Palabras ociosas, por Juan López Cohard

BELVEDERE 15-6-2014

PALABRAS OCIOSAS

 La española, cuando pierde, es que pierde de verdad. A la Roja del tiki-taka se le ha caído el taka y le han metido un “tako” de goles. La monárquica selección española se ha solidarizado con su Rey y también ha abdicado. Sus ociosos jugadores lo han sido tanto como las palabras utilizadas, para prometer la Constitución, por nuestros eurodiputados. Pablo Iglesias junior ha prometido acatar la Constitución hasta que los ciudadanos la cambien. Banal promesa o, lo que es lo mismo, insustancial. Todos acatamos las leyes hasta que se derogan y se sustituyen por otras. Como la vida misma. Todos acatamos los imperativos de la vida hasta que nos morimos.

Los diputados de IU y de otros partidos de izquierdas han prometido acatar la vigente Constitución como republicanos, por “imperativo legal”, o para modificarla; ocioso argumento. Yo, como hincha del Málaga, acato las leyes fiscales por ese mismo imperativo, si no, iba a pagar impuestos la señora madre del ministro Montoro. ¡A ver! Fórmulas, todas ellas, cargadas de palabras ociosas. La Carta Magna, tan magnánima que permite impasible su incumplimiento,  es tan modificable como cualquier otra ley, y debe actualizarse conforme y cuando la sociedad lo demande y lo refrende, para eso ella misma contempla los cauces adecuados.

El gran problema de España no se centra en las palabras ociosas, ni siquiera en la ociosidad que mostraron en el campo ante Holanda los jugadores de la Roja. El tremendo y terrible problema español sigue estando en el forzado ocio que practican millones de conciudadanos, a los que la falta de trabajo les ha sumido en una insoportable precariedad económica, una dramática exclusión social y una denigrante pérdida de su dignidad humana.

Pero hay quien no utiliza palabras ociosas sino, por el contrario, palabras contenciosas, anacrónicas y lesivas, como ocurre en el anteproyecto de ley sobre el aborto elaborado por el ministro de Justicia. La contestación le ha venido del movimiento FEMEN, cuando dos de sus activistas se han encadenado en topbless, en un irreverente y execrable acto, en la madrileña catedral de La Almudena. No es necesario, para manifestarse contra una ley lesiva para los derechos de la mujer, ofender a una mayoría de españoles que son creyentes. Tienen todo el territorio nacional para hacerlo sin necesidad de profanar un lugar religioso.

En mi jubilosa ociosidad, ante tanto despropósito, si hay algo que me ha alegrado este fin de semana ha sido la lectura del magnífico libro La edad de oro del boxeo, de Teodoro León Gross y Agustín Rivera, sobre las crónicas de boxeo de Manuel Alcántara. En ellas, lo prometo, como republicano y sin “imperativo legal”, no hay ni una sola palabra ociosa.

Juan López Cohard

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