, miércoles y viernes para devolverles el amor con creces, y darles gracias por la risa del agua, por el verbo que cicatriza, por la calidez del guiso, por la vida a la que nos hicieron. Por el corazón en el que siempre somos su primavera y sus pájaros.

Guillermo Busutil es escritor y periodista.
www.guillermobusutil.es

Publicado en Opinión Ventanas abiertas por ipmontalban. 0 comentarios

Alivio, por Ángel Valencia

La Opinión de Málaga, 14.05.17

Alivio es lo primero que sentí cuando supe la victoria de Emmanuel Macron, el nuevo presidente francés. Su victoria representa el intento de una política posible y europeísta frente a esa otra política del ruido y de la furia de Marine Le Pen. Si después del Brexit y de Trump el dilema de Europa era el de si se extendería la política de los nuevos reaccionarios señalando el principio del fin de la misma. Macron parece señalar un punto de inflexión en la buena dirección. Francia confirma la tendencia que comenzó en Austria y continuó en Holanda. Aunque no hay que subestimar el peso de la reacción ultraconservadora, en el poder en Estados Unidos y en Gran Bretaña o con porcentaje de votos y una representación política importante en Austria, Holanda y en Francia, lo cierto es que Europa vuelve a tener la oportunidad gracias a líderes europeístas como Emanuelle Macron. Sin embargo, queda ver qué pasa en Alemania y en Italia. El proyecto europeo depende de todos pero su impulso fundamental es el de Francia y Alemania y del difícil equilibrio de las salidas post-crisis en los países europeos. El escenario actual abre una nueva oportunidad.

Macron es un líder atípico, con sólida formación económica, banquero, ministro de Economía con Hollande, y un candidato a la presidencia que lo hace con un partido, que en realidad es un movimiento, EM, En marche! Su trayectoria política no es la de los políticos tradicionales, eso sí, en una Francia en la que éstos y sus líderes muy lejos de estar mínimamente aceptables. Al final, Macron ha sabido conjugar una imagen de político de centro que le ha otorgado la confianza de los franceses frente a un Fillon más preocupado por salvar su propia imagen de la corrupción en su propia casa o la de una izquierda dividida entre Benoît Hamon y Jean–Luc Mélenchon entretenidos en sacar partido de criticar el legado de Hollande. Si la socialdemocracia no reacciona, se trata de un modelo de líder, de centro, reformista, sin adscripción partidista. Podría ser el tipo de liderazgo que rivalice al de los nuevos reaccionarios. Hay un tipo de líder en Europa que desde la izquierda reformista aspira a ese liderazgo dentro de un perfil de centro izquierda, Matteo Renzi, Manuel Valls pero desde la izquierda es difícil porque no se sabe muy bien si son una especie de blairitas o nuevos Toni Blairs de la crisis y, por tanto, con un social-liberalismo excesivo que no convence y que no encuentra encaje en sus propios partidos y que, como en el caso británico se refugia en el fundamentalismo de los principios o en una división interna por resolver como en el caso español, en vez de realizar políticas y programas que hagan volver a los electores a la izquierda socialdemócrata.

Macron como presidente es un alivio para Francia y para Europa. El presidente más joven de Francia, sin duda, debe ser brillante y ha sabido conquistar el poder, veremos si es un líder de transición o es un líder histórico a la altura de los tiempos.

Publicado en Opinión Ventanas abiertas por ipmontalban. 0 comentarios

Menéndez Pelayo en Portugal, por Andrés Arenas

El 18 de enero de 1876, en la sesión ordinaria del Excmo. Ayuntamiento de Santander, a propuesta de su alcalde López-Dóriga, se tomó la decisión de subvencionar con la cantidad de 3.000 pesetas al joven D. Marcelino Menéndez   Pelayo «con objeto de sufragar en parte los gastos que se originen al eminente y erudito joven, en el caso de que se traslade al Extranjero para completar sus estudios[1].» Fue una decisión aprobada por unanimidad, lo cual prueba la conciencia de la excepcionalidad en las condiciones que mostraba ya el joven Marcelino. Casi cuatro meses después, otra sesión semejante se adoptará por la Diputación Provincial con la que se podría implementar la cantidad disponible para el joven erudito que ya ha demostrado unas condiciones extraordinarias para la investigación. Este ofrecimiento de ambas ayudas se hace se hace sin que el beneficiario haya hecho ninguna petición al respecto, aunque es probable que previamente se hubiesen hecho algunas gestiones por parte de sus amigos montañeses.

A todo esto se referirá años más tarde él mismo en un discurso de contestación en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, ofreciendo un homenaje de gratitud a Antonio Mena y Zorrilla, sin olvidar a las Instituciones de Santander que tanto le apoyaron[2]. El joven estudioso aún no ha cumplido los veinte años pero ya es autor de una serie de obras que no parecen propias de un muchacho que casi acaba de terminar sus estudios en la Universidad. Así ya figuran en su haber un poema épico (1871)[3], una tesis doctoral (1875)[4], una serie de traducciones de autores clásicos[5], una obra sobre Cervantes (1874)[6], un libro sobre un escritor montañés (1876)[7] que es magníficamente acogido por la crítica. Además está recogiendo datos para una obra que se llamará Historia de los heterodoxos españoles y para su futura Biblioteca de Traductores; y antes de empezar el viaje de estudios ya ha dejado listo para la imprenta un tomo de versos propios y traducciones.

