Pintores en su marco: Juan Ceyles, por Antonio Abad

Juan Ceyles

Imagen Juan Ceyles

Buscar en lo escondido. Qué hay más allá. Más allá de donde nada hay. Juan Ceyles lo sabe. Coge un lápiz. Traza una raya y luego otra. Mira la invisible línea que va dejando la huella del erizo en el agua y dibuja su esquema.

Él conoce el vasto territorio de la ausencia. Lo invisible de las formas, los rigores del signo. Juega con el azar y se deja llevar por cierto nihilismo hacia las infinitas combinatorias de toda representación. El objeto no existe, nos recuerda. No existe nada en su mirada que no sea la esencialidad oculta de las cosas. El concepto tan solo. La metáfora visual. Lo imprevisible. Por eso todo lo que huye le pertenece: el viento, el humo, la velocidad.

Juan Ceyles pinta eso, no un avión sino el viaje; mejor dicho, la idea del viaje a ninguna parte. Pinta la estructura atómica del punto, la mansedumbre del color, el peso de un cabello, la sangre que destila el ruido de una sombra cualquiera. Pinta todo lo que no es que es como pintar lo inasible de un tiempo concluso. Los despojos de la luz. La música que vibra debajo del silencio. Pinta con el pensamiento como si hubiera cogido el alma de un pincel y se hubiera puesto a escribir.

Antonio Abad

 

 

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