Una ciudad con alas, por Juan López Cohard

BELVEDERE 24-5-2015

Hoy que los malagueños tenemos cita en las urnas para elegir a nuestro alcalde, le tomo prestado a Pedro Aparicio el título de uno de sus artículos en el que recordaba el veinte aniversario de la reinauguración -de la salvación a él debida- del Teatro Cervantes. Y precisamente hoy, en el Cervantes, se representa la ópera de Donizetti L´elisir d´amore y no puedo evitar que se me escape “una furtiva lágrima” con su recuerdo.

Es nuestro deber como ciudadanos acercarnos al colegio electoral que nos corresponda y depositar en la urna el sobre con la papeleta que hayamos elegido. Muchos la tendrán decidida y otros muchos, quizá los más, no sabrán cual de las siglas ofertadas meter en el sobre. Todas y cada una de ellas están llenas de fantasmas. Cada papeleta le da el voto a un partido, al posible alcalde, y a los fantasmas que moran entre ellos. Son los fantasmas de la corrupción, la ineficacia, la inexperiencia, la falacia o la simple ambición. Y, en todos los casos, el fantasma de la mentira. Porque ningún político dice, ni dirá, ni en muchos casos puede decir, la verdad. “Cuando la muerte quiera / una verdad quitar de entre sus manos / las hallará vacías” (que Cernuda me perdone).

Ayuntamiento de Málaga.

Poco o nada nos aclaran los candidatos sobre sus intenciones políticas para con la ciudad, menos aún los líderes nacionales que vienen a apoyarles pidiéndonos el voto. La excusa fundamental aducida para que se lo demos ha sido, en general, que no gane, o no vuelva a ganar, el contrario, o sea que lo único que les interesa es nuestro voto para solucionar sus problemas y no los nuestros. Lejos, muy lejos, de lo que un ciudadano consciente y formado precisa para tomar una decisión sobre su voto. Tampoco valen las generalidades prometidas o expresadas por algunos candidatos. “Quiero una ciudad horizontal y verde” le he oído decir a alguno, vaya como ejemplo, o mucho, por poner otro, y con razón, se ha hablado de la habitual suciedad en las calles de Málaga, pero ningún candidato, para solucionar el problema, ha hablado de invertir en educación ciudadana, cuando es mucho mejor y más barato para todos no ensuciar que invertir en limpieza.

Sería interminable hablar de todo lo dicho, dislates incluidos, en una campaña que no ha servido más que para convencer a los ciudadanos ya convencidos del partido que iban a votar. Por eso he comenzado con el recuerdo del que fue nuestro mejor alcalde, Pedro Aparicio. Él supo de las necesidades presentes y futuras de Málaga y pilotó la transformación de la ciudad. De ahí su histórica frase, escrita cuando inauguró el Teatro Cervantes: “Nunca más Málaga sin teatro, nunca más la ciudad sin alas”. Hoy iré a las urnas. Mi elixir del amor no será un vino de Burdeos, será un dry- martini y, secándome la furtiva lágrima, brindaré y votaré por Pedro Aparicio

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