Cronológicamente el joven doctor en Letras ha pensado en opositar a cátedra de facultad y también le pasa por la cabeza la idea de pedir el ingreso en el cuerpo de Archivos y Bibliotecas, pero su edad tan temprana será un obstáculo que se impondrá en su camino. En esa época no era posible opositar a una plaza de profesor de Universidad sino era a partir de los veinticinco años. De forma que esta generosa ayuda que se le ofrece viene a llenar un vacío en un momento de su vida en el que las perspectivas no parecen claras. En cualquier caso no tardará en trazar un plan para sus viajes, comunicándoselo al Ayuntamiento y a la Diputación de Santander. Este plan le permitirá visitar las bibliotecas de Portugal, Francia, Italia, Bélgica y Países Bajos donde se encuentran «muchas de las obras dadas a la luz por fugitivos españoles en los siglos XVI y XVII y aun en el siglo XVIII.»

Antes de emprender los viajes por Europa deja ya casi lista para la imprenta una de las obras que terminarán por convertirle en un personaje público: Polémicas, Indicaciones y Proyectos sobre la Ciencia Española. Éste fue su primer libro que llegó al gran público, debido seguramente a que la polémica se materializó en una serie de artículos que los contendientes publicaron en periódicos y revistas y que más tarde se recogería en un libro. Esta polémica fue una de las más ruidosas de nuestra historia cultural, prueba de ello que se han hecho cuatro ediciones, alguna de ellas, la tercera, varias veces reimpresa. La chispa que desató la contienda se produjo en la carta que el antiguo profesor de MMP, Gumersindo Laverde, le envía a su discípulo en la que se recoge un párrafo de un artículo que Gumersindo Azcárate ha publicado en la ‘Revista de España’ y que dice: «Según que, por ejemplo, el Estado ampare o niegue la libertad de la ciencia, así la energía de un pueblo mostrará más o menos su peculiar genialidad en este orden y podrá hasta darse el caso de que se ahogue por completo su actividad, como ha ocurrido en España durante tres siglos.» De alguna manera esa polémica ha durado hasta nuestros días, pues tras la discusión de los efectos que la Religión y la Inquisición han tenido en el desarrollo de la Ciencia, también se discutirá sobre la existencia de Filosofía en nuestro país y muchas otras cosas más en cuyo fondo se dirime la preponderancia de dos ideologías que son el krausismo y el catolicismo. Es debido a la polémica sobre la ciencia y a la descripción detallada de los heterodoxos en España como se forja la reputación de ultramontano, denominación ésta que le acompañará no sólo a lo largo de su vida, sino hasta la actualidad.

Ya antes de que MMP piense en el itinerario de sus viajes por Europa ha tenido que solucionar sus deberes con la patria que le obligan a cumplir el servicio militar. Este trámite lo solucionará gracias la llamada en esa época ‘redención a metálico’ que supondrá el pago de dos mil pesetas con fecha del 5 de noviembre de 1875. De no haber sido por esa cantidad que generosamente aportó su padre, es bastante probable que al joven Marcelino le hubiera tocado combatir contra los mambises de Cuba o tal vez contra los carlistas en su propio país. Solucionado este impedimento, podrá solicitar el pasaporte en el Gobierno civil que le permita viajar al extranjero y que debería ir visado por la embajada o consulados de los países visitados. En los datos que se aportan en el documento sobre su apariencia física figura: cara oval, poca barba, pelo castaño, estatura media y buen color[8].

Para documentar estos dos viajes del joven Marcelino hay que recurrir al Epistolario, en donde aparecen las cartas a Gumersindo Laverde y al amigo de la familia José María Pereda y, por supuesto,   los artículos publicados en ‘La tertulia’[9]. Los dos viajes que realizó cronológicamente cubren desde septiembre de 1876 hasta fines de noviembre del mismo año, es decir dos meses el primero y doce días el segundo.

Seguir leyendo »

Etiquetas: ,
Publicado en Historia-Memoria Ventanas abiertas por ipmontalban. 0 comentarios

Discurso de Guillermo Busutil en la entrega de Medallas del Ateneo

Guillermo Busutil, escritor y periodista, con Juan Gaitán.

 Dijo Camus que el éxito es fácil de obtener, que lo difícil es merecerlo. Y de acuerdo con mi maestro, agradezco en mayor medida al Ateneo y a su Junta el haberme hecho protagonista de este galardón. Un honor y una complicidad porque desde que llegué a esta ciudad hace 29 años el Ateneo fue y es uno de mis puntos de encuentro, de participación y de amistad por sus valores cívicos y la naturaleza del diálogo. Un agradecimiento extensible a los amigos que tengo en esta casa, a los que me acompañan hoy, y a mi familia que siempre está al lado y detrás, con generosidad, abrigo y como imprescindible toma de tierra. Ahora viene lo más difícil: No defraudaros, y seguir en pie firme, con voz republicana, libertad en la mirada y en la mano como escritor y periodista, mis dos maneras de estar en el mundo y en defensa de un pensamiento activo, con sentido de la búsqueda, más allá de lo que la actualidad orla, humanista e insumiso, independiente, riguroso y veraz en el debate y en las propuestas, igual que comprometido con un lenguaje que no esté deshabitado, que no sea metralla ideológica, ni eyaculaciones exprés en 140 caracteres.

