REFLEXIONES CRÍTICAS SOBRE EL TEATRO DE MANUEL ANDÚJAR POR MORALES LOMAS (I)

Lo que sigue es una primera aportación sobre el teatro del novelista, poeta, ensayista y dramaturgo giennense MANUEL ANDÚJAR, uno de los autores más conocidos de nuestro exilio junto a MAX AUB, RAMÓN J. SENDER, FRANCISCO AYALA… siempre estudiado como narrador de posguerra en todos los manuales, aunque su aportación a otros campos también es importante como destacamos en estas reflexiones. Su figura es necesario reivindicarla especialmente en estos tiempos de penuria y pobreza intelectual porque lo dio todo por un pensamiento lúcido y un compromiso ético y estético.

1. LA BIBLIOGRAFÍA TEATRAL DE MANUEL ANDÚJAR Y SU OSCURANTISMO

Manuel Andújar, seudónimo de Manuel Culebra Muñoz, ha quedado en la historia de la narrativa española contemporánea como un valioso narrador. Los manuales de la historia de la literatura así lo autorizan. Su producción en otros campos estéticos, sin embargo, no ha corrido la misma suerte. Ensayo, poesía y teatro nos hablan de un polígrafo y de un autor exigente, aunque muy consciente de que la labor creativa era única y esta división en géneros podría ser considerada como una forma de objetivar el hecho literario desde otra perspectiva. Así se lo reconocía el escritor en una carta de 6 de febrero de 1986 a Piedad Bolaños (1987: 153) que afirmaba:

Resulta difícil deslindar la dramaturgia de Manuel Andújar —objetivo de estas líneas– de sus obras narrativas El propio Andújar nos confiesa por qué se inclinó al género dramático: «Por anhelo de comunicación y manifestación que no encaja en los géneros adyacentes: la lírica estricta, la narración que requiere ambiente y ritmo holgados, el ensayo donde ha de primar y privar el pensamiento. Sospecho que a un escritor no haber abordado la cobertura y fondo teatrales podría revelarle una insuficiencia de sensibilidad, una especie de conformismo. No me refiero a los genios, claro, que se permiten el lujo de magnificar una sola vía».

Creemos que gran parte de esta desaprobación se debe a la ignorancia que existe en torno a su obra dramática o quizá se justifique por la hipótesis de la poca representación que han tenido sus obras:

¿Ha sido marcada, de alguna forma, la producción dramática de Manuel Andújar por esa falta de viabilidad de comunicación efectiva y eficaz que ofrece la puesta en escena? Será una cuestión imposible de responder cuando casi toda su producción teatral ha nacido bajo el mismo signo, lo que no implica que el autor no sienta ese vacío de ánimo que le produce la no representación, aunque no pierde nunca la esperanza, tal como se desprende de su propia confesión (Piedad Bolaños 1987: 154-155).

Y también, como han afirmado otros, a una cierta marginalidad de su obra, cuando no a una escasa representación que ha dificultado el conocimiento por el público en general. Así lo justifica Rodríguez Richart (2001: 493-494):

Si eso ha ocurrido con la novela de Andújar, su principal y más sobresaliente ocupación de escritor, mayor todavía es la ignorancia de su teatro, en parte porque ha tenido en su creación una dimensión marginal, como en el caso de otros destacados escritores, famosos en otros géneros (pienso en Pedro Salinas, Manuel Altolaguirre, Ramón José Sender, José Herrera Petere, León Felipe, José Bergamín, Paulino Masip y algunos más) pero que, por diversos motivos, han cedido a la tentación escénica.

Esa marginalidad del teatro de Andújar también se justifica por sus propias declaraciones, pues en más de una ocasión, al hablar de su teatro, lo calificó un tanto displicentemente como “merodeos teatrales o escarceos”.
Pero desde luego al hecho de que sus obras se publicaran en Méjico y, en el caso de la divulgación de Teatro de la Diputación de Jaén, no tuvo una distribución comercial adecuada. Y también por esa tendencia que existe en la sociedad española a colocar adjetivos categóricos en los escritores a los que se “crucifica” de por vida con ellos: novelista, poeta, dramaturgo… A Andújar lo tildaron de novelista y, aunque su labor fue multidisciplinar, ya quedó definitivamente marcado por esa riqueza de su novelística. Igual podemos hablar de Valle-Inclán, verbigracia, del que se ignoró siempre su poesía (algo marginal para la mayoría de los críticos) cuando realmente fue gracias a la lírica de La pipa de Kif que se adelantó a otras creaciones posteriores como el esperpento en teatro.
Paradigma de lo que decimos son los dos únicos párrafos que le dedica Ruiz Ramón en su Teatro español del siglo XX (1977: 438) en los que ensalza su calidad literaria pero su ausencia de dinámica teatral así como su silenciamiento:

