Vacaciones, por Ángel Valencia

Cuando una parte de España está de vacaciones y la otra las anhela, contando los días que quedan hasta que llegue agosto para estarlo, alguien se ha atrevido a invocar el conjuro y desafiar el sagrado derecho al ocio anual de todos: Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid declarando, este pasado martes, que no se irá de vacaciones este verano tampoco –por tercer año consecutivo- porque, aunque considera que los días de descanso son «una cosa muy buena», cree que no tienen que ser «una obligación» sino «una opción voluntaria». También ha aclarado que no pretende ni «polemizar» ni «decirle a nadie lo que tiene que hacer ni mucho menos» y que las vacaciones son «una conquista de los trabajadores». Así, es una decisión personal, Cifuentes prefiere quedarse trabajando en Madrid, al igual que hizo los dos pasados veranos tras su investidura como presidenta. «Me gusta muchísimo mi trabajo, me gusta quedarme en Madrid en verano y me voy a quedar trabajando». Una laboriosidad de la que también habla en su cuenta de Twitter donde la presidenta de la Comunidad de Madrid comenta que trabaja 14 horas diarias, incluyendo algún fin de semana, que a veces come frente al ordenador y que duerme cuatro horas cada día.

En principio, nada que objetar a la laboriosidad de Cristina Cifuentes. El trabajo de político y, en esos niveles de responsabilidad, es un trabajo especial que no tiene horarios, exige una dedicación completa, reuniones, entrevistas, asistencias a actos públicos y a cambio se dispone de personal, de buenos sueldos, varios secretarios y coche oficial todo el día. Se trata de un trabajo con cierta flexibilidad y recursos para ello, para resolver una agenda, normalmente, exigente, inflexible y llena de imprevistos. En ese sentido, es incomparable con el trabajo común de los demás. Por tanto, nada que decir al estilo Cifuentes y a si desea, por decisión personal, quedarse a trabajar por gusto y responsabilidad en su trabajo. Va de suyo en el cargo, por otro lado, pero si lo que desea es crear un estilo propio, ahí quizá se equivoca. El estilo proclamado es lo que resulta peor. Decirlo en unas declaraciones, hablar de su dedicación laboral en las redes, no es lo apropiado. Si desea dar una imagen de presidenta dedicada a los madrileños, nada mejor que la vean trabajando los funcionarios en la sede de la Comunidad y los madrileños que se quedan en Madrid y si pretende ser ejemplo para su partido, también –al final todo se sabe-. Las vacaciones o el trabajo de su presidenta no son la clave que acercará los políticos a los ciudadanos, ni les hará olvidar la corrupción del PP en Madrid.

En cualquier caso, ante tanta ética del trabajo, no debería olvidar la presidenta de Madrid la sociedad en la que vive y quizás tener un poco de sensibilidad porque la Encuesta de Condiciones de Vida publicada por el INE hace un año muestra que no todo el mundo tiene su capacidad de elegir. Los datos de esta encuesta muestran que, en 2015, cuatro de cada diez españoles no podían permitirse ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año ni tenían capacidad para afrontar gastos imprevistos (en 2014, el 45% no podía irse de vacaciones) El 13% tenía muchas dificultades para llegar a fin de mes y el 9% se retrasaba en los pagos relacionados con su vivienda principal. Los datos indican que entonces estábamos mejor que el año anterior pero que aún nos encontrábamos en condiciones verdaderamente mejorables. Por otro lado, el 22,1% se hallaba por debajo del umbral de riesgo de pobreza, tan sólo una décima menos que en 2014. Los hogares españoles obtuvieron unos ingresos medios de 26.092 euros anuales, lo que se traduce en una bajada constante de los salarios en los últimos años. Las Comunidades más afortunadas fueron el País Vasco, Navarra y la Comunidad de Madrid y las que menos ingresos obtuvieron son las del sur de la Península: Murcia, Andalucía y Extremadura.

Hay, pues, una sociedad real que vive y trabaja a distancia de la sociedad oficial y para la que este tipo de declaraciones no puede representar gran cosa porque las vacaciones no son solo un derecho sino un ocio necesario que nos sirve, una vez al año, para hacer esas cosas valiosas que nadie retribuye. Y, por eso, preciosamente, son tan valiosas. Como nos recomendaba Fernando Savater en su artículo En defensa de la vida ociosa, hace casi un año, «Tómenselas a su modo, haciendo esas cosas tan valiosas que nadie retribuye, sea leerse las obras completas de Shakespeare, aprender a tocar la flauta dulce o mirar incansablemente el mar. No vendan ni uno solo de sus minutos y compren lo menos posible, pero sin agobios ni exageraciones. También hay cosas bonitas, aunque lo más bonito nunca sea una cosa. Váyanse, váyanse muy lejos, para lo que no necesitan siquiera salir de casa: viajen alrededor de su cuarto, como hizo Xavier de Maistre. Y a poco que puedan, háganme caso: no vuelvan jamás…». Presidenta, disfrute usted de su trabajo, y los demás de sus merecidas vacaciones. Precisamente por eso.

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