Blaise Pascal señaló allá por el año mil seiscientos y pico que la gente lo que quiere es distraerse y escapar de la obligación de pensar. Sentencia llamativa por su actualidad en este presente del desmantelamiento de los valores de la Ilustración, (sirva de ejemplo la supresión del sistema educativo de la Filosofía y de la Literatura) y en el que, como señaló Zygmunt Bauman, los centros comerciales son como farmacias, y consumir se ha convertido en un tranquilizante moral. Un diagnóstico al que sumo la imposición política de que elevar al cielo negocios privados de escasa transparencia, avalados por tópicos del bien común y manipulaciones informativas de todo tipo, resulte ser sinónimo de progreso, de excelencia y singularidad.

Llevan razón Pascal y Bauman. No está de moda pensar, ni hurgar en los porqués de los males e incertidumbres de hoy: la lujuria del siglo XXI que es la corrupción, la codicia del yo, la regresión de derechos, la aceptación del miedo como conformidad, el auge de una sociedad hipnotizada por el vértigo del presente continuo en el mundo zapping de las redes. Tampoco se nos permite demasiado disentir de esa verdad que los poderes políticos y los grupos de intereses económicos están convirtiendo en un no lugar, en la impostura de llamar a la mentira posverdad. Esta realidad ha venido para quedarse y está respaldada por el discurso neoliberal y la globalización orwelliana. Nuestro futuro depende de nuestra capacidad de discrepar, de la función transformadora de la cultura, de la respuesta activa de los intelectuales y la ciudadanía, del coraje de la crítica como asunto moral. Los principios en los que creo, que también son ateneistas y que me estimulan para hacer y compartir una literatura con estética y conciencia, y un periodismo, respaldado por buenos medios de comunicación, que analice, argumente y plantee preguntas contra las injusticias, la falta de responsabilidad ética y social de nuestros políticos, la amenaza de los populismos y la destrucción de una economía moral. Sin la voz ni la conciencia de ese periodismo lo real se desarma, la memoria se silencia y la libertad no se mueve.

Escribió Eduardo Galeano: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos y ella se aleja dos pasos. Camino diez, y el horizonte se corre más allá. Por mucho que camine nunca lo alcanzaré. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. Ese es mi compromiso, y a eso es a lo que les invito en esta tarde de felicitación al resto de mis compañeros premiados, de agradecimiento al Ateneo, y a la atención que han prestado al orgullo, humildad y honestidad de mi trabajo, sobre el que les he contado.

Gracias, muchas gracias.

Etiquetas: , ,
Publicado en Ateneo de Málaga Ventanas abiertas por ipmontalban. 0 comentarios

Discurso de Jaime Rodríguez Martínez en la entrega de Medallas del Ateneo

Jaime Rodríguez, catedrático de Ecología de la Universidad de Málaga.

Autoridades, ateneistas, amigos y amigas, señoras y señores:

Nadie pone hoy en duda que nuestro mundo está inmerso en un proceso de cambio global provocado por las actividades humanas, y aunque el proceso se inició allá por los tiempos de la revolución industrial, fue en la segunda mitad del siglo XX cuando todo se disparó: la contaminación de la atmósfera con sus secuelas de calentamiento global y cambio climático, la contaminación de las aguas y los suelos, la sobre-explotación de recursos, la deforestación, la pérdida de diversidad biológica y cultural… Tan clara y global es la señal del impacto humano que los expertos han identificado estos tiempos de cambio como una nueva época en el curso de la historia geológica y biológica del planeta, y la han bautizado como corresponde al protagonismo humano: el Antropoceno.

La pregunta que me hago es: ¿cómo nos sentimos, ustedes y yo, cómo se siente la gente, ante esta situación?

Decía José Saramago que “los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay.”  Yo debo decir que la actividad científica es intrínsecamente optimista y no cabe duda de que ciencia y  tecnología son imprescindibles para salir del atolladero ecológico en el que nos hemos metido. Pero hace falta algo más de optimismo para salir de otro atolladero, el de la desigualdad social que también hemos generado. Y digo esto porque deterioro ecológico y desigualdad social van fuertemente cogidos de la mano.

Como ya concluyó el Programa de Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas, para alcanzar metas tan básicas como la reducción de la pobreza, del hambre o de la mortalidad infantil es imprescindible garantizar la sostenibilidad ambiental, como también lo es para alcanzar un estado de verdadero bienestar humano, eso sí, entendiendo “bienestar” como algo que va más allá de lo que nos indica el PIB o la renta per capita; entendiendo “bienestar” como  algo que valora el desarrollo humano, incluyendo el acceso justo a la salud, el trabajo, la educación, la cultura, la seguridad, la libertad de elección o las buenas relaciones sociales.

Alcanzar la sostenibilidad ambiental es un reto enorme, pero no imposible. Es un reto que implica abordar el problema socio-ecológico de una forma sistémica, integrada, holística…llámenla como quieran; una forma que reconozca la íntima relación entre el sistema social y el sistema natural; una forma que, además, no olvide que una parte muy significativa de la humanidad depende de forma directa e inmediata de la salud de ecosistemas cuya degradación es consecuencia, principalmente, de las actividades de otra parte de la humanidad.