Autor de espléndidas novelas (Llanura, El vencido y El destino de Lázaro) y dramaturgo silenciado en España, que en 1962 publicó tres piezas: El primer juicio final, Los aniversarios y El sueño robado.
El teatro de Andújar, de gran calidad y belleza literarias, pero –con excepción de El sueño robado- más cercano al relato dialogado y escenificado que a la construcción dinámica de la pieza teatral, es fundamentalmente un teatro de ideas, de personajes arquetípicos -«mentes que andan en vibración permanente de ideas y sentimientos que se contradicen…»-. Su lenguaje tiene una pureza, una precisión y un ritmo clásicos.

En esta línea de ausencia del panorama español teatral, pocos han sido los críticos y ensayistas que han dedicado su labor a estudiar su teatro. Merecen destacarse en este ámbito Bolaños Donoso, Rodríguez Richart, Aguilera Malta y Esteve Suárez. Este último muy recientemente en el 2012, lo que puede hacernos creer que existe un interés creciente por el mismo. Este último hacía la siguiente reflexión sobre esa ausencia pública del teatro de Manuel Andújar:

Y si además se trata de un escritor conocido fundamentalmente por su cultivo de otro género, como es el caso de Manuel Andújar, su arrinconamiento es casi absoluto salvo en momentos conmemorativos (Esteve Juárez 2012: 7).

Y algo de esta ignorancia u oscurantismo en torno a su obra ya advertía Manuel Andújar en la “Introducción” a la edición Teatro de la Diputación de Jaén donde decía lo siguiente:

Quizá encuentre este haz de piezas la curiosidad de algunos estudiosos que localizarían confirmación de mi experiencia y de un afán comunicativo que, al menos, se distingue por su propósito humanístico. Lo que confío capten las almas piadosas de valores vivos, palabra fiel y protagonísticos trances, y puntúen, como no me es dable avizorar, los signos de mi escritura en un género literario que no es el que más he cultivado (Andújar 1993: 5).

Podríamos preguntarnos finalmente si estas razones avizoran el rechazo a la misma por ausencia de calidad o inadecuación al género, de su adecuación a los tiempos que corrían en cada momento o a otras razones más espurias. No nos gustaría dar una primera respuesta en estos momentos porque se deducirá de nuestras palabras a lo largo de este estudio, pero sí queremos adelantar que la obra teatral de Andújar posee una enorme riqueza literaria, lingüística, de creación metafórica y alegórica, y, aunque en determinados momentos, podamos sentirla como de otra época en cuanto a recursos dramáticos que no son de este momento, debemos objetivar su enorme fortaleza y afirmar el hecho de que se adentra en los grandes temas que siempre han preocupado al ser humano: el compromiso, el exilio interior y exterior, la identidad, el reconocimiento y la comprensión de los demás, el peso del pasado y la memoria, la rememorización, la existencia y la construcción de lo que somos.

