POESÍA POWER: (Cun’t) be a man



Por CHRISTINE FÉLIX GARCÍA

 

Justo en la entrada, una ventana abierta ilumina la sala. Bajo la misma, unos versos en la pared blanca  se esparcen como la luz y revelan que el Proyecto (Cun’t) be a man planteado por Martín de Arriba y Angelo Nestore va mucho más allá: ‘E io chi sono?’

Responder a esta pregunta trascendental no es fácil. De ahí que la poesía y la fotografía busquen acercarse a la realidad. Esa que se nos escapa de las manos justo cuando creemos atraparla con los sentidos y el ojo se convierte en cámara, esa realidad  que nace de lo personal y se hace presente cuando desde los sentidos atraviesa nuestra piel y se interioriza para volver al exterior hecha poesía.

En esta exposición, diez fotografías nos acercan al  cuerpo que cada uno habita, contienen la fuerza y sensibilidad de la vida, la búsqueda de la identidad muy alejada de la cosificación de la carne tan escenificada hoy en día.

Paseo despacio deteniéndome en cada fotografía. Lo que se ve, lo que no se ve, lo que hay o no hay con sus luces y sombras.  Ya son las ocho de la tarde, la sala comienza a llenarse de besos, de abrazos y de miradas cómplices.

Martín con su sonrisa  invita a entrar, acompaña jubiloso, mostrando su obra mientras Ángelo saluda afable y acoge sin perder de vista a nadie. Hay mucho esfuerzo tras este trabajo y ahora está ahí, como una fruta madura abierta en una calurosa tarde de verano, un 11 de julio en Málaga. Reconozco a Violeta Niebla  por su sonrisa de media luna y porque se mueve entre los asistentes como la ondulación de sus rizos. Poco después distingo a Tomás Cohen, todo ojos que va posando con serenidad, unos ojos que cuando tropiezan con otros ojos transmiten un estoy aquí y te reconozco en mí. Entonces me doy cuenta de que la sala se ha llenado y todos formamos parte de este Proyecto. El Ateneo se convierte en un espacio  para dar cabida a distintos cuerpos. Porque como dice Ángelo Nestore todos los cuerpos son “hermosamente distintos”.

Entonces Ángelo comienza su lectura de poemas desde el espacio de la intimidad, la desnudez en la ducha, bajo el agua, lejos del móvil, lejos de los ojos de los otros, “El agua fría me trae a mi cuerpo/ escondo el pene entre las piernas”. Las fotografías de Martín vuelven a mi mente y cada pieza encaja en un pensamiento, en un verso.

 

DE CUANDO ME EQUIVOQUÉ DE BAR

Yo soy de esa clase de amigos

que siempre pide otra ronda en los bares.

No tengo hijos,

soy el hijo único de una dinastía de bastardos

que se llena el estómago y se autodestruye.

Mis amigos, sin embargo, son padres,

de esos que buscan una excusa para volver tarde a casa,

siempre me invitan a otra,

nunca quieren que me vaya.

Ellos me miran y cien veces

me cuentan cien veces lo difícil que es

la suerte que yo.

Ellos no ven las hormigas que trepan por mi pierna,

no las ven.

Beben tiempo con su boca de padres,

tragan tiempo con su saliva de padres

y yo me vuelvo cada vez más pequeño

y sus hijos cada vez más grandes.

Y con cuarenta, con cincuenta,

volveré al mismo bar de la esquina

y entonces los que hoy son niños se preguntarán por qué

tantas hormigas en mi boca,

por qué el amigo de sus padres se sigue creyendo joven.

Con cincuenta, con sesenta,

quién me llevará a casa,

quién guardará mis huesos bajo las sábanas.

Con sesenta, quizás, con setenta

quién contestará a mis preguntas,

quién me dirá lo difícil que es,

la suerte que yo

cuando un día me confunda y pida otra ronda

frente a la sola luz de mi nevera.

 

    Es el turno de Violeta Niebla, de su lectura me cautiva el chispeante y sutil “Ahora soy un hombre”. Si yo fuera un hombre, me dejaría la barba de tres días nos cuenta risueña. Guarda un cómplice silencio y añade: … y sería un hombre muy guapo.

Como es un poema inédito podéis ver la lectura que hace ella misma en redes:Ahora soy un hombre

Para finalizar, Tomas Cohen  realiza una selección de poemas, unos inéditos, otros de  su libro Redoble del ronroneo, que no voy a transcribir  por temor a no marcar correctamente la pausa de sus versos de una musicalidad exquisita. Sirva como muestra:

Cuando descanse mi cabeza en tu antebrazo

y ése no sea tu antebrazo

ni ésta mi cabeza

serás, sortija, el portal que no me saco,

la reina de una baraja

tu olvido comerá mi boca,

te habrás vuelto una canción

cadáver virgen a punto de la tierra,

en brazos de hormigas te cargaré miles de veces

 

Son casi las diez de la noche, vuelvo a casa, las calles me parecen más anchas, los tejados de los edificios son transparentes, mi vista atraviesa espacios insospechados, y de pronto respiro un  mundo tan múltiple, tan lleno de posibilidades, que casi lo puedo tocar.

Esta exposición fue organizada por Sandra Lara, Carlos Bolívar y la vocalía de Artes Plásticas del Ateneo de Málaga.

 

 

 

 

Libricidio

Por MANUEL SÁNCHEZ VICIOSO

He retomado mi vieja costumbre de montar en bicicleta casi todos los días después de que el nuevo especialista de la próstata me dijera que me haría más bien que mal el bicicletear. Así que estoy contento de que el sudor se lleve los malos rollos que me producen algunos comportamiento políticos y humanos como el que contaré.

Vi tirados en el suelo un montón de libros, que podía pertenecer a una biblioteca doméstica, en el llano propiedad de la multinacional Repsol, situado entre Sacaba Beach y la desembocadura del Guadalhorce en Málaga. Antes fue espacio para marginados sociales en chabolas, la policía local los desalojó, según el político municipal “por su bien”. El solar está sin vallar, pues el ayuntamiento no exige al dueño rico que lo cierre, o lo valle y se lo cobre a Repsol como hace con otros propietarios de solares.

El caso es que las decenas de libros, en buen uso, todos tirados, ninguno estaba erguido, mancillados a consecuencia de la decisión libricida de, supongo, su desdeñado dueño. Soplaba poniente y amenazaba terral. Sentí dolor. Algunos libros abiertos movían las hojas como alas, como queriendo volar hacia una biblioteca para salvarse del oprobio cometido, del deterioro y la muerte.