Sin embargo, para muchos científicos —y quizás para muchos de ustedes— es difícil no caer en el pesimismo ante el panorama de una población humana que rondará los 10000 millones de personas a mediados de este siglo, todas ellas demandando cuotas justas de bienestar. Una población en la que, según todo apunta, el mayor crecimiento tendrá lugar en los países más pobres y en la que, si algo no lo remedia, los próximos 2000 a 3000 millones de personas acabarán viviendo en los suburbios de grandes ciudades. Pues bien, a pesar de estas cifras deberíamos ser optimistas, ya que, como mínimo, sabemos que el problema tiene solución, lo que ya es algo muy importante. Sabemos que, para frenar el crecimiento de la población humana, el mejor método contraceptivo es el desarrollo económico y social de los pueblos más pobres, que suelen ser, además, los más fecundos. Ahora tocaría aplicar el remedio, y aquí es donde de nuevo podemos caer en el pesimismo.

Para animarnos de nuevo, con motivo de la reciente celebración del Día de la Tierra, la prestigiosa revista americana Science publicó un número monográfico cuya editorial defendía la necesidad de ser optimistas ante el futuro de nuestro planeta, y los autores decían algo que realmente me gustó. Era algo así:
“Un ingrediente clave para el cambio es la esperanza. Después de todo, Martin Luther King, en su famosa frase, dijo Tengo un sueño;  no dijo Tengo un problema”.

En conclusión, el estado de nuestra aldea global no pinta nada bien, pero limitarnos a señalar problemas sin esperanza de solución es sembrar el pesimismo y el desánimo entre la gente, y la implicación de la gente es la mayor fuerza para mejorar el mundo que compartimos.

Quiero decirles, para finalizar, que me siento muy, muy honrado por recibir la Medalla del Ateneo, y quiero dar las gracias a todos los que han tenido algo que ver con tal decisión: Presidente, Secretario y Vocales de la Junta Directiva del Ateneo de Málaga.

Debo aclarar, sin embargo, que la principal responsable de que hoy esté en esta difícil situación se llama Virginia, mi esposa, quien —todo hay que decirlo— ha contado con la ayuda de la estupenda familia que hemos ido formando a lo largo de más de 40 años juntos. Eso sí, la medalla la dedico a mis nietos; a los presentes —Mar, Luis, Martina— y a los futuros, porque ellos serán los protagonistas del cambio que todos deseamos. Os quiero.

Muchas gracias a todos.

Etiquetas: ,
Publicado en Ateneo de Málaga Ventanas abiertas por ipmontalban. 0 comentarios

Discurso del presidente del Ateneo en las Medallas 2017

ACTO DE ENTREGA DE MEDALLAS 2017

Diego Rodríguez Vargas, presidente del Ateneo.

Sr. Alcalde de Málaga, Sr. Rector de la Universidad de Málaga, Delegada de Cultura de la Junta de Andalucía… Representantes de entidades culturales y de instituciones públicas… Señoras y señores.

En estos ocho años, en los que he tenido y tengo el honor de presidir el Ateneo de Málaga, se han producido dos fenómenos que podían haber sido determinantes para la supervivencia del Ateneo.

Por un lado, la crisis económica ha supuesto una importante reducción de recursos, afectando a todas las entidades culturales de la sociedad civil, entre ellas el Ateneo.

Por otro, la ciudad se ha consolidado como el referente cultural del Sur de Europa, con el peligro de que el Ateneo se diluyese entre la extraordinaria oferta cultural y perdiese el sentido por el que se fundó.

De ambas situaciones hemos conseguido sobrevivir manteniendo nuestra identidad como espacio de reflexión, debate, fomento y difusión de la cultura en libertad.

Nuestra programación -gran trabajo de la Junta Directiva-, y nuestro modelo participativo y de gestión, son ejemplo a seguir por la mayoría de ateneos de Andalucía y de España.

No ha sido fácil, pero hubiera sido imposible sin la colaboración del Ayuntamiento de Málaga, Unicaja Banco, Junta de Andalucía, Diputación, Universidad de Málaga con ocho facultades incorporadas a nuestro proyecto, Hospital El Ángel, Copicentro, Fundación Málaga, El Pimpi, Hotel Petit Palace…

Nos honra pertenecer a esta “Ciudad de Museos”, donde habita el arte -dice el slogan-. Ciudad de Picasso, en la que su aula en la vieja Escuela de San Telmo, hoy sede del Ateneo (vídeo del inicio del acto), el mágico lugar donde despertó el genio entre los pinceles de Muñoz Degrain, Moreno Carbonero o Ferrándiz, sigue esperando decisiones administrativas para su rehabilitación.

Pero hoy quiero poner énfasis en las Medallas Ateneo. Un reconocimiento al esfuerzo y al talento, y sobre todo, al significado del trabajo intelectual como “aportación a la cultura y a su transcendencia social”.

Las Medallas Ateneo -más de cien concedidas en los 50 años de historia, 35 en estos últimos ocho años- nos fortalecen en la idea de que la cultura dignifica a un pueblo, permite ver la injusticia y combatirla, nos hace más libres, en muchas ocasiones luchando contracorriente, pero sabiendo que…

Frente a las pantallas de plasma, hay maravillosos libros y periódicos que esperan ser leídos. (Cada finlandés lee una media de 47 libros al año. En España, 10).

Frente al adoctrinamiento político y fundamentalismo religioso en cualquier lugar del mundo, está la luz de la razón, la lógica y la verdad.

Frente a la corrupción, la honestidad de miles de personas que cada día dan lo mejor en las escuelas, universidades, hospitales, empresas…

Frente al aumento de la desigualdad (más de tres millones de desempleados), el compromiso de generar una sociedad que quiera crecer en madurez democrática, y en la que la cultura, en sus diferentes manifestaciones, sea el instrumento de cohesión.