Andújar escribió en total doce piezas dramáticas. Ocho en el volumen Teatro (1993) , que seguimos en nuestro estudio, y el resto en épocas anteriores. En ese compendio aparecen El Director General, En la espalda, una X, Los aniversarios, El sueño robado, Aquel visitante, Objetos hallados, Todo está previsto y Al minuto. Las restantes son: Maruja, Estamos en paz (Ensayo dramático), Y después, ¡No grites! (Apunte escénico de la guerra española) y El Primer Juicio Final.
La producción dramática de Manuel Andújar comienza desde su llegada a México. A la edad de veintinueve años, en 1942, publica cuatro obras breves:
• El Director General y Maruja. Dos apuntes escénicos de la guerra española, ambas en un solo libro .
• Estamos en paz (Ensayo dramático), acompañada de Y después, ¡No grites! (Apunte escénico de la guerra española) .
De estas cuatro, en el volumen de Teatro que analizamos de Manuel Andújar, solo se publicaría una de ellas, El Director General, que desarrolla una situación breve y concreta de la España en plena guerra, enero de 1939: desde su despacho, el protagonista José, el director general, habla con el secretario que le informa de la situación calamitosa y recibe diversas visitas.
En 1958 escribe El Primer Juicio Final –tampoco aparece en el volumen Teatro- que se publicará cuatro años más tarde, en 1962, en Ediciones de Andrea , junto a las dos obras que había escrito el año anterior: Los aniversarios y El sueño robado .
Aunque en 1963 escribe Todo está previsto, no será hasta treinta años más tarde que se publique en el volumen Teatro que seguimos. Todo ello incide una vez más en la idea expresada párrafos arriba sobre un cierto abandono en su dramaturgia, acaso también inherente al propio autor. Al final de esta obra Andújar (1993: 241) realiza el siguiente apunte sobre Todo está previsto: “(Inédito. Escenarios iberaoamericanos: Caracas y Buenos Aires)”. A este respecto indica Esteve Juárez (2012: 67):

Años después, Piedad Bolaños sitúa su escritura en 1963, hay que suponer que a partir de la información proporcionada por el propio Andújar en una carta de la que cita extensos párrafos en sus dos artículos. Se trata, por tanto, de una obra que debió de dormir treinta años en las gavetas del autor hasta su publicación en 1993. Dada la escasa repercusión que tuvo este volumen, el drama carece de bibliografía específica.

Aunque había sido escrita muchos años antes, Objetos hallados se publicó por primera vez en 1985 y ocho años más tarde se reeditaría en el volumen Teatro.
Al minuto es inédita hasta su aparición en el volumen que seguimos de 1993.
En 1973 publica En la espalda una X en Papeles de Son Armadans de Palma de Mallorca, Con ella Andújar retrata de un modo un tanto esperpéntico la historia de un ex ministro, Jorge Alcaraz y su extraño amigo, el visionario Heliodoro Vesperal, en tanto espera de nuevo ser llamado por el poder.
Y, finalmente, en 1974, se publica Aquel visitante también en Palma de Mallorca, en Papeles de Son Armadans. Una obra en la que Piedad Bolaño (1987: 155-156) afirmaba que fondo y forma eran inseparables y hablaba de dos etapas diferenciadas:

Predominando en el primero de ellos el valor histórico y en el segundo el valor estético (…) Así, el primer grupo estaría formado por cuatro piezas breves, todas escritas en 1942 y, por tanto, en el exilio: El Director General, Maruja, Estamos en paz, y Y después, ¡no grites! Al segundo grupo pertenecen obras concebidas fuera y dentro de España: El Primer Juicio Final (1958), Los Aniversarios, El sueño robado (escritas antes de 1962) y Todo está previsto (1963). Una vez instalado en España compondrá el entremés Objetos hallados, la pieza Al minuto, y sus dos obras recientemente publicadas en España: En la espalda, una X (1973) y Aquel visitante (1974).

El teatro de Manuel Andújar pivota sobre el ser humano como elemento trascendental. La merma de las ilusiones, la disfuncionalidad entre el espacio vital propio y el ajeno, la falta de comprensión de la propia realidad y la inadecuación al momento histórico, la sensación de pérdida, la exhumación de la culpa, la enajenación o la locura como espacio posible, la identidad y el reconocimiento del otro, pero también incide en la temática de la caída y la cesantía, la diversidad de formas en el modo de ver el mundo y cómo una puede destruir a la otra, el concepto de moral aplicado a los jueces como dilema, y cómo una vez que la judicatura cae en manos de una idea, la sociedad acaba fermentada definitivamente. Pero también animan su teatro las disquisiciones del grupo y su conformación en aras de la potencial violencia que se genera. Hay una profunda asociación de violencia en torno a la memoria, pero también existe la visión de la colmena como colectivo frustrado en sus pretensiones vitales que viven su propia individualidad en medio del marasmo de sus vidas a las que encuentran sin salida. Se plantea la tensión y la discusión entre lo colectivo y lo individual, y el concepto de pasado en el advenimiento del discurso presente.

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