Es cierto que hoy desprenderse de libros es difícil, pocos los quieren, no sólo por la irrupción del libro on-line, sino también porque hay pocos lectores y por falta de espacio para libros. Cuando tuve que desprenderme de pocas decenas de ellos, por cambio de vivienda grande a chica, anduve errante entre bibliotecas colegiales y municipales y no logré colocar ni uno, pero no los tiré. Mi compañera tiene un amigo, que también es amigo mío que vino por los libros y se los llevó.

Juan, El Buen Librero, más que amigo de los libros es su amante, además de un lector empedernido. Juan vino a nuestra casa con su coche y se los llevó. Juan y Antoñita tienen una casa que es la Casa de los Libros, sola y exclusiva para ellos. Su Casa de los Libros no es El Cementerio de los Libros Olvidados que popularizara Carlos Ruiz Zafón en su primera novela de la tetralogía La sombra del viento que les siguió El juego del Ángel, El prisionero del cielo y El laberinto de los espíritus. Los libros en La Casa de los Libros no están olvidados, se usan.

Juan me dijo los libros los tiene en depósito, que los libros son míos y que puedo venir a verlos, a olerlos, a tocarlos y a leerlos cuando quiera.

El autor del libricidio y desahucio que me ocupa tenía otras alternativas para desprenderse de los contenedores de sabiduría antes de tirarlos que eran donarlos a la Asociación de Vecinos Torrijos de mi barrio de Huelin, que todos los años regala todos los que recoge de donaciones el día 23 de abril que es el Día del Libro en la puerta del mercado municipal de la zona. Otra opción es donarlo a la biblioteca de El Borge, en la Axarquía de Málaga, que la bibliotecaria bien sabe qué hacer con los libros que ya no pueden vivir donde vivían. También existe alguna asociación que vende los libros donados a un euro, lo recaudado lo invierte en comida para comedores sociales. Y por último podía haberlos vendido al peso en una chamarilería para ser reciclados y convertirse nuevamente en cultura o en bolsas de papel que deben sustituir a las bolsas de plástico.

 

 

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El episodio desconocido de Bertold Brecht en Málaga

Taller La Palabra Creadora

Francisco Chica dedica la sesión a José de la Calle, traductor de Brecht y amigo

La sesión versa sobre la pieza teatral Los fusiles de la señora Carrar, escrita por Bertold Brecht, estrenada con su título originario, Generàle über Bilbao —«Ge-nerales sobre Bilbao»— en París el 16 de octubre de 1937.

Brecht había tratado el tema de la madre en varias ocasiones, era un asunto capaz de movilizar a la gente y encajaba a la perfección en su concepción del teatro épico. Inició el ciclo con la adaptación al teatro de La madre de Gorki, estrenada en Berlín en 1932. En 1937 escribió Los fusiles de la señora Carrar, obra en un acto, cuyos montajes en Europa y América dieron a conocer en todo el mundo lo ocurrido en la carretera Málaga-Almería durante la huida de los republicanos. Se consagró con Madre coraje y sus hijos, tras su estreno en París en 1941 de manos de Helene Weigel, su esposa, formidable actriz e intérprete de todo su teatro. El ciclo se cerró con Antígona de Sófocles que Brecht reescribió y estrenó en 1948.

La acción transcurre en un pequeño pueblo de pescadores que auxilian en lo posible a quienes huyen de Málaga buscando un lugar donde sentirse a salvo. Brecht señala el momento de los hechos: «una noche de abril de 1937». La madre, Teresa Carrar, personaje central de la obra, se ve obligada a asumir la responsabilidad y el sostén de la familia una vez que su marido, convencido republicano, pierde la vida en el frente. Logra convencer a Juan, el hijo mayor, para que abandone el frente y sirva de sustento a la familia con lo que saque del mar, pero el menor, José, prototipo del miliciano, desea marchar a la línea de combate para vengar al padre. Teresa se opone contra viento y marea a que sus hijos corran la misma suerte que su marido. Cuando Pedro Jaqueras, obrero republicano, entra en su casa dispuesto a llevarse los fusiles que su marido tenía escondidos, ella se niega a dárselos categóricamente: «tendrás que matarme».

El asunto nos remite a la Antígona de Sófocles, una mujer angustiada que debe optar entre la obligación familiar y los dictados de su propia conciencia; convencida de que «Quien a hierro mata, a hierro muere» —frase que constituye de hecho el gran lema de la obra—, la señora Carrar confiesa: «No quiero que mis hijos sean soldados; no son reses para el matadero.»

Francisco Chica sostiene que Brecht estaba bien informado de lo ocurrido en Málaga durante la guerra, de sus detalles y de los escenarios y circunstancias en que transcurre: menciona a ‘los acaparadores’, dueños reales de las barcas que alquilaban a los pescadores y de la cosecha que sacaban del mar, implacables depredadores. Esos personajes eran los verdaderos enemigos del pueblo; de ellos dice la madre «¿Cree usted que los acaparadores no nos arrancarán la piel cuando nos hayamos deshecho de los generales?». Brecht se hace eco también de la cuestión del Comité de No Intervención en la guerra española y de la postura neutral que mantenía Inglaterra. Habla igualmente de Queipo de Llano y de sus célebres partes por radio en apoyo de los sublevados. Cita y hace resonar el lema acuñado por los republicanos ante el asedio de la capital de España —«No pasarán»—.

La obra no ahorra detalles sobre la situación que vive el país, vista desde los escenarios y la costa donde transcurren los hechos: la presencia en España del Batallón Thaelman (cantado por Emilio Prados en uno de sus poemas), las distintas posturas de todos los sectores sociales y sobre todo la miseria y el hambre de la gente.

Los bombardeos alcanzan su mayor virulencia cuando la gente que huía por la carretera de Almería, es ametrallada desde el mar y el aire —en una macabra operación conjunta de las tropas franquistas y las enviadas desde Italia por Mussolini—. Ante tanta violencia desatada, Teresa Carrar decide no participar en ella, negándose a entregar los fusiles escondidos por su marido en un lugar que sólo ella conoce. Será la opción pacifista que asume la madre la que desencadene la tragedia con la que acaba la obra haciendo que el final estalle y se precipite en un instante.

Otra idea interesante de Francisco Chica, es la aproximación o semejanza que percibe con el teatro de Lorca, sobre en sus tragedias La casa de Bernarda Alba y Bodas de sangre. Cita dos ejemplos: uno, en boca de la madre, «Nosotros no somos agitadores ni nos enfrentamos con nadie. Si fuera por vosotros, probablemente lo haríais. Tú y tu hermano sois por naturaleza irresponsables. Os viene de vuestro padre […]. Somos pobres y los pobres no pueden permitirse la guerra.»; y, dos, de acotaciones a una escena «Entran dos mujeres con las manos cruzadas. Se colocan contra la pared, y por la puerta abierta los pescadores entran, sobre una vela [de barco, como una sábana] empapada de sangre el cuerpo muerto de Juan Carrar […]. La madre permanece sentada y rígida y las mujeres rezan en voz alta».

