Ser y estar, un relato de Salvador Perán

EL escritor se propuso escribir un cuento que interesara a todo el que lo leyera o lo escuchara. Un cuento que se entendiera en cualquier parte del mundo y que agradara a hombres y mujeres, a ricos y a pobres, a niños y a viejos, a creyentes y a ateos. Que se pudiera traducir sin dificultad. Que no exigiera esfuerzo ni escondiera mensajes. Después de pensarlo comenzó: en un principio un ser anterior al estar accionó el interruptor del tiempo, prendió el fuego, encendió la luz y arrancó el movimiento que animaba la vida. Luego se quitó de en medio y el mundo empezó a funcionar. El que quiera saber más que estudie y quien se conforme con esto que viva. Pero sepan todos que morirán sin comprender para qué han nacido. Nunca se sabrá el significado del dolor ni el sentido de la desigualdad.

Solo hay dos linajes en el mundo: tener y no tener, como recordó Sancho Panza. El libre albedrío abre puertas por donde escapa la justicia y entra la resignación. El escritor pensó que estaba complicando el relato, así que decidió terminar diciendo que el que mucho pregunta es porque mucho ignora y que el que lo desconoce todo no pregunta nada. Solo quiso aclarar una duda ¿qué procura más felicidad saber o no saber?

Sin proponérselo, el escritor planteó cuestiones mucho más importantes: ¿se puede ser sin estar? ¿se puede estar sin ser? ¿es Dios el que es pero que noestá? Antes del tiempo ¿se era o se estaba? porque esa es la clave: lo que encendió el tiempo ¿era o estaba? La Academia se equivoca al establecer que ser y estar son equivalentes. Si se supone que para estar se tiene antes que ser y que, por lo tanto, ser es anterior a estar ¿qué parámetro o dimensión mide lo que va de ser a estar? ¿qué ocurrió mientras era ser y no estar? Si la materia densa es ser y el tiempo estar, en el Big-Bang coincide ser con estar. De todas formas, se puede repetir

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