Solo así, nuestro país superará la mayor de todas las miserias: la ignorancia y la resignación.

Vivimos tiempos de codicias y corrupciones. De mercadeo de votos.

De árboles caídos si una rama se rompe… De indignación.

Al otro lado de estas miserias, cinco nuevas medallas Ateneo.

La otra cara de nuestro país. La que contribuye con trabajo y honestidad a fomentar el pensamiento crítico, la investigación y el compromiso de defender el medio ambiente, la igualdad de derechos de hombres y mujeres, la cooperación cultural y la creación artística.

Guillermo Busutil, referente de la literatura de calidad, ateneísta fiel, escritor rebelde, elegante e incansable defensor de la verdad.

Rosa Quesada Segura, a quien tanto le debemos, hombres y mujeres, en esta interminable batalla por la igualdad.

Jaime Rodríguez Martínez, humildad y sabiduría. Hombre de ciencia, artista plástico, músico… y, sobre todo, humanista e investigador.

Dickinson College, que encontró la forma de unir la cultura de Málaga y EEUU con el intercambio de dos universidades, distantes geográficamente, pero hermanadas desde hace 31 años. Gracias a quienes habéis venido de Estados Unidos a celebrar con nosotros el acontecimiento.

Escuela de Arte de San Telmo, primer núcleo de artistas y creadores en la ciudad de la luz desde hace 160 años, origen de la ciudad de las artes en que se ha convertido Málaga.

Los medallistas con el presidente.

¡Enhorabuena a los cinco! Un honor para el Ateneo y espero que también lo sea para vosotros.

Finalizo con una plática de don Quijote a Sancho: “…debemos, amigo Sancho, recuperar las sensaciones más gratas, la buena conciencia y el esfuerzo de ser mejores sin llegar a ser perfectos; y, sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que esté”.

Muchas gracias. Muchas gracias.

Etiquetas: , ,
Publicado en Ateneo de Málaga Ventanas abiertas por ipmontalban. 0 comentarios

Medallas del Ateneo de Málaga, por Jesús Zotano

La opinión de Málaga, 10.05.17

En favor del progreso y el espíritu crítico malagueño

El escritor y periodista Guillermo Busutil; el Dickinson College; la Escuela de Arte de San Telmo, la catedrática de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social Rosa Quesada Segura y el coordinador nacional del Área de Biología de Organismos y Ecosistemas de la Agencia Nacional de Evaluación Jaime Rodríguez Martínez recibieron las distinciones.

Un año más, el Ateneo de Málaga mostró su reconocimiento público a aquellas personas e instituciones que con su trabajo y espíritu crítico hacen de esta ciudad un lugar mejor. Y lo hizo a través de la entrega de las Medallas del Ateneo 2017, que este año recayeron en el escritor y periodista Guillermo Busutil, articulista de La Opinión de Málaga; el Dickinson College; la Escuela de Arte de San Telmo, la catedrática de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social Rosa Quesada Segura y el Coordinador Nacional del Área de Biología de Organismos y Ecosistemas de la Agencia Nacional de Evaluación Jaime Rodríguez Martínez.

En la sala María Cristina se reunieron este martes numerosos representantes de la vida política y cultural malagueña para asistir a este acto, que arrancó con una proyección sobre el Aula Picasso y que estuvo amenizado por la actuación de la Joven Orquesta Promúsica, dirigida por Javier Claudio. El aula de pintura en el que el padre de Picasso impartió clases de dibujo volvió a ser protagonista al final del acto, cuando el director del Ateneo, Diego Rodríguez, apuntó que «hasta que Málaga no recupere el Aula Picasso tendremos una deuda cultural».

La delegada de Cultura de la Junta, Monsalud Bautista; la delegada de Educación, Patricia Alba, el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre; la concejala de Cultura, Gemma del Corral; los viceportavoces del PSOE, Daniel Pérez y Estefanía Martín Palop; la vicerrectora de la UMA, Tecla Lumbreras; los escritores Antonio Soler, Aurora Luque y José Antonio Mesa Toré, el músico Antonio Meliveo; el que fuera presidente de la Fundación Málaga Ciudad Cultural 2016, Juan López Cohard; el gestor cultural y consultor de arte Pedro Pizarro; la directora de la Casa de Gerald Brenan y la Fundación Pérez Estrada Silvia Grijalba y el ex concejal Damián Caneda, fueron algunos de los asistentes a la velada, que estuvo conducida por Pilar Florez Núñez.

«Guillermo Busutil encarna el espíritu ateneísta puro y duro: crítico e intelectual, además de escribir de maravilla», señaló Diego Rodríguez. Por su parte, el autor de Vidas prometidas agradeció el reconocimiento, señalando que desde que llegó Málaga (Busutil nació en Granada) , hace 29 años, el Ateneo ha sido y sigue siendo un de sus «puntos de encuentro, de participación y de amistad por sus valores cívicos y la naturaleza del diálogo».

El escritor, que fue presentado por el escritor y vocal de publicaciones del Ateneo Juan Gaitán y recibió el galardón de manos del director de La Opinión de Málaga, Juande Mellado, alertó de los males del pensamiento acomodado, ya que, según señaló, corremos el peligro de creer que «la imposición política de que elevar al cielo negocios privados de escasa transparencia, avalados por tópicos del bien común y manipulaciones informativas de todo tipo, resulte ser sinónimo de progreso, de excelencia y singularidad».