Brecht volvió sobre la ‘Desbandá’ en Terror y miseria del tercer Reich, donde un capítulo se titula: «Se conoce en los cuarteles el bombardeo de Almería».

Algo confiere a la obra una actualidad incontestable: la persecución de unos personajes que huyen despavoridos carretera adelante en busca de un rayo de esperanza se convierte en el trágico símbolo de situaciones similares repetidas en otros escenarios hasta nuestros días. Notoria vigencia en terribles hechos actuales.

Para terminar, ideas y propuestas que vinculen al autor y a Málaga: a) Los fusiles de la señora Carrar debería incorporarse al programa teatral de Málaga como un capítulo más de su historia que no hay que olvidar, la otra cara del Paraíso que cantó Aleixandre; b) para los organizadores del Festival de Teatro de Málaga, creación de dos premios ‘Premio Bertold Brecht’ al mejor autor y ‘Premio Helene Weigel’ a la mejor actriz; y c) ya que en el callejero de Málaga abundan los nombres de escritores y artistas que nada tuvieron que ver con ella —Mozart, Plutarco, Marc Twain, Tchaikovsky, Molière, Paul Valery, Albert Camus, Virginia Wolf, Joyce y un largo etcétera—, ¿por qué no dedicarle una calle al señor Brecht que llevó a los escenarios de todo el mundo la historia de una tragedia que hay que conocer para que no se repita?

Corazón de amazona

Por VICKY MOLINA

Visita el Museo Thyssen, se toma un refresco cola y sube por calle Compañía para dirigirse a la que ya es su casa para presentar su undécimo libro de narrativa y poesía “Años de luz y niebla”, una biografía con la que pretende conjurar al olvido. María Antonia García de León es una mente en estado de rebeldía, pilar del movimiento feminista que se ha ido reinventando “desde la libertad y no desde el sometimiento”, como apunta Ivonne Sánchez Barea, Presidenta del Capítulo Español de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna Internacional, sobre este texto biográfico: “Desde los silencios de la Guerra civil se rescata a sí misma gracias a su riqueza imaginaria, mostrando la inmovilidad de la niña-mujer en contraposición con el niño-varón”.

En esta obra se encuentran algunas de las mejores páginas de toda su obra, como la propia autora reconoce: “El libro es un ajuste de cuentas conmigo misma para comprender, limpiar, perdonar. La vida en sí ya es un Safari peligroso y la melancolía es una pésima acompañante por eso me encanta la frase de la Biblia Todo lo hago nuevo”, afirma la socióloga, quien ha escrito numerosos ensayos sobre Género y Poder, específicamente sobre las mujeres élites profesionales, como Élites discriminadas, Rebeldes ilustradas, Las académicas, Herederas y heridas, Cabeza moderna/Corazón patriarcal.

De Años de Luz y Niebla (Contra la conjura del olvido), Ed. SIAL – 2018, se han escrito estas elogiosas críticas:

Beatriz Moncó, profesora de la UCM, antropóloga y escritora: “Una obra bien escrita, imaginativa, densa por momentos y casi volátil en otros. Tierna, nostálgica, combativa… una joya. Leerla ha sido un imaginarte y un recordarme. Puse la sonrisa en la primera página y no la quité hasta el final”.

Dolores Fernández Fígares, filósofa y periodista: “Me ha encantado este libro. Una prosa extraordinaria, cuidada. Una redacción excelente. Narrativamente, la obra engancha. Quieres saber qué pasa. Vivan los territorios interiores de la memoria”.

Como María Antonia García de León comenta sobre su obra, “contiene una infancia a la sombra del Antiguo Régimen (mi abuela era feudal, mi madre precapitalista, yo postmoderna). Una juventud a la Izquierda y en Feminismo, el entusiasmo por la investigación científica, la pasión por la cultura y el cine. Lo he visto todo”.

“La obra está escrita con una gran empatía hacia las mujeres que, sin duda, en muchas páginas se reconocerán, pues lleva el aliento de yo soy tú, en la difícil construcción de una identidad propia en un contexto hostil al desarrollo social de las mujeres, como fue la larga noche del franquismo”, añade.

Ahora, como aperitivo lírico, un poema de María Antonia García de León en pro de las mujeres. Pasen y lean:

EL GRAN GINECEO DEL MUNDO

Visito museos, academias, archivos, ministerios.

Ni una mujer sobre el Planeta Tierra.

Y, sin embargo, estaban allí.

No fueron solos.

Siempre hay que escribir la otra Historia,

la otra forma de habitar el Mundo.

Y, sin embargo, estaban allí.

No estaban solos.

Miento,

al fondo estaba la Mujer Bisagra,

la que colocan de forma ostentosa

entre filas de hombres encorbatados.

Es el retrato de la Tribu Humana,

firma de una feroz asimetría.

Estas cosas he visto en el Planeta Tierra.

Allí acontecen.

El pasado martes fue presentado el libro “Años de luz y niebla”, de María Antonia García de León, Profesora de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y Escritora. Presentó Ivonne Sánchez Barea, Presidenta del Capítulo Español de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna Internacional, en el Salón de Actos del Ateneo de Málaga en un acto organizado por la Vocalía de Poesía.

Ficción Power: La carbonería

 

Por ASUNCIÓN CABELLO

 

Pegando a mi casa hay una carbonería abarrotada de carbón, picón y cisco, con tanto polvo volante, que agobia a las clientas, empujándolas a salir fuera, alargar sus cuellos, respirar muy hondo. Yo miro toda esa negrura con los ojos engurruñados. Una araña grande y gorda de patas muy largas se pasea por el techo buscando rincones para tejer su tela tan espesa como mis legañas cuando me despierto. La balanza torcida, sobre el mostrador de madera vieja sin barnizar, pesa kilos y kilos de basta negrura en sacos de esparto despeluchados que llevan los niños de piernas flacas y pantalón corto, llegados de corralones tres calles más allá, tintineando calderilla en sus bolsillos remendados.

Mi madre siempre quiere que compre allí sin importarle el asco que me da la cesta de mimbre manchada de negro, ni el olor tan insoportable a polvo pegado. No le interesa para nada que los calcetines blancos de croché tejidos por mi abuela con ferocidad se pongan brunos. Ella dice que es práctico tener una carbonería tan cerca. Yo pienso en la araña gorda, ratones muy negros, cucarachas y hormigas de cabezas rojas, aunque no las vea, que pueden colarse por alguna grieta en la pared y meterse en nuestro portal hasta mi habitación y hacerme mucho daño.

Ella no me hace caso porque dice que soy embustera, fantasiosa, queriendo siempre llamar la atención; pero jamás mentiría en cosas tan feas de la tienda oscura.

