Reseña de conferencia ‘Singularidad desnuda’ de Blanca Montalvo, por Joaquina F. Montuerga

El pasado día 4 de abril, el Ateneo de Málaga en Torremolinos nos acercó al exótico arte electrónico con el propósito, en primer lugar, de darlo a conocer a un público más amplio, también de acompañarnos en ese viaje fascinante para que disfrutemos de un arte que todavía es considerado una novedad por mucha gente. No acabamos de desprendernos de esta sensación debido, probablemente, a que se trata de una actividad sujeta a renovación constante, y a que no ha acabado de llegar por completo al gran público.

La conferencia, titulada Singularidad desnuda –a la que acompañaban diversas obras de Loli Delgado, estudiante de la Facultad de Bellas Artes de Málaga, que integraban la exposición Pájaros y nubes– estuvo a cargo de Blanca Montalvo, profesora de dicha facultad. Ambas propuestas forman parte del “Ciclo Arte Nuevo 2014”, concebido como oportunidad para presentar este tipo de obras a un público distinto del de su entorno académico y acercarlas, a su vez, al mundo ateneístico.

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Confieso que no estoy nada familiarizada con esta fascinante área de la creación, tan experimental como consolidada y solvente dependiendo de la faceta que observemos, y que me acerqué a ella con altas expectativas –que, no obstante, fueron ampliamente superadas–, llena de curiosidad y con muchas ganas de dejarme sorprender.

De entre todo lo que vi y escuché, y tras descubrir un espacio diverso y original, destacaría mi convicción de las múltiples posibilidades que quedan por desarrollar y que servirán para engendrar hasta el infinito ideas nuevas que, por cierto, debería explorar a fondo cualquiera que pretenda estar al día.

La conferenciante comenzó hablando de los rasgos de novedad, exotismo y rareza que sigue caracterizando este tipo de arte, de la extrañeza que aún produce enterarse de que se puede utilizar la electrónica con este propósito, aun sabiendo que hoy día se ha convertido en elemento de uso común, completamente implantado en nuestra sociedad, y, por tanto, se trata de un instrumento más que se pone a disposición de los artistas.

La expresión singularidad desnuda, tomada de una conferencia de Heidegger, se refiere, desde un punto de vista científico, a un hipotético punto del espacio, una singularidad en el espacio-tiempo, cuya densidad es infinita pero, aún así, podría observarse desde fuera. En ese contexto, nos invitó a imaginar que formamos parte del aleph borgiano, ese punto ideal que contendría todos y cada uno de los elementos existentes. Ciertamente, la imaginación es un requisito esencial para todo el que se disponga, tanto a crear arte electrónico como a recrearse con él. Un arte que se caracteriza por contar con gran cantidad de subdivisiones y que, al haber aparecido entre las décadas 20 y 30 del siglo pasado, está mucho más desarrollado de lo que se supone comúnmente. La evolución de las máquinas, cuya complejidad es cada mayor gracias al desarrollo de ciencias como la química o la informática, ha contribuido a democratizarlas progresivamente. Cámaras fotográficas o de vídeo, proyectores, teléfonos inteligentes se han beneficiado de su combinación con la máquina que piensa, al evolucionar esta desde el primitivo ábaco, pasando por todas las etapas intermedias, hasta los ordenadores de hoy.

La poesía como salvación

Sean como sean las máquinas y los objetos que podamos crear con ellas, su uso se debe a la curiosidad, el deseo de placer o la ilusión por acceder a un mundo mágico, y posee caracteres específicos además de los heredados de otras técnicas. A estas alturas, existe una gran cantidad de proyectos no extrapolables a otros formatos.

