Sobre la conferencia de Alfredo Rubio, por Joaquina F. Montuenga

Conferencia A.Rubio

El pasado viernes tuve el privilegio de asistir a la conferencia sobre pobreza y chabolismo que se impartió en Torremolinos, con la Sala Art Gea al completo, a pesar de que el tiempo no acompañó y que el tema anunciado no era precisamente alegre. Y digo privilegio porque, cuando alguien conoce a fondo una materia, restringida a los especialistas pero que puede interesar al profano por sus implicaciones en la vida y en su forma de verla, y si, además, esa persona es capaz de transmitir lo que sabe de forma clara y amena y acompañarse de un riguroso y riquísimo material documental que refuerza de forma intuitiva lo que dicen sus palabras, asistir es un lujo y agradecer la excelencia del evento un deber.

¿Y quién es esa persona que nos ilustró tan concienzudamente? Pues, naturalmente, un erudito.

Alfredo Rubio Díaz, Doctor en Geografía, profesor de Geografía Humana en la universidad de Málaga, vinculado a los movimientos demográficos, económicos y sociales relacionados con territorio y urbanismo dentro de la provincia, artífice de la transformación de la capital en las últimas décadas –lo que no le ha impedido trabajar como investigador y docente en universidades de España y Latinoamérica– autor y colaborador de una veintena de libros sobre su especialidad, así como de numerosos artículos en revistas como Telos, Archipiélago y Baética.

Comenzó anunciando que no se conformaba con realizar una disertación, pues buscaba –y consiguió– un proceso interactivo que estimulase la crítica y hasta la emoción de los asistentes. Para conseguirlo proporcionó, además de los datos necesarios y de una extraordinaria colección de diapositivas –no solo por su abundancia, también por su condición de inéditas, su riqueza y la escrupulosa ordenación del material– pensamientos como este:

Una sociedad que no reflexiona, que no funciona como sociedad civil, tiene tantas carencias que a veces ni siquiera parece una sociedad

Las (numerosas) imágenes que nos mostró pertenecían a un documento, elaborado por Falange con el fin de solicitar beneficios para la ciudad, que apareció casualmente en un archivo y fue incluido en la obra conmemorativa del centenario de la política de Casas Baratas en Málaga. Anunció además la edición de un segundo volumen que documentará el inmenso número de chabolas existentes en esa época, 25.000 aproximadamente. El periodo que se analiza fue denominado los años del hambre por quienes tuvieron la desgracia de sufrirlo, y en él tienen lugar hechos significativos como el estraperlo o la decadencia permanente del aparato de los partidos políticos. Hay que tener en cuenta que las personas que habitaban aquellas viviendas no eran gente marginal sino emigrantes rurales que trabajaban como basureros (con carros tirados por burros), vendedores ambulantes de leche de cabra y similares. Como anotación al margen, esta dependencia de la leche y el queso daría lugar a que la fiebre de Malta, así como el tifus y otras enfermedades infecciosas, fuesen endémicas en la provincia de Málaga.

Todo este conjunto de impactantes escenas, datos escalofriantes e indiscutibles interpretaciones tenía como principal objetivo provocar la reflexión sobre el fenómeno de la pobreza: si en 1955 más de 70.000 personas residían en infraviviendas y padecían numerosas deficiencias de todo tipo, ahora, en 2014, hemos vuelto a una situación comparable. Pero parece que la amnesia general nos ha llevado a olvidar la pobreza de antaño, desde 1996 la sociedad española ha tenido la impresión de haberse vuelto próspera. No lo ha hecho ella sola, naturalmente, alguien se ha ocupado de convencerla, es un fenómeno construido por quienes se beneficiaban de esta creencia. Pero no podemos ocultar la situación actual (un 27% de españoles viviendo en el umbral de la pobreza) ya que contiene el germen de lo que ocurrirá más adelante.  

Gran parte de las construcciones que se muestran presenta la estructura de corralón: viviendas situadas alrededor de un patio central donde se ubican las instalaciones comunes. Las imágenes muestran el plano de una serie de zonas malagueñas –casi todo el oeste de la ciudad, zonas rurales y ruralizantes (huertos, moreras, vaquerías)–  así como numerosas fotos del exterior y el interior de viviendas construidas por sus propios moradores quienes, por cierto, muchas veces posan para la cámara. La expresividad de sus caras y sus ropas y lo significativo de las anotaciones del funcionario de turno hablan por sí mismos. Quien se encarga de registrar todo esto es, como digo, la falange, que desde 1935 se ocupó de dotar a la ciudad de los servicios imprescindibles. Los sectores representados son: Arroyo del Cuarto, Carretera de Cádiz, Carril de san Luis, Arroyo del Aceitero, Camino de Casa Bermeja, Cuevas de El Palo, Cuevas de las Viñas, Casillas Frente al Conde, el Ejido, Haza del Blanco, Hoyo de las Flores, las Estanqueras, la Pesebrera, la Malagueta, Guindos, los Prados, Playas de san Andrés, playa de El Palo, playa de Santa María, puente de los Morenos, san Miguel y Perchel.

El debate que se desarrolló a continuación fue extenso e intenso, se trataron asuntos tan variados como la extrapolación de esta realidad a otras zonas de Andalucía, de qué modo evolucionó la situación a lo largo de la década siguiente y después, la inexistente relación entre los vecinos de los distintos sectores, se comparó a Málaga con otros modelos de ciudad españoles y europeos, se mencionó la paradoja de  que el incremento de la riqueza puede convertir en insostenible una localidad concreta, sea por un aumento insoportable de la contaminación o por otros motivos, o bien destruir la convivencia ya que la prosperidad estimula el individualismo, se enumeraron las peculiaridades de la pobreza actual, se alertó sobre la rapidez con que se produce tanto el ascenso como la caída del nivel de vida de un grupo humano, se analizó el efecto rebote que proporciona riqueza en unos contextos a costa de la pobreza de otros, se repasó el papel de la imaginación y de la capacidad crítica en el desarrollo de un país y acabamos reconociendo la esperanza que ciertas iniciativas sociales suscitan en nosotros.

Sí, fue una sesión larga y densa, para asimilarla con tiempo.  

Joaquina F. Montuenga

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