El carbonero siempre sisa en el peso, se equivoca en las vueltas, nunca sonríe, masca un palillo de dientes a todas horas, huele a podrido, tiene los fondillos grises tan renegridos como el cisco que vende; su delantal lo lleva salpicado de tizne. Todo eso debe ser porque es solterón, sin mujer que le diga lo puerco que es. Además, habla torcido por el maldito palillo pillado entre sus dientes, mira de soslayo, se suena los mocos en andrajos.

Yo no quiero ir nunca, no aguanto la peste chocando contra mi falda colegial, el tufillo a orín de gatos callejeros buscando comida. Pido el carbón desde la puerta del escalón desportillado, alargando la cesta polvorienta hacia el mostrador asqueroso, soltándole las monedas en su mano sucia, retrocediendo enseguida no fuera a caerme la araña grande en la cabeza chupándome la sangre.

La bombilla tenebrosa colgando del techo baila frenética contra las paredes viscosas. En mis pensamientos profundos veo fuego de brasas achicharrando el agujero de la hornilla de mi madre. Si me quedara encerrada por mala suerte me moriría del susto pensando en el infierno del que habla el padre Sebastián.

Pasen y lean: “Las mujeres y la literatura”, de Virginia Woolf


Extracto del libro, cedido por La Dragona Editorial

“Ustedes, que vienen de una generación más joven y feliz, quizás no hayan oído hablar de ella, tal vez no sepan a lo que me refiero con «El ángel del hogar». La describiré de la forma más breve posible. Era sumamente comprensiva. Era enormemente encantadora. Era absolutamente generosa. Destacaba en el difícil arte de la vida familiar. Se sacrificaba a diario. Si había pollo, elegía el muslo; si había corriente, ahí se sentaba ella. En resumen, se conformaba hasta tal punto que nunca tenía pensamientos o deseos propios, sino que siempre prefería satisfacer los pensamientos y los deseos de los demás. Ante todo —y no tendría que decir esto—, era pura. La pureza debía ser su principal belleza, su rubor, su gran gracia. En aquella época —los últimos días de la reina Victoria— toda casa tenía su propio ángel. Y cuando empecé a escribir, lo encontré en las primeras palabras. La sombra de sus alas cayó sobre mis páginas; escuché el murmullo de sus faldas en la habitación. Me refiero a que en cuanto agarré la pluma para reseñar aquella novela de un hombre famoso, se deslizó detrás de mí y susurró: «Querida, eres una mujer joven, estás escribiendo sobre un libro escrito por un hombre. Se comprensiva, se delicada, halaga, engaña, usa todas las artes y las artimañas de tu sexo. Nunca dejes que nadie sepa que piensas por ti misma. Sobre todo, se pura». Y fue como si ella guiara mi pluma. Mencionaré ahora el único acto por el que me atribuyo méritos, aunque en realidad el mérito pertenece a una de mis excelentes antepasadas, quien me dejó una cierta cantidad de dinero —¿podríamos decir unas quinientas libras al año?—, por lo que no necesitaba depender exclusivamente de mi encanto para vivir. Me giré hacia ella y la agarré del cuello. Hice todo lo que pude para matarla. Si hubiera tenido que presentarme frente a un tribunal, mi excusa hubiera sido que actué en defensa propia. Si no la hubiera matado yo, me hubiera matado ella a mí. Me hubiera arrancado la esencia de mi escritura. Porque, en mi opinión, en cuanto pones la pluma sobre el papel, no puedes siquiera reseñar una novela sin tener ideas propias, sin expresar tu verdad sobre las relaciones humanas, la moralidad, el sexo. Y, según el ángel del hogar, las mujeres no pueden tratar todas estas cuestiones libre y abiertamente. Para tener éxito, debemos cautivar, conciliar; sin rodeos, debemos mentir. Así pues, cada vez que sentía la sombra de sus alas o el resplandor de su halo sobre mis páginas, cogía el tintero y se lo lanzaba. Era difícil de matar. Su naturaleza ficticia le era de gran ayuda. Es mucho más difícil matar a un fantasma que a una realidad. Siempre que creía haberla despachado, volvía lentamente. Aunque me halagaba a mí misma porque a fin de cuentas la había matado, la lucha era intensa; me llevó tanto tiempo que hubiera sido mejor emplearlo en aprender gramática griega, o en deambular por el mundo en busca de aventuras. Pero era una verdadera experiencia, una experiencia que, al parecer, acontecía a todas las mujeres escritoras en aquel tiempo. Matar al ángel del hogar era parte de la ocupación de una escritora”.

Más Woolf que nunca

El pasado 28 de mayo el Ateneo de Málaga acogió la presentación de ‘Las mujeres y la literatura’, de Virginia Woolf. La escritora londinense, que se sigue mostrando sin duda como un claro referente del movimiento feminista, reivindica en este libro el papel de la mujer escritora. Y un buen ejemplo de ello es esta colección de ensayos (publicada por primera vez en 1979 en su versión original, Women and writing) en la que nos ofrece una valoración única de varias escritoras como Aphra Behn, Mary Wollstonecraft, la duquesa de Newcastle, Dorothy Richardson, Charlotte Bronte, Jane Austen o Katherine Mansfield, entre muchas otras.

Como comenta la Coordinadora editorial y traductora del libro, Marta Gámez, “destacaría el hecho de que, como comenta Laura Freixas en el prólogo del libro, la faceta de Virginia Woolf de ensayista es quizás la más desconocida, y con obras como esta se demuestra su maestría en este género. Además, el hecho de que encontremos similitudes entre algunas de las afirmaciones que lanzaba Woolf en aquella época con situaciones actuales, hace que sea necesaria la difusión de este tipo de obras —tanto para la concienciación de las generaciones más jóvenes, como para poner de manifiesto la situación actual de la mujer, en general, y en mundo del arte y la cultura, en particular—“.

Como finaliza Laura Freixas en el prólogo: “A nosotras, sus herederas, nos corresponde intentar avanzar un poco más por ese camino”.

“Las mujeres y la literatura” (Virginia Woolf)
172 págs.
La Dragona Editorial (antes Miguel Gómez Ediciones)
Prólogo de Laura Freixas
Traducción de Marta Gámez y Violeta Sánchez

Sonidos al tiempo

 

Joaquín Lobato_ATENEO MALAGA

El poeta veleño Joaquín Lobato

Música para un poeta            

Por MARGARITA GARCÍA-GALÁN

Una vez más, el recuerdo de Joaquín Lobato reunía a un buen número de amigos y amantes de la cultura, en uno de los actos programados en este ‘Abril Lobatiano’ que airea la vida y la obra del poeta veleño. En el Auditorio del Museo Picasso, la música aguardaba escondida en las teclas de un piano, esperando las manos mágicas de la malagueña Paula Coronas. Música para un poeta, en un concierto homenaje a aquel que amaba el mar y el verano; que contemplaba la vida desde su celeste orilla solitaria y dibujaba corazones “en libretas usadas de melancolía”. En el corazón de Málaga, en plena judería, alrededor de una legendaria higuera de troncos retorcidos que hermosea la recoleta plaza con sus frondosas ramas abiertas, los amigos, los afectos se iban encontrando, reconociéndose a través del tiempo, siempre con el denominador común del entrañable recuerdo a Lobato. La poesía y la música, que se llevan tan bien, se vestían de largo y se daban la mano para llenar de emociones la tarde abrileña.