«Llevan razón Pascal y Bauman. No está de moda pensar, ni hurgar en los porqués de los males e incertidumbres de hoy: la lujuria del siglo XXI que es la corrupción, la codicia del yo, la regresión de derechos, la aceptación del miedo como conformidad, el auge de una sociedad hipnotizada por el vértigo del presente continuo en el mundo zapping de las redes», destacó.

Por su parte, Quesada Segura, directora del Observatorio Jurídico Laboral de la Violencia de Género e impulsora de la regulación de la pensión de viudedad, se mostró convencida de que «con la consecución de la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres se conseguirá un mundo mejor». Tras recibir su medalla, Rodríguez Martínez, un referente internacional en la investigación oceanográfica y ecológica, trató de convencer a los presentes de que «debemos ser optimistas» ante el reto de alcanzar la sostenibilidad social y ecológica, «un reto enorme pero no imposible». «Un ingrediente clave para el cambio es la esperanza», dijo antes de dedicar el galardón a sus nietos. «Porque ellos serán los protagonistas del cambio».

Etiquetas: , ,
Publicado en Ateneo de Málaga Ventanas abiertas por ipmontalban. 0 comentarios

La mano invisible, por Luis García Montero

Infolibre, 07.05.17

Las empresas hacen entrevistas de trabajo para contratar a la persona indicada. Los directores de cine hacen un casting para seleccionar a sus actores y actrices. Los escritores hacemos también un ejercicio de selección de nuestros lectores ideales. Debemos sentar al otro lado de la mesa al lector ideal con el que deseamos inventar una historia. Elegir tono, palabras, argumentos, debates… supone antes que nada imaginar un lector con el que dialogar y, si es posible, con el que emocionarse. Los directores de cine hacen también un casting para elegir a sus espectadores.

Isaac Rosa publicó en 2011 la novela La mano invisible (Seix-Barral). El escritor no cree que el mercado sea la mano invisible que organiza de forma equilibrada una vida justa gracias al juego de la oferta y la demanda. La única invisibilidad reinante en ese juego de abstracciones ideológicas es la que borra la explotación humana en beneficio de los especuladores. Hacer invisible al que sufre parece —en principio— un requisito para que la buena conciencia no descubra la gota de sangre que hay en las multiplicaciones.
Pero Isaac Rosa fue consciente de que la sociedad del espectáculo ha extremado su negocio. Necesita visibilizar incluso la explotación. Esta sociedad también hace su casting para elegir a un público. Es el público educado en el desprecio, el racismo, el miedo, el egoísmo, la insolidaridad, las grandes audiencias, los bajos instintos y la telebasura. Ver al que sufre facilita aquí la lógica de la inseguridad y del “sálvese quien pueda”. Por eso Isaac imaginó con su lector ideal un argumento en el que reunir en una nave industrial a unos trabajadores convertidos en espectáculo. La operación sirvió de laboratorio para visibilizar la dinámica del trabajo en el mundo neoliberal. El escritor nos invitó a preguntarnos: ¿hasta dónde puede llegar la explotación?, ¿hasta dónde pueden crearse situaciones de competencia, precariedad y humillación? El neoliberal quiere una respuesta que sirva para llevar al extremo su avaricia. El escritor pretende que sus lectores se respondan a sí mismos con más preguntas: ¿qué lugar ocupo en el espectáculo?, ¿qué tipo de espectador soy?
Es la misma pregunta que ha querido plantear el director David Macián al llevar al cine la novela de Isaac Rosa.  Y empezó a plantearla desde el mismo proceso de producción al ensayar una dinámica de trabajo cooperativo y de colaboraciones cívicas modestas. Las ilusiones alternativas son un camino de ida y vuelta. No basta con pedir otro tipo de sociedad, de cine, de periodismo…, resulta necesario participar en sus procesos.

El viernes, después del café, me acerqué a los cines Renoir de Madrid para ver La mano invisible. Sentí alegría al comprobar que no sólo se trataba de una buena intención, sino de un buen resultado, una buena película con el pulso de una dirección certera y un magnífico grupo de actores y actrices. Me sentí bien tratado como espectador. Las imágenes, el objetivismo inteligente de la cámara y los ritmos de necesidad e incertidumbre que se encarnan en los personajes no me invitaban a ser el espectador irascible que pide sangre, hace comentarios machistas o racistas, se insolenta con los camareros y salta al escenario de la indignación cuando se ven defraudadas sus expectativas de consumidor insaciable.

Allí estaban el albañil que quiere darle sentido a su trabajo, el carnicero que vive de vuelta y ha decidido parecerse a sus explotadores, la modista, la teleoperadora, el mecánico, el informático, la mujer de la limpieza, la trabajadora en cadena, el mozo de almacén, el camarero, la puta y el guarda de seguridad. Allí está la rubia del traje, el laboratorio de la explotación neoliberal, la generación de trabajo precario, inseguridad y competencia. Y allí estoy yo, interpelado por el autor de una novela y el director de una película. ¿Qué lugar ocupo en la sociedad de la telebasura, la degradación laboral y el invierno democrático?

Es una película que hay que ver si queremos vernos. Vayan el día que vayan, será el día del espectador. Pero conviene ir pronto. Ya se sabe el ritmo de la sociedad en la que vivimos.

