Primera obra de teatro del escritor y merecedora del Premio Nacional de Teatro Calderón de la Barca concedido el mismo año de su estreno en 1963. La obra supuso la consagración de Gala como comediógrafo y se trata, en palabras de su autor, de una tragedia que hace sonreír, una historia dramática envuelta en símbolos de la que cada espectador puede sacar sus consecuencias personales. En ella se narra la historia de un hombre que regresa al pueblo de sus abuelos para descansar en paz. Su llegada cambia la vida de la localidad, en especial al instalarse en un panteón familiar, que se convierte en un lugar por el que pulula una serie de personajes marginales.