El escenario se llenaba de voces amigas que nos acercaban la vida y el alma sensible del poeta. Voces expertas recitaban esos versos suyos que nos pasean de su brazo por las calles de Roma. El Portafolio de Roma se abría y Paula Coronas mecía el paseo por la ciudad eterna acompañando los pasos con un nocturno que embellecía aún más el recuerdo. Oh la elegancia fragante del príncipe inventado / y este aire de esta Roma imaginada que me embriaga… Una vez más, el sentir de Joaquín se me acerca, me invade y me contagia de estampas bellas cuando aún tengo reciente un inolvidable paseo por Roma saboreando helados y oyendo la música de esas preciosas fontanas “que imaginan vuelos de mariposas”. Apoyando mi cansancio en esas barandillas con vistas a la historia y sintiendo la dureza de los adoquines de las calzadas que a Joaquín le maltrataban los pies. El virtuosismo de Paula Coronas ponía música al paisaje y sus metáforas y nos enseñaba, junto al poeta, el embrujo de una ciudad que a él le cautivó. Despedirme de Roma me cuesta una tristeza.

Una semblanza del poeta nos recordaba el “brillo inmaculado de su infancia”, sus versos, su pintura, su teatro… La Asociación de amigos de Joaquín Lobato, el departamento de Cultura del Ayuntamiento veleño, y el Ateneo de Málaga haciendo causa común en homenaje al poeta siempre cabreado con Platón; eternamente enamorado de la vida, con el que empaticé en la distancia y al que tengo en alta estima. Versos, teatro y la música de Paula Coronas, magnífica pianista a la que vimos engrandecer la Calle del Mar de un pueblo con mar, en una memorable tarde de verano donde ella y su piano brillaron entre vecinos entusiastas y turistas al sol. En el Auditorio del Museo Picasso, su homenaje a Lobato nos paseó con Albéniz por la belleza de ciudades españolas. Nos sorprendió con un precioso vals de Ocón y una espléndida farruca que bailaba entre sus manos y nos puso el alma de pie. Un lujo de concierto, en un entorno hermosísimo que mira a la Alcazaba y donde se abrazan distintas culturas. Desde su palco celeste, Joaquín Lobato estaría atento, vibrando, llorando en silencio con el piano de Paula Coronas.

En la Plaza de la Higuera caía la noche. El árbol, que se aferra con fuerza a la luz violeta de Málaga, mostraba su verde nuevo, estrenando pureza y aromas entre sonidos de pájaros nocturnos y los ecos de sentimiento de un genial piano amigo. Por el balcón casi abierto entra la noche / todo ese resplandor solemne de la ciudad a lo lejos… El ‘Nocturno’ de Joaquín se materializa en el paisaje de la ciudad vestida de noche. Después de tan hermoso homenaje, la luna de abril nos envuelve cuando volvemos a casa con el sabor agridulce de lo vivido. Henchidos de música y versos; apenados, como siempre, por la  ausencia. Allá donde esté, Lobato seguirá “erguido como siempre”, sintiendo el calor de sus amigos y el reconocimiento de su pueblo. Despedirme de tardes así me cuesta una tristeza.

*Foto retocada del archivo web de La Asociación de amigos de Joaquín Lobato

El brillo imprescindible

rafael perez estrada_Ateneo Málaga

Rafael Pérez Estrada ha sido homenajeado en el Ateneo de Málaga

 

Por MARÍA LUISA BALAGUER

En 1977 yo no conocía la calle Puerto, casi no conocía más calles que la de Vendeja, adonde llegaba cada mañana, incluidos los domingos, a rebajar las montañas de expedientes que se apilaban en un despacho demodé, con chimenea artificial y unas falsas maderas labradas con miles de capas de barniz. Algunas mañanas me cruzaba en la plaza del final de la calle con Alfonso Canales, que subía igualmente a su despacho, en el que nunca entré, y que yo imaginaba lleno de poesías, y lejos de los folios repetidos de las denuncias a la Inspección y a las Magistraturas, en las que yo quemaba mis 23 años de encendida pasión obrera y militante.

Así que no podía haber visto a Rafael Pérez Estrada en La Malagueta, salir de su casa para entrar en el Bilmore o el Itagua, sino en las escaleras del primer piso del Palacio de Justicia del Muelle de Heredia, eufemismo de aquel lúgubre edificio ennegrecido, en el que el Colegio de Abogados ocupaba dos exiguas habitaciones, una de entrada con mostrador y otra de libros, que Juan Bandera nos vendía a precios de coste.

Bajando o subiendo esa escalera, estaría Rafael, como si me hubiera visto antes, o supiera que otra niña acababa de colegiarse de abogada, con lo que no sé si se podrían contar todavía las mujeres que ejercían con los dedos de una sola mano. En ese mismo momento me invitaría a los coloquios de los viernes a mediodía, para que yo hablara del Decreto Ley del derecho de Huelga, porque él, matrimonialista, tenía curiosidad por todo. Ese primer viernes, yo ya debí sentir allí, en una sala pequeña de aquel Palacio de Justicia, la fascinación de la voz de Rafael, luego repetida mil veces en el Ateneo, entonces en la Plaza del Obispo, donde hoy se acristala una Caja de Ahorros.

“Lo que Dios ha unido solo lo separa Rafael Pérez Estrada”, pero era su conversación lo que me atraía, su brillantez al encontrarlo por la calle y reírnos a gritos, o la tarde que el Ateneo invitó a un político autonómico en el María Cristina, y la gente no cabía, y las carcajadas a las palabras de Rafael haciendo las presentaciones, se oían más allá de Carretería.

Entre las personas imprescindibles en Málaga, me faltan dos muy brillantes, que influyeron en mí, para evidenciarme la necesidad de huir de la vulgaridad, y luchar sin descanso para poder tener un mundo vivible. De una de ellas apenas puedo todavía hablar, después de más de un año de ausencia, mi querido Ricardo, jurista de impecable factura, y amigo que lloraba conmigo mis amarguras y las suyas, y siempre convertía en certezas mis dudas. De Rafael es aquella congruencia que alcanzan muy pocas personas, capaces de hacer de sí mismas la atracción por vidas nunca antes vistas en la Málaga de los setenta.