Nos es grato comunicarles, por José Luis González Vera

La Opinión de Málaga, 08.05.2017.

Como si fuera una cucaracha bocarriba, en el buzón me esperaba una carta firmada a la limón por Ayuntamiento y Limasa. Recelo de sus intenciones tanto como de las del insecto que se finge cadáver. Intuyo algún pago imprevisto, alguna multa. Ni me fío de mis instituciones ni de estos paragobiernos suyos que califican al ciudadano como contribuyente, eufemismo moderno de pagafantas. La misiva se abre con un “nos es grato comunicarles”. Los romanos temían a los griegos incluso cuando llegaban con regalos, aserto que parece corroborar este trozo de papel que no se avergüenza entre mis manos. A nuestro Ayuntamiento, como brazo ejecutor de Limasa, le es grato comunicar a los malagueños que para aumentar la eficiencia del servicio, la recogida de muebles se prestará un día a la semana en cada barrio y, además, le es grato comunicarnos que la sanción por incumplimiento puede llegar a 750€, punto éste último que sí le es muy grato comunicarnos, con toda seguridad. O sea, al Área de Sostenibilidad Medioambiental, le es grato comunicar que va a inocular a los malagueños un fastidio más de esos a los que Limasa ya nos tiene acostumbrados. Si la idea de empeorar el servicio que antes se realizaba de un día para otro, incluso en horas, previa llamada telefónica, ha sido del concejal del Área, sobra la firma de Limasa, tras la que se esconde alguien que desde un puesto público, se dedica a deteriorar esos detalles que evitan clavos a la existencia de los ciudadanos, sobre todo de los más menesterosos. Si la idea ha sido de Limasa, empresa aún de servicios externalizados, el logo del Área no tendría que haber aparecido, a no ser que sus jefes quieran actuar como ese amigo de la niñez que le pegaba a quien se metiera contigo. Y desde luego, creo que, si no es como chiste dudoso, el adjetivo “grato” tendría que haberse evitado para comunicar un cambio unilateral de servicios públicos mediante amenaza.

Yo disfruté de otra vida más holgada que la actual y también, lo mismo que quienes redactaron esa carta, tuve un chalecito en zona residencial. Mi mala cabeza me ha exiliado, como penitencia como gran pecador, hacia un apartamento muy cuco y divertido, pero tan exiguo como el que padece la inmensa mayoría de los malagueños. En mi casa tiraba la basura cada tres días. En la esquina del jardín no molestaba y uno cuando tiene espacio se vuelve perezoso para salir de la propiedad. Ya saben, la vida galante y glamurosa de los barrios de familia bien que es para quien nuestro Ayuntamiento gobierna. No me afectaba una huelga en la basura, por ejemplo. Del mismo modo, cuando quería hacer alguna reforma, apartaba los muebles en el garaje o en alguna de las terrazas cubiertas. Era grato el contemplar las obras que mejoraban mi hogar. Ahora poseo 65 metros para desperdiciar mi vida rodeado de unos 1500 libros. Me desenvuelvo, como la mayoría de mis vecinos, en el espacio justo para que no me encuentren muerto contra una pared por ausencia de suelo. En los barrios, como Miraflores de los Ángeles donde me crié, las reformas no se iniciaban cuando la familia quería, sino cuando disponían dioses tan variopintos como quienes realizaban los oficios. El albañil venía cuando podía, el fontanero si no atendía otra urgencia más rentable, y el transportista de muebles cuando sabíamos que no nos dejaban sin cama. Imaginen un piso de protección oficial al uso con una familia amenazada para que mantenga los muebles hasta el día designado porque no puede pagar el servicio de retirada en domicilio. Arreciarán las descargas nocturnas de muebles en descampados y en puntos lejanos a los contenedores. La vida diaria en los barrios marca leyes que nuestros mullidos concejales ignoran por voluntad de ignorancia. Una maniobra quizás para abaratar este servicio y, así, hacer atractiva Limasa para otros socios que vuelvan a sacar dinero a los pagafantas de Málaga sin entregar nada a cambio. Para qué si al Ayuntamiento le será grato comunicarnos cualquier nuevo ataque a la ciudadanía que los dueños de la posible nueva empresa perpetren. Como este, con el grato auxilio de la autoridad y sin que la razón lo impida.

Publicado en Opinión Ventanas abiertas por ipmontalban. 0 comentarios

Desde Chókwè, por Ana María Chamorro Rodríguez

Hospital Carmelo, Chókwè (MOÇAMBIQUE)

7 de mayo de 2017

Chókwè es un municipio con más de 70.000 habitantes en el distrito de Gaza al sur de Mozambique. El idioma de la población de la zona es el Shangana y el idioma oficial el Portugués. Estoy intentando aprender un poco los dos aunque mi prioridad quiero que sea el Shangana. Recuerdo el K’iche’, me sorprendió mucho porque es un idioma muy plástico: el significado de abuelo es una imagen, la del niño o la niña agarrados a la oreja de su abuelo; el significado de hijo e hija es la del peso que llevo en mi espalda al cargarlos; el número 20 significa una persona completa con todos sus dedos de manos y pies, 20 (winaq’) también significa una persona completa en el sentido de madurez,… es un idioma muy sensorial que me acercó un poco a la manera que la población tiene de vivir y de relacionarse con el otro. El Shangana será otra historia… supongo. De momento, no encuentro libros ni material escrito de aprendizaje, lo que estoy aprendiendo lo hago a pie de cama del hospital, apuntando en una libreta los sonidos. El contexto hace que me centre más en las partes del cuerpo y en las dolencias…. percibo que a la gente le agrada que quiera aprender su idioma, así que ahí voy… lenta, pero sin pausa.

