Todos huelen mal, por Juan López Cohard

BELVEDERE 2-11-2014

En la noche de Halloween, según la tradición celta, muy arraigada en los países anglosajones, los espíritus de los muertos, brujas y seres malignos del Hades, vagan a sus anchas por la Tierra. Esta macabra fiesta se ha instalado en España eclipsando la católica festividad del Día de Todos los Santos (más o menos). Una fiesta que hace del terror y el miedo a esos seres del desconocido mundo del Averno su principal leitmotiv. Pero no es a los muertos a quienes los jovencitos de nuestro país deben tener miedo, sino a esos otros vivos, y muy vivos, que tienen en sus manos su futuro, al que están arruinando con el saqueo institucionalizado y continuado del legado que les corresponde.

Los casos de corrupción que, uno tras otro, van saliendo a la luz están poniendo de relieve que éste es un país de galopines que han cambiado sus harapos por trajes de Armani y que, sin el más mínimo pudor, han tomado los caudales públicos al asalto sin consideración ni sensibilidad ante la cada vez más precaria situación económica que sufren la mayoría de españoles. Mientras ellos, desde sus gobiernos, arramblan con el dinero de todos, establecen recortes en los servicios básicos del pueblo, desatendiendo la sanidad o la educación o las más elementales ayudas sociales para una subsistencia digna de sus ciudadanos. A éstos sí que hay que tenerles miedo y combatirlos hasta su exterminación.

Después de la última redada de bribones organizados en banda criminal para el saqueo, al frente de la cual estaba Francisco Granados, el todopoderoso ex secretario general del PP de Madrid y consejero del gobierno de la citada comunidad con Esperanza Aguirre, acompañado de un buen número de alcaldes, solo cabe preguntarse quién queda en España que no se haya engolfado en el mare magnum de la joven historia de nuestra prostituida democracia. Quizá le sea más fácil a la justicia y la policía hacer una redada de gente honrada. Son menos.

Francisco Granados, ex secretario del PP Madrid.

Tuve un profesor en mis tiempos de bachiller, Don Umberto, que había sufrido varios años de cárcel tras la Guerra por ser republicano. Entre Pitágoras, Euclides o John Nepper, nos hacía comentarios políticos, de esa política de andar por casa que da el pragmatismo de lo mucho vivido. Recuerdo que nos decía alguna que otra vez que “tranquilidad viene de tranca”. Quizá no le faltase razón y haga falta que un gobierno fuerte defienda nuestra democracia acabando a trancazos con todos los chorizos.

La imputada alcaldesa de Alicante, al ser interpelada por un concejal socialista que le decía que era una muerta política, le respondió que esa muerta olía mejor que él. No sé si mejor o peor, pero políticamente, en este país, todos los muertos, que son muy vivos, huelen mal.

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