 

 

El pasado 22 de mayo, con motivo de la conmemoración del fallecimiento de Rafael Pérez Estrada, la Fundación Rafael Pérez Estrada en colaboración con el Ateneo de Málaga organizó una lectura colectiva en el salón de actos en la que participaron, entre otros: José Infante, Aurora Luque, Francisco Ruiz Noguera, Esteban Pérez Estrada, Mª José Vergara Pérez, Guillermo Busutil y Sonia Marpez.

 

 

Remedios Zafra: “El entusiasmo creativo es una muestra de libertad, es mágico encontrarse a personas con ideas”

Remedios Zafra

Por VICKY MOLINA

La profesora, escritora y teórica cordobesa Remedios Zafra (Zuheros, 1973) generosa instigadora de ideas, defensora y fan de la reflexión, profunda a poder ser, visitó el Salón de Actos del Ateneo de Málaga el viernes 20 de abril, acompañada por la Presidenta, Victoria Abón y la Vocal de Feminismo, Cristina Consuegra.

Zafra, que ensayísticamente se dedica al estudio crítico de la cultura contemporánea, la antropología, la creación y las políticas de la identidad en las redes, presentó en Málaga su libro El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital, ganador del Anagrama de Ensayo 2017.

Uno de los temas que aborda sin duda toca la fibra de todo aquel que desea hacer de su vocación creativa una profesión siendo tan fuerte la pulsión que finalmente está por encima llevarla a cabo aunque la remuneración no complete su parte del trato, por desgracia Zafra señala que esto “se ha convertido en una seña de identidad de gran parte de los trabajadores creativos y culturales contemporáneos, el pago es en sí la realización de la actividad. Se producen distintas formas de explotación pagadas con lo simbólico cuesta creer el valor cultural y económico de la práctica creativa, eso ya se ha visto y vivido en el feminismo con el trabajo doméstico de las mujeres o de las científicas invisibilizadas, la producción no estaba equiparada, no estaba considerada un empleo, el pago era afectivo, así estaba construido por el sistema patriarcal”.

Y añade “el trabajo creativo es un trabajo que ha esquivado la contratación estable, la precariedad impide crear desde la concentración, impide la investigación, la imaginación, etcétera llevando a que se produzca un apagamiento de la pasión intelectual”.

La escritora cuenta cómo una señora al final de una presentación le dijo que siguiera escribiendo pero no libros que la hicieran sentir mal, que para eso ya estaban los telediarios y es una idea que Zafra había percibido se repetía y que le llevó a reflexionar: “Está bien que existan libros que no complazcan y que sean inquietantes yo busco esa perturbación, perturbar no tiene porqué ser negativo, frente a la tentación de convertirnos en cosa tenemos que enfrentarnos a la existencia completamente asumida y para ello es necesario la lectura, el pensamiento, lo perturbador, y ser capaces de extraer de ese zarandeo lo constructivo”, explica.

Remedios Zafra Firma libros

Así Remedios Zafra se encarga de recordar la importancia de “la creatividad humana como algo transformador que el sistema se encarga de desarticular” y ofrece una lectura positiva de El entusiasmo: La libertad. “Tenemos muchas limitaciones impuestas, pocas elegidas, el entusiasmo creativo es una de esas muestras de primera elección. Es mágico encontrarse a personas con ideas”.

Zafra habla en El Entusiasmo de la precariedad vinculada a los términos velocidad, caducidad y exceso nuevos espacios para el engaño y el autoengaño “es un libro espejo para personas que se dedican al trabajo creativo y la precariedad que lo acompaña en un sistema de hiperproducción y velocidad competitiva, ansiedad productiva, autoexplotación, miedo al desempleo”.  En un mundo en red en el que ahora todos somos creadores, “antes unos escribían para muchos, ahora todos distribuimos la información, la creación, hay una saturación de voces, se invierte en un futuro que se aplaza, mientras los likes alimentan nuestra vanidad”.

“El mundo se solapa ahora en una pantalla”, dice la ensayista, y cuenta la anécdota del niño que va en el coche, mira por la ventana y mueve los dedos, los cierra y los abre sobre el cristal, intentando ampliar la visión de la vaca que ve su paso y que se aleja. “Vivimos en un mundo de velocidad y exceso no hay tiempo para la parada reflexiva, todo se deriva hacia lo emocional, no hay un diálogo, el pensamiento profundo no tiene cabida en estos tiempos. Es este un libro que pide tiempo para el pensamiento y la reflexión en ese rompecabezas en el que habitamos”.

 

Para escuchar el audio de la presentación puedes entrar aquí: https://youtu.be/cofazpGTdYE

 

Naturaleza y percepción … por Luis Bujalance

Obra de Luis Bujalance

Verano de 2008. Un hombre menudo rompe la monotonía del metro de Londres cargado de ramas de árbol. Muchas más de las que sus brazos pueden abarcar. Aquel hombre-árbol que sorprendía a los pasajeros del vagón con su curioso equipaje era el pintor Luis Bujalance (Málaga, 1967), que desde el 10 de febrero hasta el 23 de marzo expone su obra en el Ateneo de Málaga.

Paradójicamente fue en Londres donde nació la conexión con la naturaleza que caracteriza gran parte de su obra. Entre los anodinos muros de la Universidad Central Saint Martins, un edificio de ladrillo más parecido a una fábrica que a una escuela de artes, estudió la obra de Anselm Keifer y Joseph Beuys, quienes le sirvieron de referencia.

Allí hizo dos exposiciones. En la primera expuso pintura. En la segunda, ya a final de curso, se atrevió a montar su propia instalación con aquellas ramas que viajaron en el metro.

Si hay algo que destaque en su obra pictórica es la fuerza que transmite. Manchas, texturas e impredecibles combinaciones de materiales alejan al trabajo de Bujalance de la clásica pintura sobre lienzo.

No cesa en la búsqueda de nuevas posibilidades y experimenta con materiales poco habituales como el cemento o el asfalto, y los combina con elementos más comunes como impresiones digitales, fotografías o pintura acrílica. A través de esta mezcla de técnicas presenta obras sin lógica aparente, pero que se prestan a la interpretación que cada espectador quiera otorgarle en la intimidad de la contemplación.