Mi aterrizaje ha sido directamente dentro del hospital-orfanato-granja con huerto y árboles frutales Carmelo. No sé si decir que ha sido forzoso… o más bien sin pista de aterrizaje. Este hospital es uno de los dos hospitales del municipio, coordinado con el ministerio de salud, dirigido por la población local y gestionado por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul que llevan en el país más de 40 años. El hospital está especializado en Tuberculosis y VIH aunque atienden cualquier problema de salud de forma gratuïta.

El centro hospitalario es como un monasterio… la kurula o zona de ingreso tiene 120 camas (100 para adult@s y 20 para niñ@s) dipuestas alrededor de un claustro donde la gente pasea, se estira en el suelo a descansar, ve una película por la noche en una pantalla que hay en el centro del claustro y algún niño juguetea haciendo rodar el plástico del esparadrapo…

Después de ir rotando por diferentes lugares del hospital, de momento, estoy ubicada en la “Sala de Observaçao”. Es una doble sala: una parte con 8 camas para las personas que llegan y necesitan atención urgente y probable ingreso, y otra, para realizar las curas ambulatorias y urgentes. Cada día llegan unas 150 personas a las consultas externas, y se ingresan casos de infecciones oportunistas como la tuberculosis (en muchos casos multirresistente), neumonías y otras complicaciones debidas a estadíos muy avanzados del VIH, complicaciones por la malaria y problemas cardiovasculares entre otros problemas. Ha habido días, que ha llegado tanta gente grave que en cada una de las camas de la Sala de Observaçao se han ubicado dos personas y el resto en sillas. Estas primeras semanas han sido de aprendizaje, y las que vienen también (tengo buenas maestras), pero ahora, ya empiezo a ser un poco más autónoma, menos patosa, estar más cómoda con las técnicas y el escaso material. Sé que mientras sólo esté pendiente de hacer bien los protocolos de intervención y las técnicas, se me van a pasar por alto muchas otras cosas…. Por ejemplo, el otro día llegó un joven de 30 años con tuberculosis, deshidratación y caquexia por el avanzado estado del VIH (ninguna célula CD4), tomé constantes, puse un catéter con suero, analítica, la medicación por protocolo y continué con otro paciente. Después de unas horas, cuando llegó el médico, confirmó el ingreso y miré al paciente…por primera vez le vi una importante infección en los ojos que le impedía abrirlos y que debía incomodarle mucho. Le limpié los ojos y los abrió mientras me preocupaba por la cantidad de gasas que estaba utilizando. Murió de camino a su cama de ingreso. Su nombre, Leonardo Francisco.

Estoy preparando un pequeño informe con mis primeras observaciones sobre el seguimiento de la infección por el VIH. El trabajo que se realiza es de mucha calidad a pesar de las desigualdades importantes que tienen que ver con el acceso a la medicación y a las pruebas necesarias para su seguimiento. Lo quiero enviar a mis compañer@s de la Fundació Lluita contra la Sida en Can Ruti para ver qué opinan y qué opciones ven.

He mirado la limitada medicación que hay para el VIH, está fabricada en la India. Es cierto que la India es la farmacia de medio mundo. Este acceso a la medicación es gracias a la Ley india de Patentes que fue fruto de observar lo que ocurría con un gran número de nuevos fármacos que llegaban al mercado del mundo desarrollado. Éstos fármacos no eran (ni son) genuinamente nuevos, sinó réplicas o formas nuevas de fármacos conocidos. Después de agotar el tiempo de la patente, realizan una modificación menor en la fórmula para solicitar otra patente, y así prolongar la vida de la patente y el monopolio. Es una estrategia habitual. La Ley india de Patentes no autoriza nuevas patentes si la nueva molécula no es significativamente más eficaz que la previa. Por lo tanto, la medicación que llega a África, América Latina y Ásia es la versión genérica fabricada en la India de los fármacos a los que la ley no permite renovar la patente. Gracias a ésto hay mínimamente tratamiento para el VIH aquí, sino, aún no habrían llegado los antirretrovirales. Aún así, la medicación que llega aquí es para muchas personas insuficiente, son necesarias nuevas familias de fármacos menos tóxicos (que ya existen desde hace años en Europa) para tener además más alternativas cuando el virus ya es resistente a los fármacos habituales.

Aquí anochece poco después de las 17:30h, y a esa hora recomiendan no salir de casa. Tengo tiempo para leer bastante, ahora tengo muchas ganas de empezar un libro 117 días de Ruth First (1925-1982), una mujer periodista y activista sudafricana que narra sus experiencias, reflexiones y análisis durante sus días en prisión. Fue asesinada durante su exilio en Mozambique. El libro está en formato digital bajo licencia Creative Commons que permite libre descarga (por si alguien más quiere leerlo y después comentarlo ;)).

En un par de días tengo que salir del país para sellar el pasaporte y volver a entrar (4horas de ida y 4horas de vuelta), podré ver un poco más el área del Limpopo que es el río más caudaloso de la zona y la llanura de la sabana con el perfil de las acacias.

Un abrazo. Ana

Publicado en Opinión Ventanas abiertas por ipmontalban. 0 comentarios