Entre otros, el Canal Accesible, dirigido a personas con problemas de movilidad y llevado a cabo en Barcelona, que proporcionó a cada usuario un móvil con cámara para que pudiese denunciar la existencia de barreras arquitectónicas, y que contribuyó a modificar accesos, construir rampas y, en general, eliminar algunas de las barreras existentes. La misma idea se ha puesto a disposición de otras comunidades consiguiendo dar voz a quienes no la tenían.

aerte electroO El Campo de Cebada, que rehabilitó la piscina municipal de La Latina de Madrid, situada en la plaza del mismo nombre, y que el ayuntamiento ha dotado de una nueva utilidad al cederlo a los vecinos para diversos usos comunitarios. O proyectos como Visualizando Palestina e Historia natural del enigma. Todos ellos situados en una zona fronteriza que induce a polemizar sobre su naturaleza artística, pero se trata de una discusión estéril, pues lo que importa es su existencia y la posibilidad de aprovecharlos.

Entre la ciencia y el arte

Uno de los exponentes que se encuentran a medio camino entre ambas es el arte híbrido o transgénico. Consiste en combinar el material genético de especies distintas para producir ejemplares extraños, como por ejemplo, un conejo fluorescente, una petunia que contiene ADN del propio artista, o producir el pollo más bello posible a base de seleccionar caracteres genéticos de la población avícola mundial. Para poder denominar arte a estas aportaciones, es preciso contar con cierta dosis de ironía. El creador no ejerce, pongamos por caso, de granjero, su trabajo no tiene en principio, un fin utilitario, lo que desea es mostrar su obra, comunicarse con el público, abrirle los ojos a nuevas facetas de la realidad, facilitar la exploración.

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El arte sonoro ha logrado producir circuitos generadores de un texto que se convierte en sonido y viceversa en obras como Cinco variaciones de circunstancias fónicas y una pausa, de Tania Cardiani que, al cambiar de sistema y, como en cualquier traducción convencional, pierde unos contenidos y gana otros. O que sean capaces de hacer música personas sin ninguna formación musical, como la técnica denominada Frequencias, ideada por Nicolas Bernier y basada en el funcionamiento del diapasón, que da lugar a que varias estructuras colocadas en hilera se transmitan el sonido entre sí.

Una particularidad del arte electrónico consiste en la posibilidad de realizar versiones diferentes de una misma pieza. En este mismo ámbito sonoro, encontramos las piezas musicales ejecutadas con monitores de tungsteno por el japonés compositor de bandas sonoras Ei Wada. O el Data path de Ryoji Ikeda, partitura sin principio ni fin.

La Mycotectura es, como su nombre indica, una combinación de arquitectura y micología. Su creador, Phil Ross, ideó una especie de hongo de usos múltiples, pues sirve tanto para hacer té como para producir muebles o construir edificios más o menos efímeros. La perfomance Rain Room Random consiste en un espacio interactivo donde actúan unos sensores que detectan la posición del visitante para evitar que llueva en el área que ocupa. El Video mapin  consiste en proyectar imágenes en una superficie de forma que aquellas se adapten a esta, suele usarse en publicidad y algunos ayuntamientos se han servido de él para decorar espacios en época de fiestas.

Tras esta exposición teórica, se formularon preguntas relacionadas con la necesaria participación del espectador para que tenga lugar el hecho artístico. O sobre la estrecha vinculación entre los avances de la técnica y el arte, sin que lleguen a abandonarse las fórmulas anteriormente implantadas. Nos preguntamos sobre el concepto de arte y en qué lugar de la producción artística encuadramos este  tipo de obras. Aunque, aparte de clasificaciones y motivos, lo que importa es provocar la emoción del público, que este disfrute realmente de lo que está viendo.

Por su parte, la artista Loli Delgado explicó que ha desarrollado estrategias artísticas en torno al espacio, que se concretan en la obra titulada Pájaros y nubes. Partiendo de la consideración de que cualquier producto artístico además de bello debe ser útil, se le ocurrió eternizar de alguna forma a las golondrinas, un ejemplar en vías de extinción a causa del cambio climático y a pesar de su enorme antigüedad como especie. El proceso resultó catártico pero, también en este caso, el objetivo es que cale en quienes lo contemplan. Su trabajo, que ocupaba el espacio disponible, se dirige, antes que a la presencia, a la ausencia, pues la realidad –una rosa, por ejemplo– es perfecta e inimitable.

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