El aparente sinsentido que habita en sus cuadros cobra un poderoso significado al entender que la naturaleza es el aglutinante que une todos sus factores. El artista lo expresa así:

“En toda mi obra subyace una relación con la naturaleza que no es casual. Mi búsqueda a través de la pintura profundiza obviando lo superficial hacia un entendimiento de la naturaleza y la esencia de todo lo que conocemos. En mi trabajo trato de mostrar cómo la naturaleza se manifiesta en todos los ámbitos. Lo que se podría entender como un deterioro de la materia, una mancha de humedad en una pared o una puerta, yo lo veo como la naturaleza retomando lo que es suyo, continuando su ciclo y venciendo así nuestro empeño por convertir el mundo en algo impoluto y ‘perfecto’. Las texturas dibujadas por el agua con partículas de asfalto sedimentadas sobre cualquier material aparecen en mis obras mostrando ese ciclo del que nada ni nadie escapa y que por ello desvela algo inherente a la existencia”.

Obra de Luis Bujalance

Su unión con la naturaleza es tan instintiva que, cuando utiliza auténticas piezas de la naturaleza para crear instalaciones, consigue que el conjunto de las ramas y los troncos que utiliza resulte un puzzle cuyas piezas encajan a la perfección, lejos del caos que refleja en sus lienzos. Una dualidad que enriquece su obra, haciéndola más interesante para el observador y revelándole un poco más de lo que se esconde tras aquel hombre cargado con ramas en el metro de Londres.

Mitchie Martín

Las Mujeres del Ateneo

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, el Ateneo de Málaga quiere poner en valor a las mujeres de su organización, que por primera vez en sus 51 años de existencia cuenta con una mujer en su presidencia y con mayoría femenina en su Junta Directiva.
Fotografías de: Lucía Rodriguez Vicario

Las mujeres del Ateneo

Manifiesto de Guillermo Busutil en contra del hotel del puerto

La Opinión de Málaga, 18.11.2017.

Buenos días a todos los que habéis venido en paz y con razones a defender el patrimonio de nuestro horizonte: azul mediterráneo, abierto y despejado bienestar del cemento que tanto nos pesa como cadáveres de la especulación y la política de la corrupción a lo largo de una Costa en la que el Sol lleva décadas enladrillado. No hemos aprendido nada de ese boom transformado en ruinas y paro, ni del tiempo que nos ha costado ganar el puerto como ciudad pública del ocio y la cultura.

Nada hemos aprendido, sobre todo algunos políticos y los que disfrazan la arquitectura, el urbanismo y el desarrollo de iconografía del progreso y la modernidad cuando en realidad se trata del viejo monopoly privado de los que hacen riqueza a costa de lo público. La demostración es el tomahawk hotelero que la Autoridad Portuaria sueña erigir en falo del turismo de cinco estrellas a pie de ola, partiendo en dos el paisaje de nuestra identidad, precisamente la que atrae la economía turística que crece en su demanda de oferta cultural, y de esa singularidad mediterránea que nos define y ennoblece.

Málaga navegante y puerto, creativa y primera en defensa de la libertad, representada en la voz de todos los que aquí, hoy y ahora, defendemos el lienzo limpio de nuestro paisaje marinero en lugar de avalar la venta del alma de la ciudad como ambicionan plantar una torre por el morro como dice el arquitecto y amigo Ángel Pérez Mora. Una agresión que rompe y contamina por arriba y por abajo, y le corre el rímel al cielo, que contribuirá a congestionar aún más el tráfico de la zona y quién sabe si a extender, cómo se intuye la operación que encubre, la oferta comercial del muelle al horizonte del dique convirtiendo ese paseo en la nueva milla de oro de Málaga. Una soberbia de Babel que nada tiene que ver con un proyecto de ciudad ni con el modelo cultural que está desarrollando ni con esa sostenibilidad del medio ambiente con la que tanto se llenan la boca nuestros políticos, especialmente la Junta, y de la que rápidamente se olvidan para darle luz verde a Plata y a su sueño del dildo turístico, aunque sea a costa de repetir informes técnicos porque al parecer resultaron negativos. Una pregunta sobre si es real o no, a la qué sumarle la de qué hubiese decidido la Junta si La Autoridad Portuaria fuese del PP. No olvidemos que la política es también un juego de salón y de máscaras. Y en este caso un ejemplo de despotismo: todo para Málaga pero sin la opinión ciudadana.

Esa ciudadanía representada por el Colegio de Arquitectos, la Academia de San Telmo, la Academia Malagueña de Ciencias, la plataforma Defendamos nuestro horizonte, Ecologistas en Acción, los grupos municipales de IU y de Málaga Ahora, periodistas, escritores, ciudadanos ilustres y un sensato geógrafo como el profesor de la UMA Matías Mérida con su detallado y, este sí, riguroso estudio, a la que los promotores del hotel descalifican y privan del valor de su voz y son tachados de carpetovetónicos.

No hagan lo mismo que en Cataluña y distingan sus autoridades entre malagueños de pro y malos malagueños. Tampoco se tomen los argumentos y reparos del pueblo ilustre como agravios personales ni se hagan mártires de la victimización. Sean gestores para todos y de verdad, sean responsables y morales, que es lo que se le exigen a los políticos y a los que administran el poder, y sean brillantes y audaces. Y también honestos porque el Hotel Catarí no es un Peine de los Vientos de Chillida, ni el Kursall de Moneo de ese mismo San Sebastián, ni el Guggenheim que transformó Bilbao. Empeñarse en las mentiras de la seducción no conduce a nada bueno, estimados políticos. Recuerden que a la lujuria económica del ladrillo y de la soberbia política le susurró negocio el diablo, y que sobre ello nos alertó el Nobel Aleixandre en un hermoso y amenazante verso: “angélica ciudad, un soplo de eternidad podrá destruirte”.

Escuchen y no hurten a la ciudad el debate público. Y dejen que sea la democracia y no las posverdades ni el dinero la que determine la salud, la belleza, la cultura, la identidad y el futuro de nuestro paisaje como bienestar, como recurso económico y como corazón público de encuentro y de disfrute. El horizonte no se vende ni se privatiza. SE AMA Y SE SUEÑA.

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De qué hablamos cuando hablamos de ‘consentir’, por Elena Álvarez Mellado

eldiario.es, 20-11-2017

Un banco es un asiento. Y también una empresa financiera. O un conjunto de peces.

Tirar significa lanzar algo. O desecharlo. Y también acarrear.

La polisemia y la ambigüedad son el pan nuestro de cada día en lengua. De hecho, la mayoría de palabras de un idioma acaparan varios significados. Y tiene sentido: al fin y al cabo, una lengua que asignase un único significado a cada palabra acumularía un repertorio de vocabulario inabarcable. Habitualmente, la polisemia no genera demasiados conflictos a los hablantes porque sabemos discernir sin mucho esfuerzo el significado con el que nuestro interlocutor está usando una palabra polisémica, ya sea a través de las palabras que la acompañan o de la situación que nos rodea. Es improbable que la frase ¡mira ese banco! se refiera a una sucursal financiera si estamos en el acuario mirando peces. Sin embargo, hay algunas palabras en las que la polisemia resulta menos evidente y las palabras se convierten en un terreno minado. El verbo consentir es una de ellas.

