¿Qué universidad queremos?, por Juan Antonio García Galindo

¿Qué universidad queremos?

Juan Antonio García Galindo, catedrático de la UMA

(Publicado en La Opinión de Málaga el 18/05/14).

Las recientes declaraciones del máximo responsable de Universidades de la Junta de Andalucía en el Club Antares sitúan a nuestra comunidad autónoma, a pesar del rechazo generado y de la sorpresa de las universidades públicas, en el punto de mira de una reforma que hasta ahora parecía contemplar desde lejos los planes reformistas del ministerio homólogo del PP. Las palabras del Consejero Sánchez Maldonado, reiteradas de nuevo por él mismo en Marbella, sorprenden por su coincidencia con la filosofía que anima al Ministro Wert. Al parecer, en esto de la lógica del mercado parecen encontrarse el catedrático malagueño y el pilarista Wert, quien nunca acabó de consolidar plaza en la universidad, pese a su paso por las facultades madrileñas de Ciencias de la Información y de Ciencias Económicas.

wertEl ministro de Educación, Cultura y Deporte José Ignacio Wert.

Sorprende aún más porque ambos se sitúan en la perspectiva política de dos formaciones diferentes que defienden dos formas de entender el gobierno de las cosas. O al menos eso es lo que nos han hecho creer sus dirigentes. O al menos eso es lo que creen las bases del PSOE. Nuestra democracia necesita más política y menos mercado, porque es la política la que ha decidir el modelo económico. Qué duda cabe que estamos en un sistema de mercado, pero no es el mercado el que ha de decidir las políticas. ¿Para qué sirven entonces los políticos? Si son los grandes financieros y empresarios los que marcan la política. ¿Y la universidad pública? ¿Solo ha de tener una orientación? ¿La del mercado? ¿Y su función social? ¿Ya no la tiene? ¿Es que ahora hay que dar marcha atrás a la política seguida por la Junta de Andalucía en las últimas décadas? ¿Ya no sirve el modelo de desarrollo universitario andaluz? ¿Ni su preocupación por una universidad que ha procurado mantener el equilibrio en su oferta académica, entre el saber humanístico y social, y el científico y tecnológico? ¿O acaso es posible una sociedad desarrollada sin ese equilibrio? ¿Y una sociedad democrática? Estoy convencido de que el Consejero sabrá reconducir con acierto ese desafortunado error, producido además en medio de una campaña electoral, que no ha hecho sino levantar sospechas entre un electorado socialista que anda muy confundido, y que necesita claridad de ideas y de principios en sus dirigentes. Estoy igualmente convencido de que los empresarios comprometidos con Andalucía sabrán agradecer una posición clara de los políticos, porque a fin de cuentas de lo que se trata es de sacar a flote nuestra economía con la implicación de todos los agentes sociales y económicos. Esa claridad en las ideas y en los principios es la que puede y debe llevar a la negociación entre todos los agentes implicados, pero siempre sobre las bases firmes de un modelo económico justo y solidario que no olvide a los más desfavorecidos. Y es aquí donde está mi duda. ¿Cuál es ese modelo económico? ¿Lo saben nuestros dirigentes? Tengo la impresión de que existe un divorcio entre la retórica política y la acción política. ¿Con qué propósito? ¿Electoral? Si algo agradece el ciudadano es la coherencia en estos tiempos de incoherencia. Es la honestidad y la responsabilidad de los políticos en esta época en la que abunda todo lo contrario. ¿Y dónde queda la universidad en este panorama? Resulta inadmisible una reconversión de la universidad en la dirección que se ha apuntado. Es cierto que son malos tiempos para la lírica, pero la universidad tiene potencial y capacidad para reinventarse sobre bases diferentes, en las que el equilibrio en su seno de los saberes académicos, y su transferencia al conjunto de la sociedad, permita su desarrollo armónico. Pues no solo de pan vive el hombre. Señor Consejero, querido colega, estoy también convencido de que tiene Vd. a toda la comunidad universitaria andaluza a su disposición para diseñar su futuro. Cuente con ello. Y siga defendiendo, como hasta ahora, un modelo de universidad pública que contribuya al desarrollo económico de Andalucía sin olvidar la función social que cumple. La Ley Orgánica de Universidades, en su modificación de 2007, dice que “las universidades además de un motor para el avance del conocimiento deben ser un motor para el desarrollo social y económico del país”. No lo olvide, desarrollo social y económico, y avance del conocimiento en toda su amplitud. Eso sí, en el marco de una sociedad más justa, mejor formada, y más democrática.

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