Roma: Un año de la vida de nadie

 

Por MARÍA LUISA BALAGUER

Roma es un campo de batalla de los sentimientos que desencadena una familia, vistos desde los márgenes de la casa que representa el servicio, una criada que sufre la soledad del abandono, y la frustración de su maternidad, pero que sorpresivamente, salva la vida de otros, a los que sirve. Lava la ropa en la tina, y reduce su vida a un patio, adonde se hacía antes la vida en las casas de familia, de las familias de antes.

La película está rodada en blanco y negro, como era la vida de finales de los sesenta en todo el mundo. Aquí, en Francia, en México.

La acción transcurre en mil novecientos setenta, que es un año de despojos. Administrar las revueltas de Francia, pero también de México, país que parecía entonces para mí fuera del mundo. Hasta muchos años después no supe de los muertos, y hasta otros muchos años, de la lucha de Elena Garro y de las delaciones y miserias que tuvieron lugar en aquel 68, que la dictadura franquista, omitía por contraria a nuestro orden público, en aquella recién estrenada ley de prensa e imprenta de 1964. La censura pasaba a liberalizarse, pero no tanto como para enseñar a nuestros estudiantes que allí mismo, un poco más arriba, se ajustaban las cuentas con el estado social, disconformes con la cuota que obreros y estudiantes habían  obtenido. Menos aún supe de la realidad de México, tan lejos de aquí, en aquel estado que acogió a todos los españoles que sobraron después de la guerra civil.

La película narra la vida aburrida, por cotidiana, que lleva una familia, donde lo más emocionante puede ser el peligro de rayar el lateral del automóvil del padre, al pasar por las estrechas paredes del aparcamiento de su casa. Durante minutos la tentación es dejarla, parece que el tiempo, en días como hoy, no se tolera tan lento. Pero en esas casas, los domingos, las criadas salen de paseo, y conocen a muchachos como Fermín, el que gustó a Cleo, y deciden no ir esa tarde al cine, y alquilar una habitación en un hotel.

Pasado ese tiempo la acción toma vida, y la crisis familiar estalla cuando el señor de la casa se ausenta y no vuelve, y esto también pasa en la película Roma. Esta es ya una película del canon de las películas de familias con hijos y señores que se aburren, y mujeres abandonadas, que sufren la soledad y los problemas de embarazos de las criadas.

En la calle, la agitación social asoma hasta las casas de las familias acomodadas. La señora acompaña a Cleo a comprar una cuna, allí hay una batalla urbana, entre estudiantes y paramilitares. Uno de ellos tiene mucha importancia para Cleo, desde el día que no fue al cine.

El grupo Los Halcones se había venido entrenando para sofocar la revuelta, en un campo al aire libre, adonde Cleo estuvo buscando a Fermín, que la despreció nada más verla.

Elena Poniatowska ha descrito con detalle lo que ocurrió aquella noche. Cincuenta años después nadie sabe de dónde salió el primer disparo, ni el número de heridos ni de muertos. Ese día cortó para el tiempo una larga lucha que se gestaba desde la década de los cincuenta, en torno a un régimen represivo y autoritario en México, las manifestaciones en torno al cumplimento de las leyes y la constitución eran constantes por parte de estudiantes.

El movimiento estudiantil de mayo del 68 en Francia contagió a México, como las protestas contra la guerra del Vietnam en EE.UU. México era la sede de los Juegos Olímpicos que se retransmitirían vía satélite a nivel mundial. Diez días antes de que empezaran tuvo lugar la represión, porque era necesario pacificar el país en esas fechas.

En 1970, fecha en que se sitúa la acción, las revueltas continúan; ya ha terminado la fiesta, los juegos olímpicos se fueron, y México quedó solo, administrando sus despojos.

Roma es mucho más que lo que les acabo de decir, es una película que no se ve solo con los ojos, sino con la fuerza de los sentimientos.

 

 

Grupo Literario Las Tardes de Atenea

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