A priori, consentir es un verbo inofensivo que significa aprobar o aceptar algo que nos proponen y que requiere de nuestra autorización para que se lleve a cabo. Damos nuestro consentimiento en una boda, en un acuerdo, en una negociación. En ese sentido, una relación sexual consentida sería lo contrario a una violación. Pero, por algún motivo, parece que la expresión relación consentida nos resulte insuficiente y no evoque exactamente el mismo significado que relación deseada, por ejemplo. De hecho, la insatisfacción que causa el verbo consentir ha llevado a que se acuñen conceptos como consentimiento activo o consentimiento entusiasta como alternativas al aséptico y por algún motivo defectuoso consentimiento a secas. ¿Qué le pasa al verbo consentir?

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Chiquito, por Antonio Soler

Sur, 12.11.2017

Artista del hambre, hijo del pueblo y penúltimo representante del viaje a ninguna parte. Chiquito de la Calzada se coló en el corazón de una sociedad acostumbrada a lo agreste por la vía sentimental y blanca. Un hombre inofensivo, ya casi vencido por la vida al que quisimos sentar a nuestra mesa. El pobre de ‘Plácido’ que además nos traía la risa y desde una intuición iletrada le hacía cosquillas a nuestra presunta inteligencia. Producto malagueño donde los haya. Largueza, ingenio y creatividad. Todo eso añadido a la ciencia de la calle, el polvo de los caminos y la comida escasa de las malas pensiones y las peores compañías. Un compendio de todo lo que un buen padre quiere mantener lejos del alcance de sus hijos y que, al modo de los antiguos bufones, sólo sirve para hacer un paréntesis en la vida laboriosa. Un desvío.

Hombres de provecho que Chiquito, desde la Calzada de la Trinidad, sólo había alcanzado a ver de lejos. Emprendedores con andaderas, fauna protegida. Trapecistas con red. Una raza desconocida para quien desde la infancia consideró el tablao y el escenario como la cumbre más alta que nadie pudiera alcanzar jamás. Chiquito, como tantos de su estirpe, hizo de su vida entera sueño y paréntesis. Y la vida, por una vez, quiso ser justa y corresponder a su pasión. La risa de Chiquito viene del hambre, de la picaresca y del doblez. Es el surrealismo de quien no conoce la academia del lenguaje y lo inventa, del que crea imágenes insólitas y metáforas que desde el absurdo lanzan una estocada luminosa y disparatada al raciocinio, un chispazo clarividente que rompe el orden adormilado de la lógica. Es lo que hacen los artistas y es el alambre por el que con su paso sincopado siempre se movió el humor de Chiquito.

 

No era un chistoso al uso ni hizo de la boina y la garrota su gracia. Sus chistes podían ser soberanamente malos, pero eso era lo de menos porque lo que importaba era el cómo, el personaje, el espectáculo de ver a un hombre humilde escapar del naufragio. Frente al personaje cazurro estaba el ladino portuario, el fenicio que cambia arte por pan. Pocos escritores contemporáneos han incrustado en el lenguaje la mitad de palabras y expresiones que Chiquito. O las han desempolvado del remoto baúl familiar. Cambió el amor al flamenco, donde había sido un ignoto cantaor, por la parodia de los humoristas profesionales. Juergas de señoritos, madrugadas de intemperie, viajes estrafalarios sustituidos por una fama repentina y sonora. Allí donde otros habrían empezado a padecer la carcoma del fracaso, Chiquito encontró el grial tan largamente buscado. El invento fue él mismo. El filón no estaba en los lejanos escenarios de Madrid ni en las remotas casas discográficas, sino en el corazón del barrio de la Trinidad. En ese espejo al que cada mañana se asomaba un hombre humilde -y al decir de todos bueno- que se llamaba Gregorio y que ya para siempre fue Chiquito.

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Matar a Gandhi, por Txema Martín

Desde que el actor Anthony Rapp acusara a Kevin Spacey de tocamientos durante una fiesta en 1986, cuando el primero tenía 16 años de edad y el segundo 26, todo se ha torcido en la vida del protagonista de American Beauty. Señalado mundialmente como un acosador sexual, Spacey intentó desviar la atención admitiendo su homosexualidad y echando la culpa al alcohol, pero a partir de entonces han sido muchos antiguos y actuales compañeros de rodaje quienes le han señalado como un sátiro. En un impulso moral provocado por el escándalo de violaciones del productor cinematográfico Harvey Weinstein, la plataforma Netflix ha cancelado la grabación de la sexta temporada de la serie House of cards y va a volver a escribir el guión asesinando al personaje que interpreta Kevin Spacey en el primer episodio (esperemos que al menos así mejore la calidad de una serie en decadencia). Del mismo modo, el veterano director Ridley Scott volverá a grabar las secuencias de su próxima película en las que aparecía el actor, y que ahora interpretará Christopher Plummer. La vida profesional de Kevin Spacey está acabada. Y después de él van a venir muchos más.

Este tipo de reacciones de la industria puede provocar sensaciones enfrentadas. Por un lado, parece ejemplar que todo el mundo señale y denuncie el acoso y que nos plantemos frente a actitudes que no son en absoluto anecdóticas: no ha sido ninguna sorpresa conocer que en el mundo del espectáculo y en otros ámbitos profesionales -ya estén relacionados con el culto al cuerpo o no- el acoso sexual y el intercambio de favores estaban a la orden del día. Una situación de dominación jerárquica sirve a muchos y a algunas como detonante para cumplir sus fantasías a cambio de un trabajo o mediante la amenaza por perderlo. Pero por otro lado, y pasando por alto que una etiqueta en las redes sociales no parece el lugar más indicado para denunciar una violación, cabe preguntarse hasta qué punto el trabajo de un actor o las obras de un artista deben ser repudiados o quemados en la hoguera por determinados aspectos de la vida personal. Es decir, debemos aclarar si estamos dispuestos a que las circunstancias personales consigan borrar definitivamente el trabajo de algunos artistas.

Muchos referentes de la historia tienen una vida privada que para la moralidad actual sería más que discutible. Hemingway era un bruto. Picasso, un misógino. Caravaggio hoy sería acusado de pederasta. Hasta Gandhi, gran adalid del pacifismo y del respeto por los animales, ha sido señalado por varios historiadores como un racista y como un maltratador que reprimía con violencia a su mujer y a sus hijos. Seamos conscientes de que muchos líderes de la humanidad no soportarían el actual escrutinio de la opinión pública. Espero que se admita esta contradicción: es bueno que se condenen actitudes despreciables, pero también resulta lamentable que hayamos perdido la inocencia como espectadores.

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