Una conversación: Once años en treinta minutos, por Joaquina F. Montuenga

Mayo   2014

Crónica de una actividad en el Ateneo de Torremolinos

Poesía escénica musical. Violín: Luz Prado, Textos: Violeta Niebla y Luz Prado

Joaquina F. Montuenga

Todavía no es la hora, faltan veinte minutos para las ocho y ya hay corrillos delante de la puerta. Esta, sorprendentemente, se abre en cuanto la empujo, comprendo entonces que lo único que les detiene es el respeto a la intimidad de las artistas. Me cuelo dentro, avanzo con pasos inseguros. Luz está en el centro del escenario realizando ajustes de sonido, su violín es como una extensión de ella misma. Cerca de la ventana, Violeta parece repasar unos folios. Me presento, se muestran cordiales y acogedoras. En ese punto, todo son interrogantes. Deseo saber quiénes son, qué esperan conseguir con su arte, cómo definirían su espectáculo.

TorreMe explican que su proyecto se encuadra en la denominada poesía escénica. Que los sentimientos y vivencias de ambas se complementan en un perfecto ensamblaje donde sus textos –de Violeta, principalmente– y el violín de Luz dan cuerpo a una entidad diferente, a un espectáculo que busca la complicidad del espectador mediante estímulos visuales y sonoros. Palabra y  música impactando vigorosamente en nuestras sensibilidades, apelando a nuestras propias vivencias e integrándose en ellas a su vez. Pero esto no lo comprenderé del todo hasta mucho más tarde.

Torremo

Violeta es también fotógrafa. Reproduzco aquí algunas muestras de unos poemas visuales que, para ella, no se diferencian gran cosa de los otros, esos que escucharemos enseguida, los construidos a base de palabras.  Esta es su obra más personal, me cuenta, pero también busca formatos a recitales de otros grupos, como el que recientemente realizó para La Térmica. O la producción de una misa poética, trasladando el formato litúrgico a su producción lírica y la de otros: nada menos que ocho poetas recitando, acompañados de un coro de cuarenta personas pertenecientes al Orfeón Universitario. Lo que pretende, y pronto daré fe de que consigue, es hacerse entender por un público mayoritario sin necesidad de renegar de sus principios.

Sin título

La colaboración entre ambas dura ya tres años. En sus recitales, que han presentado por toda la península, Luz pone música a los textos seleccionados por la poeta, enmarcándolos, realzando significaciones, destacando algún trozo concreto, aportando a otro su enfoque particular, enfatizando o ironizando, señalando algún aspecto relevante y hasta discrepando alguna vez que otra. Según sus propias palabras, la materia prima del espectáculo que veremos no es otra que su propia relación. Esto da lugar a una simbiosis artística tan original y sincera como luminosa y entusiasta. A la salida estaremos convencidos de haber presenciado una auténtica conversación. Privada en cierto modo, concebida mediante una combinación de lenguajes, impregnada de magia, intensísima.

Abordan con ilusión este su primer proyecto guionizado y concebido como una entidad acabada y completa. No se trata, como hasta ahora, de poner música a unos cuantos poemas sueltos. Lo que van a presentarnos esta tarde posee una dirección, un objetivo y un enfoque propios. Ninguna de las dos acompaña a la otra, porque ambas andan embarcadas en un proyecto común.

Y entonces comienza la función. En ella, la protagonista absoluta es una historia a dos que, por el momento, ha abarcado algo más de una década. Violeta, acompañada por el omnipresente violín de Luz y alguna canción ocasional, narra unas veces, otras, recita poemas cortos inspirados en las viejas vanguardias. Pretende ser transgresora y lo consigue, realiza constantes guiños al público, alude a realidades que solo ella puede entender. Una a otra, van trasladándose reproches y concertando alianzas, convirtiendo el relato en sueño, seduciendo por encima de todo. Sin concesiones, valiéndose de  un sonido que, si corresponde, puede llegar a ser insidioso, que transmite serenidad cuando menos se espera, o remeda una situación vivida, o alude a algún hecho inconcreto, ambiguo, un sonido que llega a convertirse en paradójico. El diálogo adquiere velocidad por momentos, se va haciendo sarcástico, surrealista, hiriente incluso. Poco a poco, va intensificándose la calidad emotiva hasta alcanzar hábilmente un clímax que implica a todos los presentes. Se esconde en todo esto mucha ironía autobiográfica, una retranca muy particular, cierta desvergüenza, una visión poética del mundo. En definitiva, la imparable energía de dos vidas en movimiento.

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